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“¿Por qué una mujer no puede llevar bigote?”

Por: Margareth Sánchez Melo

Entrevista de Beatriz Preciado, para Confidencial Colombia

Definir, siempre es limitar un poco. Para hablar de Beatriz Preciado, podría citarse su lugar de nacimiento, España, su estudios académicos como su doctorado en teoría de la arquitectura en la Universidad de Princeton, y su máster de Filosofía Contemporánea y Teoría de Género en la New School for Social Research de Nueva York e incluso, podría nombrarse su actual vinculación con la Universidad de Paris VIII, donde enseña Historia política del cuerpo y teoría de género. Sin embargo, Preciado nunca está en el lugar en el que se espera, ya que permanece en un constante ejercicio de ‘desidentificación crítica’, en el que un día se enuncia como filósofo, y después como feminista, lesbiana, transgénero o activista. 

“Yo no puedo seguir afirmándome lesbiana, porque no me considero mujer, pero en algunos contextos me afirmo como lesbiana, del mismo modo que en otros me asumo como feminista, porque socialmente se me considera y se me excluye como mujer […] soy mujer filosofa y al mismo tiempo deconstruyo la noción de mujer, que se sepa que alguien traza la historia de los subalternos, reivindico la supervivencia de las minorías dentro del pensamiento mayoritario” afirma Beatriz Preciado, a quién muchas veces le han preguntado si es hombre o mujer.

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Sin embargo, la respuesta no es tan simple, solucionarla significa cuestionar la noción de género.

“La noción de género tiene un origen muy reciente,” indica Preciado. “Tal como lo utilizamos ahora, se inventaen los años 40´s y 50´s, cuando va a ser utilizado sobre todo por el estamento médico y psiquiátrico para hablar de la posibilidad de transformar el cuerpo de los bebés intersexuales y conducirlos hacia la feminidad o masculinidad”.

“La noción con la que se venía trabajando era la de diferencia sexual. A mí lo que me interesa es que tanto la una como la otra son sistemas de conocimientos, no son realidades naturales, son epistemológicas, son conceptos que en algún momento dado permiten una gestión política de lo real”, añade Beatriz, quien también explica que estas nociones tal como se manejan el discurso jurídico o medico psiquiátrico son meramente normativas impuestas de manera violenta.

Por ello, el filósofo invita a pensar en la diferencia sexual como algo socialmente construido, para así tener una posibilidad de agencia. “Si la diferencia sexual fuera natural, fuera dada, por supuesto no habría nada que hacer”, precisa Preciado. ”Si pensamos que la diferencia sexual es un modelo de conocimiento, que ha sido inventado históricamente para legitimar la subordinación de las mujeres, entonces es posible que necesitemos cambiar esa noción”.

Para Beatriz, esa noción binaria sobre el género, también ha legitimado un sinnúmero de estructuras de poder.

“Te pongo un ejemplo, hay un momento en que la gente dice: ‘sí todo esto que dices está muy bien, pero finalmente hay vaginas, hay úteros y hay gente que no los tiene’. Si vamos a lo biológico, es posible cuestionar el carácter trascendental dado a las nociones de feminidad y masculinidad como si fueran verdades anatómicas, verdades biológicas, ya que sabemos que gran parte de lo que llamamos mujeres, solamente tienen un ovario, no tienen ninguno, no tienen útero, o no pueden procrear”, ejemplifica.

“Hoy en la ciencia, un gran número de científicos han avalado la existencia de una multiplicidad de géneros, de sexos, que no puede reducirse a lo binario. Hay unos que hablan de cinco, otros de siete, otros de n+1. Entonces tenemos que preguntarnos por qué no cambiamos de modelo conceptual, si el que tenemos no responde, no sirve para describir la realidad. La realidad ahora mismo, es que cuatro de cada mil bebés nacidos, son considerados como intersexuales, es decir que su cuerpo genética, morfológica, o hormonalmente no puede ser considerado únicamente como masculino o únicamente como femenino”, continúa Preciado.

“Lo que se está produciendo es una serie de cirugías de reasignación sexual, que son una mutilación genital. De nuevo vemos como el género no funciona sin un ejercicio repetido de normalización y violencia. En lugar de someter a cada bebé a un diagnostico clínico y un proceso de reasignación sexual, también podríamos abrir el espectro de la diferenciación de género, para aceptar más de dos”.

