¿Destitución o manipulación?

Llama la atención escuchar los argumentos y contra argumentos que esgrimen personas informadas y formadas respecto a la grave situación del sistema constitucional  que provocó la Procuraduría al destituir e inhabilitar, y por tanto retirar los poderes al Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro. Todas y cada una de ellas alinean sus argumentos a favor o en contra en función de su ideología política o sus intereses personales. ¡Todo un espectáculo! Columna de Jaime Polanco, Presidente de Confidencial Colombia.

Llama la atención escuchar los argumentos y contra argumentos que esgrimen personas informadas y formadas respecto a la grave situación del sistema constitucional  que provocó la Procuraduría al destituir e inhabilitar, y por tanto retirar los poderes al Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro.

 

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Todas y cada una de ellas alinean sus argumentos a favor o en contra en función de su ideología política o sus intereses personales. ¡Todo un espectáculo!

 

Me recuerda lo que pasó hace años, pocos meses antes de las elecciones mexicanas que llevaron a Felipe Calderón a la presidencia de su país. En ese momento el candidato de la izquierda sobrado de votos según las encuestas y viéndose ganador, empezó a amenazar con la cárcel a determinados cacaos del ´establishment´ de ese país.

 

La reacción fue unánime e inmediata. Las cabezas de los poderes económicos juntaron fuerzas para acabar con el personaje lo antes posible. Tan claro fue aquello que gobernadores de un partido clave en el pasado de México y sin candidato viable, buscaron votos para que Calderón ganara a como diera lugar. Qué ganó, ganó pero en los tribunales y con un escándalo monumental que hizo temblar las estructuras del Estado mexicano.

 

¿Qué ha pasado aquí con el Alcalde Petro? Que ganó para sorpresa de todos, el segundo cargo más importante de la Republica. Y con intención de cambiarle el paso al ´establishment´ bogotano que alberga en sus manos el  70% del poder político, económico y mediático del país. Petro incomodó a influyentes sectores con decisiones populares que tomó, y algunas de ellas no muy acertadas, como la prohibición de las corridas de toros, y eso sí mal aconsejado. Decisiones de gestión que le hubieran llevado a tener unos índices de favorabilidad escandalosamente bajos.

 

Entonces por qué sigue teniendo una favorabilidad de cerca del 40% , muy lejos de la que tienen algunos políticos en activo en el gobierno nacional. ¿Qué más ocurrió? Quizás que intentara gobernar una ciudad ingobernable desde hace décadas con criterios políticos y no con criterios gerenciales o empresariales. Quizás reguló e hizo cambiar legislación antigua para hacer que las normas municipales fueran más justas y equitativas. Quizás hizo una ordenación territorial (POT) que perjudicaba a los personajes que siempre hicieron negocios con el gobernante de turno.

 

Quizás apresurado, desafiante, mal aconsejado y también angustiado se lanzó al tan controvertido, traído y llevado tema de las basuras. La buena idea de cambiar el esquema, bajo su percepción desde la izquierda política, fue mal ejecutada y sobretodo mal manejada ante la opinión pública. Petro dio papaya para que los instrumentos inquisicioncitas se pusieran en marcha.

 

Pero aterrizando el tema sin prejuicios ideológicos, ¿Qué significa mala gerencia, improvisación y el detrimento patrimonial en un país que está en el top de la corrupción y otros tantos indicadores que avalan la falta de gestión en los gobiernos desde hace ya muchas décadas?

 

Detrimento patrimonial ha sido no llegar a un acuerdo con la guerrilla y no haber logrado acabar de una vez para siempre con esta lacra. No tener conflicto significaría un incremento de 2% de PIB. Detrimento patrimonial es mantener el ejército más grande de América Latina con todos los juguetes bélicos que demanda una guerra.

 

Detrimento patrimonial es haber sido negligentes en la gestión territorial de archipiélago de San Andrés, con sus consecuencias futuras en cuanto a explotación de recursos energéticos y ver a los responsables mirando para otro lado y echándose la culpa como niños chicos diciendo ¨pio pio que yo no he sido¨.

 

Detrimento patrimonial es la cantidad de negocios y gestiones para el país que se dejan de hacer en las embajadas, por no preparar la política exterior estratégicamente y mandar a los amigos o enemigos públicos con el objetivo de que desde lejos dejen de molestar al Presidente de turno.

 

Detrimento patrimonial son los recursos que se asignan a las empresas amigas, las que colaboran, las que están cerca de Gobernadores y Alcaldes, las que responden a tal o cual congresista al que apoyaron en sus campañas.

 

Detrimento patrimonial,  también son los acuerdos de las empresas públicas con otros actores de la economía  privada, casi siempre los mismos, para mayor enriquecimiento de sus patrimonios, en detrimento de los que no están en esos niveles y nunca podrán disfrutar de tales dadivas.

 

Así, tantos ejemplos de los perjuicios a los ciudadanos cometidos por los políticos de turno en nombre del Estado para justificar lo injustificable y no regular de una vez para siempre los actos administrativos del país que haga que Colombia sea un país moderno, que pueda vivir en paz y progreso y que se vayan alejando de las clásicas y abusivas políticas de premiar a los amiguetes y perjudicar a quienes no lo son.

 

Por eso, lo del Alcalde Petro suena a mofa política, farsa jurídica, tomadura de pelo. Y para más despropósito, quien le condena es el mismo a  quien le responde resolver el último recurso, es decir la palabra “garantía” no aparece en el diccionario de este episodio.

 

Suena y huele a lo que es, una depuración de un personaje incomodo, elegido por los ciudadanos de Bogotá, quienes al final  son los que tienen el derecho a recriminarle sus actos políticos, de gestión y de quienes con su voto futuro aprobarán o no su ideario y sus actos administrativos.

 

Nadie en un Estado de derecho debería tener la potestad unipersonal de revocar a un político elegido por los ciudadanos por el mero hecho de ejercer bien o mal su ideario político, sus proyectos  y sus convicciones. Solo con las urnas se puede cambiar ese destino.

 

De cualquier manera es una buena oportunidad para reflexionar sobre el ejercicio del poder, de los controles al mismo, así como de las consecuencias de la prevención ideológicas que priman en el escenario colombiano. La indignación ciudadana va creciendo y va más allá de los campistas de la Plaza de Bolívar que apoyan a Petro, se siente en el ambiente la intención de darle una cachetada a la clase política tradicional y quizá no sea mala idea.