La caverna: Un cuento sobre el decrecimiento económico y la asfixia de la humanidad

Vivían en la caverna desde tiempos desconocidos.

Unos pocos habían logrado acumular mucha madera y podían hacer unas enormes fogatas que no solo les daba el calor que requerían sino que los iluminaba y los hacía sentir felices de semejantes hogueras. Otro grupo pequeño pero más numeroso que el anterior había podido también acumular más madera de la que requería y también hacían hogueras más grandes que las necesarias y también se sentían contentos de parecerse a los anteriores. Y la gran mayoría pasaba todo el día recogiendo lo que necesitaba ese día sin normalmente encontrar la necesaria pero lograban producir algo de fuego para calentarse y alcanzar a no morir de frío.

Últimamente se decía que debido al crecimiento de la población empezaba a sentirse enrarecido el aire en la caverna. Durante toda su incontable historia nadie se había preocupado por este aspecto vital, pero ahora se hacía difícil respirar. Por eso se hablaba de hacer una reducción de las fogatas para disminuir el humo en la caverna. Había quienes señalaban que el problema era esa gran mayoría que estaba logrando tener un poco más de madera, acercándose a lo suficiente, y que como era el grupo más numeroso eran los causantes del aire lleno de humo, y los estaban conminando a que tenían que volver a su precaria situación.

No había consenso por supuesto. Unos más estudiosos habían recorrido toda la caverna y verificaban que el asunto se estaba poniendo grave en todos sus rincones y que pronto la vida de todos estaría amenazada. Decían que todos producían humo pero que los que más lo hacían eran quienes más habían acumulado madera y que hacían enormes fogatas innecesarias para calentarse y sobrevivir. Estos, a su vez, estaban de acuerdo con que todos los demás debían volver a condiciones más precarias para que no produjeran tanto humo, y argumentaban que en cambio ellos eran poquitos y por lo tanto no eran ellos el problema, y no estaban dispuestos a dejar de calentarse e iluminarse y festejar como lo hacían.

Y así siguieron discutiendo por años hasta que empezaron a morir asfixiados, de todos los grupos. Aunque algunos de los que más acumularon madera pudieron comprar bocanadas de aire que lograban aspirar en una pequeña chimenea de la caverna a la cual solo se podría acceder montando una pirámide de hombres a quienes pagaban con madera. Solo quienes más tenían podían hacerlo. Finalmente ya no hubo hombres para pagarles con madera y poder subir. Hasta los que más acumularon madera murieron.

Hay finales diferentes a los que corresponden a la naturaleza observada de los humanos como la anterior. Contaré unas posibilidades:

Algunos de los que más acumularon madera, temerosos de que la nueva situación provocara una revuelta de los más numerosos que se tornara difícil para ellos y perdieran su madera acumulada, decidieron proponer una gran reunión para buscar posibles soluciones.

  1. Se les impondría a los del grupo más numeroso un máximo de madera a calentar y los demás “prometerían procurar” no prender tan grandes fogatas.
  2. Todos deberían hacer fogatas que alcanzaran para calentarse suficientemente, únicamente. Reduciendo la cantidad de madera quemada reducirían la producción de nuevo humo. Los del grupo más numeroso probablemente deberían ser ayudados para alcanzar la cantidad mínima necesaria.
  3. Como los más estudiosos algún día encontrarían la forma de acceder a la pequeña chimenea que pudiera ingresar nuevo aire, todo se mantendría como estaba.
  4. Una combinación entre la primera y la tercera o entre la segunda y la tercera.

 

Dependiendo de su preferencia estará del lado de la asfixia general o del lado de su desescalamiento y de alguna esperanza de prolongar la vida en la caverna.

 

* @refonsecaz

 

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