Política

La locomotora de la innovación está verde

Increíble pero cierto, Colciencias se convirtió en parte del botín burocrático de la Unidad Nacional. Ahora la ciencia y la tecnología está en manos de los pocos que quedan de la Ola Verde, y de aquí en adelante la investigación se repartirá de la misma manera como el resto de partidos se reparten otros sectores y sus instituciones. En tres años, Colciencias ha tenido cuatro directores. 

Así las cosas, se acabó la imagen de una ciencia por encima de los males políticos de esta sociedad, que es distinto a la investigación como parte de decisiones políticas para una nueva sociedad, un nuevo desarrollo y un nuevo estado con instituciones inclusivas e innovadoras.

 

La ley de regalías hizo visible a Colciencias, pero no porque la investigación haya dado un salto cualitativo en la cosmovisión de la dirigencia del país, sino porque es la instancia técnica de los billonarios recursos de la ley de regalías para ciencia y tecnología.

 

Suponiendo que personas idóneas y responsables llegan a dirigir la institución, el problema no sería aún más grave, si Colombia tuviera una política de investigación articulada a una nueva política industrial y de innovación, a una educación y salud avanzadas basadas en la independencia intelectual y en el desarrollo de una industria relacionada con la salud preventiva y de alta complejidad, pero también a capacidades nacionales de investigación y de innovación en infraestructura, innovación social, innovación del estado, a la autonomía regional y el medio ambiente, y para el desarrollo de las artes y la cultura. En otras palabras, una investigación que daría el salto del sendero de crecimiento extractivo al camino del desarrollo inclusivo con innovación.

 

Pero, la investigación tiene efecto residual en el desarrollo general del país, simplemente porque es pequeña, pequeña por los escasos recursos que ha tenido y pequeña porque no cabe más grande en la cabeza de nuestra dirigencia. Por eso, con diplomacia pero con contundencia, en la evaluación de la OCDE, Colombia fue rajada hace pocas semanas.

 

Alcanzamos a soñar quienes sabemos de la importancia de la ciencia y la tecnología en el progreso de las culturas, que a través de la locomotora de innovación la investigación había por fin ganado espacio en las políticas de Estado y en la sociedad. Pero no es así. El presidente no ha liderado esta locomotora, ni le ha dado la importancia que debe tener, porque es transversal a las demás locomotoras y a toda la economía. Todo indica que en su gobierno no hay gente convencida o idónea en la materia.

 

Los cambios en el sector de ciencia y tecnología, y los problemas que tiene, no escapan al espíritu del modelo de desarrollo y al papel marginal de la investigación en las políticas, que se refleja en la baja posición de Colombia en mediciones sobre el desarrollo, la competitividad, el conocimiento y la innovación.

 

Considerando solo una de las clasificaciones, Colombia en los últimos años merodea el mediocre puesto 68 de la competitividad internacional del Foro Económico Mundial (FEM). Entre las variables principales está la innovación que refleja las capacidades nacionales y de inversión en CyT. Colombia solo invierte, antes de las regalías, el 0.18% del PIB en investigación. Con los nuevos recursos y el prometido aumento del presupuesto de Colciencias, se llegaría a un 0.40 – 0.50% del PIB en 2014.

 

Cuando un país invierte menos del 0.50% en CyT, la investigación no tiene efecto difundido en el crecimiento, en el desarrollo y en el cambio cultural. Este se empieza a obtener cuando se alcanza el 1% del PIB, y se consolida cuando se alcanza el 2% y más.

 

Si Colombia llega en tres años al 0.50% del producto, los mayores recursos tendrán efectos reducidos en el crecimiento, en el desarrollo y en la transformación cultural, si estos no se invierten con foco estratégico como parte de una estrategia de alcanzar el 1% en el 2018 y superar el 2% del PIB en el 2026. Esos focos se obtendrían en el marco de un gran proyecto de cambio de largo plazo, que Colombia tampoco tiene.