No obstante, esta aceptación implicaría una serie de cambios, que irían desde modificaciones al sistema educativo, hasta modificaciones espaciales, ya que como explica Beatriz, el cuerpo masculino sigue teniendo una preponderancia soberana.

Por ejemplo, de acuerdo a Preciado, el espacio público es un espacio fundamentalmente masculino.

“Cuando hablamos de la diferencia como cuerpo femenino representado como cuerpo reproductor y el masculino como trabajador, esa diferencia también está espacializada en la ciudad; de manera que el cuerpo femenino está domesticado en el sentido literal y todo lo que son movimientos femeninos fuera del espacio domestico son de alguna manera derivas que pueden ser penalizadas de una u otra forma. Como diría Virginie Despentes, penalizadas con la violación hasta con el feminicidio”, complementa.

Por ello, el activista hace un llamado para que “reflexionemos colectivamente qué ficciones políticas hemos inventado”, ya que según él, “estamos asistiendo aun sublevamiento de todos esos cuerpos que habían sido sometidos por distintos regímenes, porque estamos sometidos a una enorme cantidad de técnicas de poder que atraviesan el cuerpo. Uno puede estar al mismo tiempo en una posición de subordinada como mujer, mientras es considerado como homosexual por el discurso médico y, además, estar en una situación de colonialidad o neocoloniadad”.

Es así como Beatriz reconoce que en muchas ocasiones no es fácil imaginar una energía de transformación política. “A mí me gusta siempre pensar en las alianzas, no creo que pueda haber una práctica únicamente feminista o únicamente anticolonial, creo que es necesario una serie de alianzas somatopolíticas, de cuerpos que históricamente han estado en posiciones subalternas”, sentencia.

De esta manera, es posible mirar la sociedad de una manera anacrónica y tomar conciencia de los códigos culturales que hoy son considerados masculinos y femeninos.

“En muchas ocasiones yo llevo un bigote que es un poco mí dadaísmo queer, es mi manera de practicar con los códigos, llevándolo un poco hasta la parodia. ¿Por qué una mujer no puede llevar bigote? Este es un ejemplo de cómo la codificación de la masculinidad es no solo arbitraria, sino ridícula. Con una línea de bigotico, ya pasaste al otro lado de la frontera ¿Quién construyó esa frontera de manera tan absurda?”, se pregunta Preciado.

Beatriz aprovecha la ocasión para incentivar a cualquiera, “incluso a aquellas mujeres que han sido asignadas como mujeres por la ciencia y que de algún modo ejercen y trabajan con los códigos de la feminidad que les han sido más o menos asignados […]a que se dieran cuenta que tienen la posibilidad de creer en lo femenino de manera consciente, políticamente responsable. Yo no me pongo una falda porque soy muy femenina, sino que el vestido de algún modo recodifica la feminidad, así que invitaría a cualquiera a que viviera la experiencia de trabajar con otros códigos”.

Finalmente, el activista, afirma que “el verdadero gesto es la reapropiación de las técnicas de subjetividad, la más importante de todas, es sin duda, las técnicas de gobierno y las técnicas de inscripción producción de memoria y transformación de la realidad, probablemente la escritura y la práctica de conocimiento”.

“Tenemos que imaginarnos otras formas de relacionarnos, porque las que hemos imaginado no solamente no funcionan sino que crean violencia sistemáticamente, entonces para que continuar perpetuándolas, podemos cuestionarlas”, afirma Preciado.

“Nos han vendido un cuento de hadas, pero en realidad es una película gore, porque detrás del cuento de hadas lo que hay es una historia de represión y violencia […] por eso me interesa la guerrilla comunicativa”, añade Beatriz Preciado, quien luego explica que eso es precisamente de lo que habla cuando se refiere a régimen farmacopornográfico.“ Yo hablo de un régimen en el que los medios de comunicación, la industria farmacéutica, la industria de los alimentos, son los nuevos espacios de gestión y producción de la sexualidad, han desplazado totalmente al estado como gestor del cuerpo. Es por eso que lugares como internet son tan importantes”.