ENTREVISTA: Victoria Saavedra habla de su carrera y de ‘Peripécias’, su nuevo trabajo

Víctoria Saavedra,colombiana tadicada en Brasil

Victoria Saavedra lleva 10 años en Brasil haciendo música, su misión es aglutinar la riqueza sonora que existe entre la música tradicional colombiana y la brasileña. Es de Neiva, desde que tiene memoria le ha gustado cantar y a medida que fue creciendo se enamoró de los tambores y de la música tradicional del Pacífico colombiano.

Hace unos días estrenó el videoclip de Peripécias, el primer sencillo del álbum homónimo, que es su segundo álbum de estudio. Lleva la colaboración de Adrián Sabogal y Pedro Dona en la producción, y la masterización está a cargo del reconocido Carlos Freitas. En este proyecto busca un equilibrio entre los sonidos tradicionales del norte de Brasil con la influencia caribeña y del Pacífico.

Anteriormente había trabajado en Colombia con la agrupación Pambil, especializada en la música tradicional del Pacífico y en Brasil su primer trabajo a gran escala fue Candombá, con el que buscó que los brasileños salieran de su burbuja y sintieran de corazón que también son parte de América Latina.

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Victoria Saavedra sostuvo un diálogo para Confidencial Colombia que se alargó casi por 40 minutos. Habló de sus inicios en la música, su participación en el Petronio Álvarez y del momento en el que estuvo a punto de tirar la toalla y retirarse de la música por completo. Me saluda con una voz cálida con un acento muy bogotano mientras termino de poner a grabar nuestra charla a través de la plataforma de Zoom. Esto fue lo que nos contó.

Victoria Saavedra, cantante
Victoria Saavedra – Cortesía

Confidencial Colombia: Comenzaste tus estudios en la música a los 12 años, pero quisiera saber ¿En qué contexto vivías en ese momento? ¿Por cuál lado venían tus influencias musicales?

Victoria Saavedra: Escuchaba música colombiana, música llanera. Mi papá tenía muchos referentes de música latinoamericana. Eso era lo que escuchaba y cantaba a grito sentido desde chiquita. Siempre me gustó cantar. Siempre pedí que si podía estar más allá de los grupos de coro o los grupos de tuna para estudiar. A los 12 años mi papá me cogió la piola y me comenzó a poner en los conservatorios para que estudiara. Mis referencias eran estas músicas latinoamericanas. Mi papá escuchaba mucha música de izquierda como Mercedes Sosa y de la revolución.

Luego te vas a los Estados Unidos ¿Qué recuerdas de ese momento y cómo marcó tu carrera?

Victoria Saavedra: Ese momento fue muy claro para mí. Ahí se definió mi camino en la música con los ritmos tradicionales de la música colombiana. Yo había tenido un acercamiento con la música del Pacífico antes de irme. Pero estando en Estados Unidos, esta nostalgia que le da a uno del país de los sonidos y los olores, lo que más me quedó claro es que quería hacer música del Pacífico. Yo escuchaba a Mojarra Eléctrica y me fui a los 18 años por cuestiones familiares para estudiar música e inglés. Sentía mucho la música del Pacífico y cuando regresé -que fue por un agosto- comenzaba el Petronio Álvarez. Luego un amigo me dice que si no me quería involucrar con un grupo de estudio de música del Pacífico con dos maestros, y yo dije que claro. Tenía muchas ganas de volver a escuchar tambores, guasás y de cantar. Él me llama para integrar un grupo de música del Pacífico y se dio como si fuera un sueño. Fue con Pambil, que comenzó como grupo de estudio y luego fue una agrupación.

Cuando llegas a Colombia participas en agrupaciones de música de marimba ¿Cómo cómo fue esa experiencia además de participar en el Petronio Álvarez?

