Se le apareció la Virgen al Teatro Libre

En sus 40 años cumplidos el año pasado, a la Fundación Teatro Libre se le apareció la Virgen con 300 millones de pesos tras haber ganado el primer lugar en la convocatoria de la Secretaria de Cultura, Recreación y Deportes para la adecuación de la infraestructura de escenarios artísticos de la ciudad. Desde este jueves 27 de febrero, los espectadores podrán disfrutar no solo de una  sede completamente renovada, sino de una nueva temporada en escena. 

 

La Fundación Teatro Libre dio inicio a la vigencia de la Ley de Espectáculos Públicos que pretende contribuir al mejoramiento de infraestructura de varios escenarios privados y mixtos de Bogotá . Andrea Gómez García, quien desde noviembre del 2012 se desempeña como la Directora Ejecutiva de la fundación,  habló con Confidencial Colombia sobre el estado de Teatro antes de su remodelación así como de los cambios no solo en la infraestructura sino en la programación de los espectáculos.  

 

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Confidencial Colombia: ¿En qué condiciones encuentra el teatro cuando asume el cargo de Directora Ejecutiva? 

 

Andrea Gómez: En términos generales con mucha necesidad de cambios tanto en su infraestructura física como en su forma de programar y en su forma de divulgar. 

 

Creo que el teatro si bien cumplió 40 años el año pasado, ha tenido distintos momentos administrativos y artísticos. Las épocas esplendorosas del teatro han estado perdidas en los últimos años en parte por la competencia, porque finalmente el quehacer del teatro se ha ido marcando diferencialmente de los otros; y también porque en algunas administración no ha sido tan claro cuál es en norte del teatro. 

 

C.C.: ¿Cuál es su planteamiento de cambio para el Teatro Libre? 

 

A.G.: Llego en estas circunstancias, nombrada por la junta directiva, para decir: “tratemos de replantearnos esto y poner a la fundación otra vez en un momento bueno definiendo su modelo de negocio, porque si bien hay un grupo artístico, la fundación va mucho más allá de eso”. 

 

Tenemos dos espacios, el del centro y el de Chapinero; esta el grupo, esta el Festival de Jazz que tiene 25 años y que funciona de manera distinta; y también el convenio de la universidad central que es nuestra escuela de formación.  

 

Dentro de eso vale la pena aclarar que hay otras cosas más allá de las obras que presenta el grupo y que también son importantes, pero ante lo otro hay unos cambios. 

 

C.C.: ¿Qué tanta visibilidad ha tenidos en los últimos años el Festival de Jazz del Teatro Libre respecto a Jazz al Parque? 

 

A.G.: Eso ha tenido unos picos y responde principalmente a los artistas que vengan. En algunos años el Teatro Libre administraba los recursos del Festival de Jazz al Parque entonces era algo “conjunto” y se divulgaba en una sola tanda. Eso también ha tenido variaciones y hoy en día lo que pasa es que el festival de Jazz al Parque funciona como una unidad de la Secretaria de Cultura, Recreación y Deporte, Idartes en este caso, y nosotros por nuestro lado. 

 

Parte de lo que yo hablaba en las últimas reuniones es que somos competencia.  Nosotros intentamos traer artistas del mismo nivel que traen ellos pero  cobramos la boleta porque  no nos subsidian el 100% de lo que hacemos. 

 

C.C.: ¿Cómo incrementar el aforo? 

 

A.G.: El año pasado El Festival de Jazz cumplió 25 años. Tuvimos seis conciertos con una nomina que creo, el teatro libre nunca había tenido. Tuvimos a tres Grammys, Paquito de Rivera, Gonzalo Ruvalcaba, Roberto Fonseca un pianista cubano, etc. Todos los artistas tenían unas hojas de vida increíbles y aun así no todos los conciertos estuvieron llenos. 

 

El público de Jazz al Parque y el del Festival de Jazz del Teatro es distinto. Creo que lo que hay que hacer es reforzar esa divulgación, entender quién es nuestro público y dirigirnos a ellos.  

 

C.C.: ¿Qué ha pasado en este año y medio durante su gestión?  

 

A.G.: Lo que hemos hecho es tratar de poner la casa en orden. Primero con unos ajustes administrativos, ver finalmente cómo están las cuentas y tratar de organizarlas para tener información que permita tomar decisiones más certeras.  

 

Después rediseñando la imagen corporativa y más allá de eso, ver si lo que estábamos haciendo estaba funcionando o no, tratando de tener un mismo lenguaje en todas las piezas de comunicación; rediseñando la pagina web, la estrategia de medios digitales y definiendo cómo llegarle al público; y la programación. Hoy, ya tenemos programación del año. 

 

C.C.: ¿Los recursos para estos ajustes provienen sólo de la Ley de Espectáculos? 

 

A.G.: Hemos tenido apoyo enorme de nuestros patrocinadores de siempre que es el grupo Bolívar a través de Davivienda y de Seguros Bolívar, un poco del Banco de Bogotá y del estado colombiano que mediante  la Ley de Espectáculos Públicos nos dio un impulso importante para renovar la sede 

 

C.C.: ¿Cómo es la distribución de los recursos y de quién provienen? 

 

La distribución cambia año a año y cambia según los proyectos en los que estemos. El año pasado gracias a la celebración de los 40 años y de los 25 del Festival de Jazz, tuvimos un apoyo estatal importante, también gracias a las gestiones del representante Telesforo Pedraza y a los recursos del Ministerio de Cultura. 

