Nana Zuleta presenta la exposición ‘Dios También es Mujer’ en el Museo El Chicó

Para nadie es un secreto que la feminidad en las deidades han sido ocultadas históricamente en las religiones que pululan en América Latina. Debido a esa ausencia nació la exposición ‘Dios También es Mujer’ de la artista Nana Zuleta.

Diosas del cielo, agua, tierra y felinas, nos invitan a descubrir figuras femeninas que han sido muy importantes para muchas culturas y de las que poco se habla en la cotidianidad. Descubrir que figuras como Yemayá, Ixche, Laka, Oshun, Mapalina o la misma Virgen de Guadalupe merecen un lugar en la feminidad sagrada es importante para ayudar a derribar un poco la mirada patriarcal que se gesta en el mundo por medio de las distintas religiones.

La obra se centra en distintas creencias de los aztecas, yorubas, cristianos, embera y varias figuras mitológicas. La técnica usada en cada cuadro es acrílico sobre lienzo. La exposición estará disponible desde el pasado 5 de marzo hasta el 29 del mismo mes en el Museo El Chicó.

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Nana Zuleta es artista plástica y psicóloga de la Universidad Javeriana. Hizo su posgrado en Medios y Tecnologías para la Producción Pictórica en Buenos Aires y la identifica su estilo con múltiples contrastes y colores saturados que se remiten a íconos populares, deidades, parejas y la naturaleza. Confidencial Colombia habló con ella sobre su nueva exposición.

Obra: ‘Madre Tierra” – Cortesía

Confidencial Colombia: ¿Qué significa para usted la espiritualidad?

Nana Zuleta: Para mí la espiritualidad es la conexión con lo sagrado, con nuestra parte mágica. También conectarnos con la certeza de que todos somos seres de luz porque somos y estamos conectados con un campo que podría ser llamado el campo cuántico. Que cada uno tenemos un ser de luz que puede ser el alma y que está conectado con una fuente ilimitada.

C.C.: ¿Podría decirse que la conexión con esa fuente ilimitada está en otra dimensión?

N.Z.: Somos seres espirituales habitando en una experiencia física. Tenemos una fuerza creativa y venimos de ahí de algo que podría llamarse la luz pura, eso sería la espiritualidad para mí, la conciencia de nuestra divinidad. A partir de ahí, esa divinidad tiene que ver con conectarse con lo más real.

“Para mí, parte de lo que hace que miremos el mundo con esa mirada tan patriarcal es nuestra teología tan monoteísta”

C.C.: ¿Qué fue lo que la inspiró para crear ‘Dios también es mujer’?

N.Z.: Yo siempre he venido trabajando la divinidad femenina sagrada, porque para mí, parte de lo que hace que miremos el mundo con esa mirada tan patriarcal es nuestra teología tan monoteísta. Me parece que las religiones monoteístas han hecho en el mundo que los seres humanos tengan una mirada tan patriarcal. Podría decirse que las religiones politeístas permiten una mirada más amplia, menos dogmática y menos eso de que sólo hay un Dios padre todopoderoso creador del cielo y la tierra…  No conozco la religión musulmana ni la judía, pero esa idea tan dogmática de que Dios es uno solo y hombre para mí siempre ha sido muy conflictiva, porque la creación tiene que tener siempre dos polaridades para que exista lo femenino y lo masculino. Para que exista algo, tienen que estar las dos presentes, entonces me impresionó la causa de que borraran esa polaridad femenina de la mirada teológica. Obviamente al borrarla generó una mirada del mundo muy patriarcal y muy poco inclusiva.

Lo que intento con la obra es recuperar esta polaridad, recuperar la feminidad en lo sagrado y que pudiéramos decir que Dios es padre y madre. Básicamente es eso, no se trata de que no exista el Dios padre pero que también haya una mamá Dios, porque realmente poder amar, contener, cuidar y engendrar son las cualidades de la feminidad y de la masculinidad. No es un tema de género. Lo masculino tiene unas cualidades y lo femenino tiene otras. Es poder darnos cuenta de que si recuperamos lo sagrado en esta cualidad de la feminidad podemos tener una mirada del mundo donde amar y cuidar sea importante, donde podamos realmente hacer un cambio de conciencia desde una transformación de miradas sobre lo sagrado.

C.C.: En la religión Yoruba con Yemayá y Oshun se les venera mucho en Cuba y lo mismo con Nuestra Señora de Guadalupe en México donde hubo sincretismo con la creencia indígena y la tradición judeocristiana ¿Quizá podría hablarse de que hubo ciertas excepciones?