Victoria Saavedra: Cuando llegas acá estás en tu salsa, un encaja y uno dice: “¡Uff era esto!”. Y el Petronio es otra cosa. Yo te duermo con luz, sin luz, con ruido, sin ruido o con 20 personas al lado, pero con el Petronio singularmente… En esa semana que se hace son marimbas, guasas y cantos. Así termines de hacer pruebas de sonido o lo que sea, cuando regresas hay personas tocando bombos en tu oreja, pero debes dormir también si no quieres estar destruido al otro día que tengas concierto. Eso es lo que más me mueve en este contexto de la música del Pacífico. Era estar donde tenía que estar. Tanto así que después me fui para Guapi a estudiar un poco más y fue una experiencia más fuerte. Es muy bonito sentir eso con nuestras raíces. Yo escucho un tambor de raíces más negras y me pregunto: “¿Dónde es esto? Esto es lo que quiero y esto es lo que soy”, y es por allá donde me encuentras.

Al primer Petronio tenía 18 años. Se cerraba la calle y había dos hoteles para los músicos que participábamos, pero eran 24 horas por día en una semana completa. Según lo que me han contado hoy hay más control, pero es mucho voltaje. Lo que más enriquece es el encuentro con otros músicos y ese hacer música, música nuestra. Se mezcla lo tradicional con los que hacen fusión y ese intercambio es muy bonito. El concierto es el 1 % del festival.

“Se vino lo de grabar mi primer disco y fui movida por el miedo. Y me fui a hacerlo, si lo decidí fue porque cogí el miedo y le dije: ‘¡Vamos!’”.

¿Por qué te vas a Brasil?

Victoria Saavedra: Cuando tenía 22 yo me presenté a Berklee en algún momento y pasé. Tenía una beca. La idea era irme para allá. Cuando empezaron a llegar los papeles y la información sobre Berklee, también llegaron papeles e información de otros países en los que tiene convenio por unos dos años para luego terminar en Boston. Y yo con esta locura y este amor que siempre tuve y me movió por cultura latina y afro dije: “Pues en Brasil me falta para completar el paquete, vamos a estudiar y escuchar bossa nova y samba”. Buscaba más sonidos de tambores y timbres de voz, también quise aprender portugués. Ya llevo 10 años, no me quedé solamente los dos años y nunca me fui para Berklee. Cuando llegué en la parte académica no me gustó, no me identifiqué con la universidad de aquí y pasaron varias cosas charras, me dio flojera. Me pude ir para a Berklee, pero pensé que era más lejos no me gusta. Me quedé en una indecisión.

Yo aquí comencé a dar clases y tenía otros proyectos, entonces irme de nuevo a construir de nuevo me parecía un tira y afloja que no. Había iniciado una relación con alguien acá y eso influye, pero mi trabajo siempre direccionó mucho las cosas. Me fui descubriendo como cantante y compositora, y me fui soltando. Hay gente que aprende a las patadas y yo en Colombia estaba cómoda, fui corista de Naty Botero y tenía mis trabajos. En esa época no me habría arriesgado a componer o mostrarle a alguien lo que componía. Acá, quizá por estar más sola y tener las ganas de mostrar lo que sabía, fui mostrando poco a poco composiciones y a la gente le gustaba. Mi timbre cuando llegué era muy raro, los ingenieros de sonido y mis compañeros me decían que cantara más pasito porque cantaba como cantaba una cantaora. Acá el timbre era más suave, a lo bossanova. Todo esto eran retos. Luego se vino lo de grabar mi primer disco y fui movida por el miedo. Y me fui a hacerlo, si lo decidí fue porque cogí el miedo y le dije: “¡Vamos!”.

Ya son 10 años allá ¿Cómo has capturado la esencia musical de allá sin desconocer las raíces?

Victoria Saavedra: Hace 10 años era más raro porque Brasil es un país gigante y musicalmente se autosostienen con su calidad y diversidad. Una cosa que me impactó acá fue la falta de identidad con el sentido de ser latino. Como colombiano uno oye algo brasileño y lo identifica en el contexto latino, pero el brasileño no se identifica con esto y es chocante. Mi primer proyecto fue Candombá y tomamos lecturas y covers de varios músicas tradicionales de América Latina y las adaptamos con sonidos similares de acá. Por ejemplo, una guarania con un chamamé, que tienen un ritmo similar con la misma raíz, pero diferente nombre. El percusionista con el que trabajo tiene una investigación profunda de los ritmos con tambores de mano de música brasileña y se ha interesado por otros ritmos de América Latina y los conecta. La idea no es tocar una cumbia mal tocada, entonces les muestro cómo es desde lo que sé o pido ayuda de mis amigos en Colombia y hasta que no crea que está bien, no sale. Además, tenemos muchas cosas parecidas, este país es gigante y se conecta con todo. Esa es nuestra riqueza como continente, la diversidad que tenemos.