 

Dónde están los problemas

 

Primero, en los sistemas de CyT y de competitividad e innovación. Estos están desarticulados, con eslabones sueltos, algunos débiles y faltan otros. Se requiere armonizar y profundizar las políticas de los dos sistemas para disponer de un marco adecuado de instrumentos y de reformas para mejorar la funcionalidad y la articulación de los dos sistemas. Esto toma tiempo, requiere del liderazgo presidencial, y de la consistencia, novedad y particularidad de las políticas que permita un avance general de la sociedad, es decir, de la cultura, de la economía y de las regiones, y también del estado en la conformación de instituciones inclusivas.

 

Segundo, en su institucionalidad. La CyT necesita Ministerio. Si la investigación es el puente entre educación y otras políticas de desarrollo, debe tener el mismo nivel de importancia para tener igual nivel de interlocución. Colciencias, como Departamento Administrativo, no es la fórmula, quedó mal hecho, y en eso se equivocaron los investigadores con el supuesto argumento de blindar a la ciencia de prácticas indeseables del sistema político.

 

Tercero, en su estructura centralizada. Si la CyT no tiene autonomía en las regiones, no tiene posibilidades de convertirse en un factor endógeno de desarrollo. Cundinamarca creo la Secretaría de ciencia, tecnología e innovación, primer departamento en hacerlo; y Medellín ha estructurado un ecosistema de innovación que ha emergido desde su cultura.

 

Cuarto, en la proliferación de miles de grupos de investigación. Estos han competido por pírricos recursos, es decir, por la distribución de la pobreza en investigación. Pero hay una falla sistémica perversa del mercado y de debilidad del Estado. Dado que existen tantas universidades las cuales deben acreditar programas para que sean reconocidas, proliferan los centros y grupo de investigación, la mayoría pequeños y muchos efímeros, porque están pensados para conseguir recursos y acreditación.

 

Colombia, en proporción a su número de habitantes es el país de Iberoamérica que más universidades tiene, según las primeras 1000 instituciones del ranking de universidades iberoamericanas 2012. Entonces, la proliferación de universidades privadas ha convertido la educación superior en un “negocio” y no en un servicio de calidad.

 

La reforma de educación superior está empantanada por equivocaciones en la formulación y por falta de liderazgo, que le ha dado oxígeno a la MANE. El conjunto del sistema de educación superior no es bueno, así tenga Colombia tres universidades entre las 20 mejores de América Latina, y dos entre las primeras 400 del mundo, pero sin reconocimiento en áreas de ingeniería y en ciencias naturales.

 

Quinto, en la competencia por recursos en el mercado de las consultorías. No se deslindan recursos humanos para consultoría y recursos humanos para investigación, y cuales son los puentes entre esos dos mundos. Si bien se ha elevado sustancialmente el nivel de vida de profesores e investigadores, y las universidades se han acercado a distintas realidades del país, también es cierto que al no disponer de estructuras independientes e interdependientes entre consultoría e investigación, la calidad de la investigación y de la educación se afectan, y también la calidad de las consultorías por la cantidad de proyectos que manejan profesores e investigadores.

 

Hay una

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competencia frenética por recursos con pérdida del espíritu crítico y de avances en la construcción de conocimiento propio que aporte al saber universal. Es decir, pasar de una ciencia dependiente a una ciencia interdependiente. Es hora de revisar esa estructura que se originó en otra equivocación del Consenso de Washington: hacer autosuficientes las universidades a cualquier precio. Este es un problema sistémico que involucra educación superior, CyT, fallas del mercado, y debilidad en la intervención del Estado.

 

Sexto, en la concentración de relaciones de Colciencias con las universidades. La actividad académica y su relación con la sociedad se hace con el viejo y hace rato superado modelo lineal de educación superior o modo 1 de universidad, mediante el cual la universidad forma recursos humanos y hace investigación que entrega al mercado. Entonces, Colciencias es el reducto de centros y grupos de investigación de la vieja manera de hacer ciencia pero no la plataforma para hacer investigación para el conjunto de la sociedad, de la economía y necesidades del Estado.

 

En consecuencia, la actividad científica no está relacionada con modelos avanzados de universidad de investigación y de innovación (modo 2 de universidad) mediante los cuales se genera una relación virtuosa y permanente entre formación, investigación y sociedad que origina modelos originales de Universidad – Empresa – Estado – Sociedad, a través de los cuales el conocimiento se convierte en nuevos bienes y servicios que se desarrollan con las empresas para transformar el sistema productivo, y también nuevas soluciones a necesidades de la sociedad, de las artes y la cultura, y del Estado.