 

Fue un conjunto de circunstancias que nos ayudaron. Uno podría decir que en este momento en nuestra ejecución financiera estamos en que la mitad de los recursos son privados y la otra mitad son públicos. Eso varia dependiendo del proyecto. 

 

C.C.: ¿Qué cambios realizaron con el dinero de la convocatoria? 

 

A.G.: El año pasado fue el primer año de la Ley de Espectáculos Públicos. Dirían que el teatro recibió un montón de plata pero eso tampoco es tan así. 

 

Tuvimos la fortuna de ser el primer puesto de la convocatoria donde nos dieron 300 millones de pesos. Parte de  la remodelación que van a ver es esa base inicial de la convocatoria. Con los recursos privados hicimos un esfuerzo adicional y metimos unos recursos bastante grandes para poder terminar de ajustar.  

 

Hasta donde los recursos privados y lo que se genero por taquilla nos permitieron, hicimos un conjunto de adecuaciones en ambas sedes, además porque estamos tratando de cambiar el modelo de programación. Eso implica hacer proyectos innovadores en medio de lo que el teatro es. No somos un teatro comercial, no hacemos teatro solo por hacer comedia o entretener, nos interesa un tipo de teatro con ideas, que genere reflexión. 

 

A partir de eso nos inventamos unos cabarets que responden a teatro de autor y que suceden en la cafetería del teatro involucrando a la gente mientras se toma un trago. En virtud de esa apuestas, de presentarlas en Chapinero y en el centro, remodelamos las cafeterías. 

 

Empezamos en el centro haciendo estos cambios, remodelando los baños, pintando la fachada y arreglando el patio, así como cambiando las oficinas. 

 

En la sede de chapinero remodelamos las 654 sillas de la sala que tenían dificultades serias, cambiamos todo el piso de la sala, cambiamos la fachada en acrílico, deteriorada y rota, por vidrio; las puertas de entrada, el piso del lobby y de la cafetería, la iluminación de todos los acceso. Para quienes se presentan cambiamos el piso de los camerinos y el sótano tuvo una gran remodelación. Es totalmente transitable.  

 

El foso casi invadido por escenografía, se limpio y hoy en día esta asequible, reutilizamos materiales y  aprovechamos los recursos procurando dejar lo mejor posible todos los espacios. Todos los materiales que usamos responden a las normas exigidas por la Fopae, materiales anti inflamables y que conservan la acústica del teatro. 

 

Fuimos unos grandes privilegiados porque el año pasado se nos apareció la virgen. Tenemos la opción de tener una programación con tiempo, además de hacer unas apuestas de coproducción que balanceen la programación porque si bien nosotros no somos comerciales, tampoco tenemos animo de perdida.  

 

C.C.: ¿Cuánto tiempo tomo hacer estos ajustes? 

 

A.G.: Aun estamos en eso porque los últimos detalles son como de nunca acabar. Ya estamos terminando. Es un proceso que inicio a mediados del año pasado paralelamente en el centro y en la sede de Chapinero. Duramos aproximadamente cuatro meses en obra y luego finiquitando detalles. Han sido como unos seis meses.  

 

C.C.: ¿Que podrá ver el público este año? 

 

A.G.: Primero tienen que venir a ver el teatro porque es otro. Para quienes han tenido la oportunidad de acompañarnos en el último tiempo, hay una gran sorpresa de ver que esos pequeños cambios, hacen una experiencia mucho más amable para el espectador.  

 

En el centro ahora estamos en temporada estudiantil. Empezamos con coproducciones. Una con un grupo de la universidad de los Andes, “La última cinta de Krapp”. Después vamos a tener dos temporadas con  el maestro Jorge Cao, actor cubano que este año cumple 50 años de vida artística. Se presenta primero con “El Locutorio” y luego con un montaje hecho con los estudiantes de Artes Dramáticas de la Universidad Central llamada “Geppetto” 

 

Vamos a tener dos cabarets: “El pobre Bertolt Brecht” y “Las flores del mal y otras yerbas”.  Tendremos un estrenos a mediados del segundo semestre del año y finalizaremos con temporada estudiantil teniendo paralelamente el Festival de Jazz. 

 

En la sede de Chapinero retomamos temporada con “La Orestiada”, según afirma su director, Ricardo Camacho, “es probablemente la obra más importante de la historia del teatro, en el sentido de que es la madre del teatro […] Todavía es un argumento de base para mucha de la literatura, no solamente teatral, sino de la literatura en general”. 

 

Luego viene el Festival Iberoamericano de Teatro. Seguido, llegan dos temporadas al tiempo: por la noche el maestro Gustavo Lorgia  con un espectáculo de magia y fines de semana en matiné un espectáculo  oriental con una puesta en escena muy bonita  para toda la familia. 

 

Tendremos un espectáculo de circo impecable con La Ventana producciones “Saudade”. Habrá  Festival de Música de Cámara,  Festival de Jazz y vamos a terminar el año con “Las comedias de las equivocaciones” de Shakespeare. 

 

La Orestiada,  obra que por su duración, la dificultad en los diálogos y la complejidad de los personajes —se necesitan mínimo 20 actores—, es considerada una de las más exigentes de montar, abrirá temporada en la sala de Chapinero (Calle 62 No 9A – 65) del 27 de febrero al 29 de marzo.