Estos últimos años siento que Brasil se ha querido involucrar con la música del resto de América Latina. Creo que el reguetón tiene mucho que ver. También la salsa, que les parece una nota, pero no saben bailar y si no saben bailar se me cansan medio rápido. Siempre ha habido una acogida muy bonita, pero falta identificación. El disco que voy a sacar es más bailable, el primero que hice era más intimista y les gusta mucho mi voz, le parece muy peculiar. Acá sigo y sobrevivo aún como música.

Victoria Saavedra en 'Peripécias'
Cortesía

Hablando ya de tu carrera en 2017 decides debutar en solitario y lanzas Remanso entre Raizes ¿Cómo fue esa etapa?

Victoria Saavedra: Me invitaban a una bienal o a un festival. Siempre llamaban a Victoria. Entonces pensé que era la hora de sacar un disco y me fui con toda. Me la paso escribiendo y leyendo un montón de cosas, pero ya era asumir que iba a sacar un disco con composiciones propias y fue como: “¡Uy qué miedo!”. Construirlo fue un ejercicio bonito, un aprendizaje tenaz sobre los pasos de la carrera como cantautora, compositora y en la producción. Cuando te digo que iba con miedo, la cosa es que uno a veces quiere parar, pero no puede porque hay mucha gente involucrada y mandar todo a la mierda es algo que no he podido hacer nunca por mucho miedo o inseguridad que tenga. Fui a grabar en noviembre, diciembre y enero. Yo parecía una loca porque me puse en modo composición. Componer es como hacer rompecabezas porque uno tiene un montón de ideas, hace un montón de melodías y luego lo organiza. Después es llamar a la gente que le gusta y le hace a la vuelta. Tuve una acogida muy bonita, pero cuando comencé los conciertos me hacían falta tambores. Fue el camino que debía hacer para darme cuenta que había cosas que me faltaban todavía para encontrar ese camino que quiero en cuanto a sonoridad.

En la canción Vuelos de María retratas una mujer que renace y halla la libertad ¿Se puede ver algo de aquella canción en tu espíritu nómada de haber estado en Estados Unidos, Brasil y en cierta medida en Colombia cuando participaste en agrupaciones del Pacífico colombiano?

Victoria Saavedra: Vuelos de María la compuse pensando en mis hermanas y en mi madre porque todas tenemos el María en el nombre. Ellas para mí son fuertes, son ejemplos de verraquera. Me inspiraron y fue como poner en el papel que las Marías –que es una representación general de la mujer- no solamente tenemos la belleza en lo físico. Las ganas de hacer, de soñar y llegar a hacer las cosas también es belleza. Siempre se describe a la mujer como algo delicado o suave y no, mis hermanas y mi mamá me parecen las mujeres más tenaces. Me acuerdo que describo el pelo, sus ojos y el brillo, pero a la final esa mujer hace las cosas que se propone, tiene fuerza en sus manos y en su voz.

En la canción de Árbol de Pomarrosa recuerdas la etapa de la niñez…

Victoria Saavedra: Esa es una canción inspirada en Neiva. En la casa de mi abuela cuando era chiquita había un árbol de pomarrosa y las frutas se caían. Siempre le echaba ojo a una fruta y al otro día miraba si ya iba estar para recogerla, pero ya los pajaritos se la habían llevado. Era chiquita y el árbol era alto, entonces para subir de pronto me caía. Pero cuando lograba cogerlas o un tío me las bajaba ¡Uff! Mira que hablo de la fruta y se me hace agua la boca.

Esa canción es algo nostálgica ¿Qué es lo que más extrañas de Neiva y de Colombia en general?