 

Cuando es así, se potencia el emprendimiento, la creatividad y la innovación a través de distintos tipos de hábitats de innovación: ciudades y polos de innovación, parques científicos y tecnológicos, parques de innovación social, parques de la creatividad, parques de las ciencias sociales, los livinglabs, el nacimiento de empresas innovadoras y el desarrollo de pymes innovadoras, la propiedad intelectual, y los ecosistemas de producción, innovación y emprendimiento.

 

Séptimo, en la conformación de los sectores de talla mundial y sus efectos en la CyT. Los recursos de los ministerios para investigación son escasos. Correcto sería que Ecopetrol tenga una plataforma de investigación y desarrollo como la que tiene Petrobras para el complejo petroquímico – energético brasilero. Algo igual se debe pensar en otras actividades mineras para superar el modelo de enclave que deja recursos pero no progreso. También en salud, para desarrollar todos los eslabones de producción relacionados con un sector de salud de alta complejidad que incluye industrias de tecnología.

 

De igual manera, una estrategia nacional de sectores de bienes de capital y de bienes intermedios de nueva generación que frenen la desindustrialización y luego reindustrialicen Colombia. Así mismo, investigación relacionada con la construcción de infraestructura, sector aeronáutico, marítimo, naval, y de nuevas energías, pero también de las artes y de la cultura.

 

Estos solo son referencias de otro tipo de desarrollos promisorios que llevarían a la producción y la ciencia a niveles superiores de transformación y diversificación, pero, estos sectores mencionados no hacen parte de los sectores de talla mundial, y por tanto de la política de competitividad y de innovación. Entonces, no avanza la investigación en áreas estratégicas y no avanza la transformación de la economía y no avanza la sociedad ni el estado a nuevos niveles y visiones del futuro.

 

Octavo, en la ley de regalías que separa investigación básica de investigación aplicada. La investigación básica es la plataforma para que la investigación aplicada sea de calidad y fluya a la economía a la sociedad y al Estado. Por eso, pensar que Colciencias debe concentrarse en fomentar la investigación básica, y las regalías para investigación aplicada, es una división conceptual incorrecta, que además abre espacio a la clientelización y depreciación del conocimiento por los riesgos de intervención de la política en la distribución de los recursos y proyectos de investigación, por más que Colciencias intente hacer el mejor trabajo técnico. La relación virtuosa entre investigación básica e investigación aplicada requiere una fina labor de coordinación, conceptualización e institucionalización.

 

Resumiendo, el sistema de ciencia, tecnología e innovación está abandonado al baloto de las regalías, está desacompasado y desarticulado, que es distinto a mostrarlo en power point conceptualmente configurado. Algo parecido ocurre con el sistema de Competitividad e Innovación y su articulación con el anterior. Así las cosas, la complejidad sistémica entre educación, CyT, desarrollo productivo y necesidades estratégicas del Estado, están igualmente desacompasadas, insuficientemente articuladas y con eslabones faltantes.

 

Por lo dicho y mucho más, es difícil sostener, fortalecer e impulsar las universidades de investigación y de innovación; tener áreas del conocimiento estratégicas en donde concentrar la formación de doctores; desarrollar nuevos sectores y actividades de alto valor agregado; impulsar el emprendimiento de gran impacto; incrementar y diversificar exportaciones distintas a commodities y a manufacturas tradicionales; desarrollar más plataformas productivas e innovadoras semejantes a la que está construyendo Medellín, o a los proyectos frustrados de Innobo y de Ciudad Salud Región en Bogotá; y construir instituciones y políticas a partir de nuestras características como sociedad.

 

A Santos le vendieron los asesores de su primera campaña la idea de la innovación porque Fajardo había llevado a los Verdes un potente sistema de políticas de ciencia y de tecnología articulada a educación, desarrollo productivo, medio ambiente y desarrollo regional con equidad. Entonces, al no haber emergido como consecuencia de una racional argumentación, y porque quienes pensaron ese sistema de políticas no están en el gobierno, son las razones por las cuales la locomotora de innovación no ha madurado y por eso se conserva verde biche.

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