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El Magdalena Medio piensa la paz

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El VII Encuentro Regional para la Paz, llevado a cabo en Barrancabermeja entre los días 23 y 24 de octubre, sirvió para que esta región azotada por la violencia pudiera exponer sus inquietudes y esperanzas sobre el proceso de paz que se desarrolla en La Habana. En manos del Gobierno Nacional está cumplirles a las comunidades.

El fuerte calor de Barrancabermeja aprieta como una mano invisible que no deja levantar la cabeza. Cerca de 370 personas están congregadas en Expoeventos, el nombre oficial de un auditorio de ladrillo tan gris como las historias de violencia que atraviesan al Magdalena Medio y que proporciona sombra en el mediodía santandereano.

 

Estos 370 asistentes, representan el mismo número de historias de resistencia a la violencia y a la guerra demencial que ha asolado la región. Un grupo de organizaciones sociales, articulada por la Redprodepaz, la Ruta Pacífica de las Mujeres y Pensamiento y Acción Social, ha logrado congregar a estas personas para que puedan conocer lo que se ha venido negociando en la mesa de diálogos de La Habana.

 

Esta cita es la séptima que se ha hecho desde que la iniciativa se lanzó. Es la séptima vez que un reducido equipo de activistas llega a una zona en la que el conflicto armado no es algo que se lea en los periódicos sino que es la realidad con la que deben vivir sus habitantes. Como si se tratara de una caravana de gitanos, estos activistas recorren el país para que los líderes de los procesos sociales que casi nadie conoce en esa fría y distante capital, que es Bogotá, puedan estar frente a frente con varios académicos, defensores de derechos humanos y representantes del Gobierno Nacional.

 

 

Estos encuentros, que se conocen oficialmente con el nombre de Encuentros Regionales para la Paz, llevan conocimiento y esperanza a quienes solo pueden informarse a través de los noticieros de televisión que logran llegar a regiones tan distantes como la Isla de Papayal en el sur de Bolívar. Como producto de esta información, los sesgos y malas interpretaciones sobre el proceso de paz que adelanta el Gobierno Nacional con las Farc en la capital cubana, es una constante.

 

A Barrancabermeja llegaron representantes de varios procesos sociales que entre el 23 y 24 de octubre tuvieron la disposición para que personajes de la talla de Ubencel Duque, histórico director del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, el mismo que fundara el sacerdote jesuita Francisco de Roux, otro de los invitados de honor a este encuentro, les hablaran sobre la urgencia de lograr desactivar el conflicto armado que pareciera eterno en Colombia.

 

 

La visión de De Roux es la que muchos comparten acerca de la manera en que el proceso de paz debe ser abordado: una conjunción de intereses y acciones entre el Gobierno Nacional y la población civil. Una tijera de podar en la que la cuchillas más gruesa (la base) es la ciudadanía y la más pequeña que cierra el sistema es el establecimiento. De Roux es enfático en señalar que la urgencia de una sincronía entre ambos estamentos es lo que necesita el país para que pare la guerra y se empiece a construir la paz.

 

Además, señala el sacerdote que el proceso de paz tiene cuatro problemas que pueden entorpecer su feliz término. En primer lugar, está la politización del proceso, que lo convierte en una bandera electoral y en un trampolín político. En segundo término están las velocidades a las que avanza el proceso y a las que se desarrollan los procesos en las regiones. Dos esferas que difícilmente se pueden sincronizar. El tercer problema es el futuro de los actores armados, incluyendo a la fuerza pública. El reto consiste en saber qué va a pasar con esos combatientes cuando la guerra no sea la premisa de sus vidas. El cuarto y último problema es el de la extrema derecha que se enfrenta a estos actores sociales que claman por atención para inscribirse en el engranaje estatal.

 

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Los dos días del encuentro contaron con la participación de líderes de todos los sectores que se tomaron el trabajo de pensar preguntas para hacerle a dos delegados del Alto Comisionado para la Paz y del Alto Consejero para los Derechos Humanos, Guillermo Rivera.

 

La intervención de los delegados gubernamentales y las respuestas ofrecidas a las preguntas generadas desde las organizaciones de base no dejaron satisfechos a varios que, como consideró una de las líderes de la Red de Mujeres del Magdalena Medio, “acá vienen y nos mandan a consultar en Internet lo que ya está acordado y echan un discurso que poco o nada me dice sobre las necesidades urgentes. Yo debo regresar a Yondó después de este encuentro, cómo pueden garantizarme seguridad para continuar con mi trabajo en la comunidad si la respuesta de Rivera es que le hagan llegar las preguntas a una cuenta de correo electrónico”.

 

Para Claudia Machuca de Asocab (Asociación de Campesinos del Sur de Bolívar), “los hechos son lo que se deben mostrar antes que los discursos. El problema de este proceso de paz es que solo sentaron a las Farc y no a los paramilitares que aún están en las zonas o a las grandes empresas multinacionales que también han sido victimarias. Si yo fuera Santos primero me hubiera sentado con la sociedad civil antes que con la guerrillas para saber qué es la paz en el territorio”.

 

Sin embargo, la sensación general es que a pesar de esas falencias el Encuentro es una oportunidad para encontrarse y empezar a coordinar esfuerzos que permitan buscar un camino que lleve a la construcción colectiva de la paz. Sumado a esto, la experiencia sirvió para que, como lo dijo Antonio Segura, líder campesino del corregimiento de La Gloria, “se empiece a entender lo que es el proceso de paz y se pueda empezar a pensar la manera en que las regiones se articulen a los procesos que se vienen en el posconflicto”.

 

El viernes, un día en el que un repentino aguacero refrescó el ambiente y el afán de muchos por volver a sus casas empezaba a hacer mella en la concentración para trabajar, se reunieron en mesas temáticas para discutir las propuestas concretas de la región. Las mismas que serán llevadas a la mesa de diálogos para ser consideradas por las partes.

 

Estas propuestas tienen como premisa la defensa de las comunidades en el territorio, asegurando la soberanía alimentaria, la seguridad de quienes allí habitan y articulando los proyectos productivos ya existentes a las iniciativas de desarrollo que se desprendan de un eventual acuerdo con las Farc.

 

A este respecto, Rivera señaló a Confidencial Colombia que “de llegarse a un punto muerto en los diálogos, o si éstos llegaran a romperse, el Gobierno Nacional está en la capacidad de adelantar todo lo pedido por la sociedad civil sin que medie un diálogo con las Farc”. Esta premisa gubernamental es el eje del discurso oficial que se expresa en el marco de estos encuentros;discurso que, como aseguró el representante de un consejo comunitario de negritudes presente en el encuentro, “ojalá no se queden en buenas intenciones y entiendan que en las regiones las cosas son más complejas de lo que se muestra. Ojalá entiendan allá arriba que la vida del campo es la que nosotros tenemos, que las ciudades existen pero pueda que no nos interese vivir en ellas y por eso se deben ofrecer salidas en las regiones y para las regiones. En otras palabras, el Gobierno Nacional debe untarse un poco más de barro y caminar a nuestro lado en el territorio”.

 

El día de trabajo se acabó cuando el sol se asomó entre las nubes y poco a poco Expoeventos se fue vaciando, hasta quedar un auditorio frío y gris que solo tenía un pendón que anunciaba la bienvenida al Magdalena Medio, una imagen que resume el abandono y vacío estatal del que las comunidades campesinas y negras hicieron su principal activo.

 

 

 

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