Victoria Saavedra: Mi relación con la nostalgia cambió estando tan lejos. Pero extraño el toque, el abrazo y sobre todo la comida colombiana. Siempre que voy a Bogotá me bajo del avión, voy al Kokoriko más cercano y me como un ajiaco. También la energía de los espacios donde uno aprendió y creció. Sobre todo ahora con la pandemia. Uno no está solo y eso me lo dijo mi papá que a veces lo llamo llorando como una loca perdida. A veces uno vive con los papás o con una pareja y uno está distante, pero cuando uno se va, empieza a hablar a saber de la vida y te acercas más. No hace falta estar más cerca para estar unidos. Es algo que he aprendido con mis amigos y mi familia. Pero sí hace falta ese abrazo.

Ahora llega Peripecias, antes de hablar de ello quiero que me cuentes ¿Qué ha pasado contigo en cuanto a aprendizajes desde que lanzaste Remanso entre Raizes y ahora?

Victoria Saavedra: Tuve una crisis existencial y musical fuerte. Yo había decidido retirarme de la música. En 2019 estaba haciendo un movimiento gigante para regresar a Colombia. Era una cosa loca, no sé por qué se me pasó por la cabeza. Terminé ‘Remanso’ exhausta. Acabé la agenda de conciertos y eso fue un año y medio. Todo 2017 la agenda estaba enterita. En 2018 me senté y  no hice ni una venta, no le pasé nada al productor, pero continué porque me llamaban sin yo hacer una venta, como sin ganas. Hubo crisis con la carrera, había cosas a las que no le veía sentido en cómo las estaba haciendo. Pero me reestructuré a final de 2019 y comencé este nuevo disco. Peripecias tiene mucho de este aprendizaje y las letras hablan sobre esto y hacer las cosas con un sentido objetivo para mí. Estoy enamorada de este disco, me genera alegría. Empezó con mucha buena vibra con las personas involucradas y fue un proceso bonito. Era una reconciliación con la música. Todas mis decisiones han sido influidas por la música. Estar lejos, por la música; si me acerco, por la música; si algún día me separé, fue por la música.

Ahora sí, Peripécias ¿cómo nació?

Victoria Saavedra: La idea era fiesta. Era el concepto. Quería percusión y tambores presentes. Quería que hubiera sonidos caribeños, del Pacífico, el porro chocoano o la cumbia. Con relación a la mezcla de eso con los ritmos de Brasil lo relacioné con los sonidos del norte como samba-reggae o maracatú. Esas son las influencias principales. En vientos hay trombón, trompeta y clarinete y los productores casi me matan, me decían que un clarinete se iba a perder y yo que no. Ellos querían dos clarinetes y me mantuve. Faltando una semana para entregar arreglos ellos me decían que era muy difícil con un solo clarinete, pero les dije: “Yo lo escucho, lo soñé”, y funcionó afortunadamente. Está una nota el timbre que se logró con los 3 vientos. Lo que más me hace falta ahora con la pandemia es estar en un escenario cantando y con otra gente. Cuando lo concebí lo hice con un parche. Los manes que me acompañan son muy amigos míos y la idea era enrumbarnos, gozarnos el disco. La idea era que los músicos pudieran gozarse la música, que no estuvieran pensando en las diez mil escalas para tocarlas en 10 segundos, sino que se la gozara tanto el público como los músicos y yo. A veces en mis conciertos yo quería que todo se fuera más arriba, pero el arreglo y la canción no lo permitían. Obviamente tiene tambores y mucha energía.

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Antes de terminar este diálogo Victoria Saavedra me habla de sus 5 meses confinada en Sao Paulo, donde incluso se cambió de apartamento. También deja claro que quiere fortalecer su vínculo con Colombia en este trabajo nuevo. Me cuenta que su combustible para seguir en la música en parte está influida por la situación política. “Los políticos siempre se le van encima a los artistas, a los filósofos y a los que hablan. Lo que uno tiene que hacer es estar ahí para incomodarles el rato… Cada noticia mala que aparece me da energía, entonces si no quieren, se les da dos tazas”, expresa.

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