N.Z.: Hubo la posibilidad de que hubiera una deidad femenina. Por ejemplo, lo único que se ha podido rescatar de la religión católica es que por lo menos tenemos a Nuestra Señora de Guadalupe, a la virgen representando la divinidad femenina. Lo que pasa es que viene acompañada de un montón de deberes sobre lo que tendría que ser una mujer, y en principio se tiene que ser virgen. Desde ese momento se niega mucho de lo que es la vida, porque la vida para que ocurra no puede haber virginidad, se tiene que juntar lo femenino y masculino. Ese mito de que la virgen era virgen, de entrada imprime una mirada patriarcal y de negación del poder engendrar con la fusión de lo masculino y lo femenino. Es lindo que en estas culturas en Brasil y Uruguay, donde se le hace su fiesta a Yemayá o a Oshun se siente más presente esa posibilidad de realmente sentir a la madre tierra, al agua y al espíritu de la vida misma. A veces hacen que coartemos nuestra grandeza de seres humanos como seres creadores y con infinitas capacidades para el bien; entonces generan esa doble moral y represiones. Al no al no poder expresar la vida y la pasión, pues la gente puede terminar haciendo matanzas.

 

Obra: ‘Madre Maíz’ – Cortesía

 

C.C.: ¿Puede ser que la ausencia de la mujer en las deidades haya hecho que minorías como la LGBTIQ o el feminismo se hayan alejado de lo religioso en sus distintas facetas?

N.Z.: Al ser ellos vistos como seres que no serían bienvenidos en ese cielo en las religiones monoteístas, creo que por eso ellos prefieren alejarse de la espiritualidad como tal. Se alejan de esa espiritualidad monoteísta, patriarcal y dogmática donde ellos son pecadores por el simple hecho de ser de ese grupo. En esa parte los entiendo porque uno no quiere ir a un lugar donde le van a decir que lo que uno es, no puede ser. Son seres vivos, parte de la naturaleza, pero les dicen que van en contra de la naturaleza. Las religiones son dogmas, que según mi mirada deberían invitar a la posibilidad de que los seres humanos puedan hallar su ser más puro, que vivan en el amor incondicional; que puedan legitimar al otro como legítimo otro en su otredad, esa es la definición de un psicólogo que se llama Humberto Maturana sobre el amor… Entonces esa legitimación del otro como otro distinto a mí, con todo el derecho del ser tal cual es, es lo que la religión no hace porque separa cuando estamos todos unidos en un planeta donde si uno lo mira desde muy lejos, pues somos una misma célula, de un universo infinito, donde todos podamos ser parte de un gran organismo que es el planeta tierra y que si todos podríamos conectarnos con esa conciencia y simplemente ser lo que tengamos que ser -que son esos seres de luz- podríamos salir de un montón de culpas como la creencia en el pecado. Espero que las nuevas generaciones cambien eso y puedan ser ellos, pero sin los dogmas.

Tampoco creo ismos, debemos dejar de luchar.  Con mi obra siempre he tratado de ir a ese lugar donde nos conectemos con la espiritualidad. La fuerza creativa es eso que hace que se genere la vida, lo que hace las plantas y las flores; esa fuerza es tanto masculina como femenina, porque para que pueda existir deben estar las dos polaridades como el yin y el yang. Lo más profundo es que la gente pueda ir recuperando la conciencia de que no solo es un señor por allá y que cuando se les diga no sea peleando, que no nos quitemos los brascieres y los quememos. Así no cambia mucho la consciencia porque la gente se pone a la defensiva. No se trata de atacar, se trata de ir transformando la mirada.

C.C.: ¿Cómo fue el proceso creativo de ‘Dios También es mujer?

N.Z: Trabajo mucho desde la conexión con la fuerza creativa y hago muchos talleres de conexión con la creatividad. Para mí, es conectarme con la fuerza creativa y dejo que ocurra alguna sincronicidad que me diga cuál es la deidad que tengo que hacer. Dejo  que ocurra y aparece la información. Yo escribo mucho y me conecto con la intuición de qué era lo que tenía que hacer. Luego me dije que iba a crear una muestra sobre las deidades de los pobladores originarios de toda América, pero no sabía. Hay tantos relatos e iba haciendo lo que iba encontrando. Si decidía cuál hay que hacer, yo no tengo ni idea, sabe más la fuerza creativa del campo cuántico. Confío mucho en eso, soy más un canal, dejo que la sincronicidad actúe para que se den los mensajes y poder expresar lo que tenga que ser expresado.

Obra: ‘Oshun’ – Cortesía

C.C.: En la exposición encontramos una serie de esculturas de leonas ¿A qué se debe?

N.Z.: Las leonas son un animal tótem, también se les llama animales de poder. Son los espíritus de la madre tierra que nos acompañan cuando necesitamos la fuerza en el hacer aquí en la tierra. Digamos que los ángeles son los que nos acompañan a un nivel mental y emocional, y los animales serían los que nos acompañan en el hacer. La leona representa la fuerza, la maternidad y la protección, es la representación en el mundo animal de la fuerza de la vida.

C.C.: ¿Qué expectativas tiene con la exposición en el Museo el Chicó?

N.Z.: Quiero que venga un montón de gente, que vean la obra y les guste. Ojalá se conecten con lo que hemos estado hablando. Si le puede llegar a alguien un poquito de cambio de conciencia, para mí ya es suficiente.

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