La industria naranja

Esta semana se presentó en Bogotá una iniciativa patrocinada por el BID y realizada por la Fundación Santillana donde en un magnífico trabajo se exponían cifras  sorprendentes de la importancia de la industria del ocio y el entretenimiento en el mundo y en Colombia en particular. Columna de Jaime Polanco. Empresario, Presidente de ConfidencialColombia.com

Colombia, es un país donde todavía se debate si la cultura es de derecha o de izquierda. Los proyectos más sociales los lideran las alcaldías e instituciones más “progre” y los proyectos más representativos y mediáticos los manejan las oligarquías de siempre. En este escenario se hace difícil pensar en una verdadera industria de la cultura y el entretenimiento.

Según este informe, la industria cultural aporta al país un 3.3% del PIB cifra que demuestra el verdadero potencial de este codiciado sector. También sabemos que afecta a más de un millón de empleos y que representa la nada despreciable cifra de 20 billones de pesos en el negocio del sector.

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¿Pero cómo exprimir esta naranja?

Cansados ya de evaluar cifras de la minería,  el café o el petróleo, es bueno que nos concentremos por un momento en algunas ideas que hacen que esta industria también pueda ser socialmente respetada.

Universidades públicas y privadas, instituciones nacionales o regionales, fundaciones y otras fichas claves para el desarrollo cultural del país denuncian permanentemente el caos que significa centrar y planificar una hoja de ruta que lleve al país por el sendero del desarrollo en esta industria.

No solamente hace falta talento, porque hay y mucho, se trata de empezar por lo básico, la educación de los jóvenes que viven apartados de estos senderos de futuro, que viven inmersos en la marginalidad, en la violencia doméstica, en la guerra, con una ausencia de una educación adecuada y en muchos casos  con unas incertidumbres personales que hacen imposible su integración en la sociedad. Quizás la cultura, las artes escénicas, el cine, el teatro, la fotografía y tantas manifestaciones artísticas posibles podrían acercar a estos jóvenes a planes personales de futuro.

En el país donde la  industria de los medios está en manos de grupos de económicos determinados, donde casi todo  esta dividido como siempre a partes iguales. Dos grandes cadenas radiales, dos canales de televisión a nivel nacional, dos periódicos con distribución por casi todo el país, dos distribuidoras de cine, dos promotores musicales importantes y reconocidos a nivel regional; dos grandes editoras de libros, ¿Qué nos pasa?, ¿No hay mercado para que sobrevivan otros actores  y haya un reparto  más equitativo de la riqueza cultural?

Sólo una muestra, es el extraordinario espectáculo de música y baile Delirio  en la ciudad de Cali. Una de las muestras culturales más sofisticadas y representativas de la idiosincrasia de esta zona del país.

Con un talento a nivel de cualquier show internacional, parece escondida del gran público, representando solamente un fin de semana al mes casi con pena de existir, y debería ser uno de los  banderines de enganche de la cultura vallecaucana y del país en general.

Otra cosa no habrá, pero, manifestaciones culturales de calidad las que se quieran,  el festival de música vallenata de Valledupar, el Hay festival, el renacido festival de cine de Cartagena,  las fiestas de Palenque,  el festival  Petronio Álvarez de música del pacífico el festival llanero de Villavicencio estas y otras muestras de cultura colombiana son perfectamente desconocidas para la gran mayoría de la población por no mencionar los posibles  interesados que vengan del extranjero.

El Estado puede organizar agencias para que, en colaboración con las alcaldías y gobernaciones, provean fondos de ayuda y promoción con criterios profesionales y no con clientelismo político. Organizar una central de ventas y promoción de estos festivales ayudaría mucho  a conseguir que el público interno y en el futuro el extranjero acuda masivamente.

Colombia por su situación geográfica podría ser parada de los grandes tours de música, pero la falta de recintos adecuados hacen que los artistas más destacados sobrevuelan el territorio  nacional, pasando a otros países más preparados para ello. Claro, llegan algunos  de cuando en cuando pero a precios desorbitados  que hacen casi imposible rentabilizarlos

Mejora y recuperación de los viejos teatros y cines para impulsar y dar dinamismo a esta industria hoy todavía en fase de despegue. Fórmulas que ayuden a desarrollar nuevos talentos y no aventureros que al final del día tratan de cuadrar sus cuentas con las ayudas económicas del Estado para proyectos que no tenían ni la calidad ni la originalidad suficientes para ser exitosos.

Al final, no estamos en la revolución naranja de Ucrania, ni ante la naranja selección  holandesa  de futbol,  ni ante el naranjito del mundial de futbol de España, estamos ante la industria del futuro donde con innovación, creatividad y talento pueden desarrollar una alternativa a la clásica economía del país.