Presidente, sus reformas neoliberales las rechaza Colombia

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Jaime Acosta

Hace un año presentó una versión de reforma tributaria y hoy es casi la misma, con algunas limosnas para los más pobres pero todo el peso para la clase media. Sin embargo, hace un año Colombia era una, ahora es otra.

Usted, presidente de una nación, presidente joven, con hijos que son niños, es inconcebible que intente – con un Congreso en su mayoría corrupto -, imponer la reforma tributaria más indignante de la historia de Colombia, con un modelo de crecimiento que no da más, tanto, que son las economías ilegales y la informalidad las que le dan respiración artificial. Además, con el holding financiero está creando una figura tramposa para enajenar los últimos activos de la nación con el fin de conseguir seis billones de devaluados pesos que el recaudo tributario no alcanza porque la economía no los puede generar. El neoliberalismo está muriendo en América Latina porque es el continente de la clase media a la cual le vendieron un sueño de sociedad que no se hizo realidad.

Quiero recordarle que usted va a darle en tres años 27 billones a los más ricos, y solo va a recaudar quince más los otros doce, que los va a poner en su mayoría la clase media y los pobres, así les retorne a estos últimos migajas del IVA y les reduzca el aporte a salud. Usted no es  el único culpable, es una saga de errores que nacieron en 1991, pero a usted le tocó este momento de quiebre en la historia de Colombia y del mundo. Un quiebre que es de muchos contenidos, no solo económicos, también culturales, de género, y éticos porque se consolidó y creció una masa de criminales ligados a la corrupción, esos que se llevaron la plata que usted quiere que la gente los pague y no quienes se la robaron.

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Colombia no es más, porque el modelo fue el equivocado, y se hizo para saquear al estado con un sistema de justicia que protege la impunidad del sistema político.  Y su plan de desarrollo no alcanza, la gente ni lo quiere ni atiende, porque poco responde a lo que necesita. Ahora explico por qué la reforma tributaria es mala para Colombia.

Primero, amplia mucho más las brechas de inequidad y desigualdad, y no aumenta la productividad. La gente que está en paro quisiera levantarlo, pero no puede hacerlo porque le seguirán llegando las altas facturas, las cuotas de nunca acabar, los malos servicios de educación y salud, y la ineficiencia y corrupción del estado que deben padecer y que demora todo lo que tienen que hacer en el diario vivir.

Segundo, el modelo de crecimiento de los últimos 30 años desindustrializó a Colombia, redujo el campo a una mínima expresión, por eso la misión de sabios recomienda una industria y una agricultura que retornen al 24 y al 13% del PIB, porque hoy solo participan con el 12 y el 6.5%.

Con la economía de bajo valor agregado que se tiene: franquicias, especulación financiera, retail, minería de enclave, escasa agricultura, turismo, corrupción y narcotráfico, no es posible responder a las necesidades de las reformas sociales, económicas, ambientales, y de integración de los territorios más atrasados que forman un cordón de pobreza y atraso. Además, las oportunidades en el campo y las ciudades son limitadas y mal remuneradas, por lo cual a los que menos tienen y para los cuales poco hay, toman caminos ilegales que la teoría conoce como capitalismo criminal: narcotráfico, corrupción, contrabando, testaferrato, robo y asesinato, que se suma a los crímenes de niños, mujeres, campesinos e indígenas. La gente decente y consciente está en las calles, y a la gente indiferente y  torcida les incomoda la protesta social.

Entonces, esos incentivos para los más ricos, en su mayoría para el sistema financiero porque queda poca industria, no tienen donde aplicarse pues no hay proyecto nacional para reestructurar lo que produce y cómo lo produce, que no corresponde a los retos de la economía global de la inteligencia. Entonces, la mayoría de los incentivos emigrará a otros países y a otras inversiones, entre otras razones, porque la inversión puede llegar a Colombia pero todos los beneficios los pueden repatriar, porque las multinacionales no hacen en el país investigación y desarrollo, solo distribuyen, venden, recaudan y giran los excedentes a sus casas matrices para que los desarrollos inteligentes los hagan allá con nuestra plata.

El modelo de Colombia regala el mercado, regala lo que demandan 48 millones de colombianos, pues el país fue mal negociado en la OMC y por tanto en los TLC. ¿Si yo le entrego mi mercado usted qué me dá? Los países emergentes han negociado mercado a cambio de aprendizaje en investigación y desarrollo. Le doy mi mercado usted me da su conocimiento.

Este es el problema, por eso, a más de razones en torno a qué produce y cómo produce, sume el impacto de una guerra devastadora que ha destruido tejido social, el medio ambiente y mantenido el cinturón de atraso que rodea sus fronteras, son razones por las cuales la educación es deficitaria y no llega a todos, la ciencia y la tecnología vive de la caridad pública y de unas pocas empresas que invierten en  investigación y desarrollo, y la salud es una maquinaria perfectamente pensada para que sea un negocio, por eso tanta tutela, antes que un servicio de calidad y pronto para la gente.

En Colombia no hay trampa de la pobreza dada por la trampa de la maldición de los recursos naturales. En Colombia lo que hay es una trampa del modelo de desarrollo que beneficia a unos pocos en detrimento de los demás. Es la trampa del feudalismo, del rentismo, y de la inequidad.

Presidente, usted quiere darle a unos pocos megacapitales la plata de todos los colombianos, pero los colombianos recibirán poco o nada a cambio, sobre todo porque piden equidad, igualdad, desarrollo y paz, y eso necesita de grandes recursos públicos y privados, y de mejores políticas.

Retire como mandatario de todos los colombianos, en un gesto de responsabilidad, la reforma tributaria y la del holding, porque la gente no se va a ir de las calles y de las plazas, y se inventará maneras pacíficas, inteligentes y creativas de protesta, y se tomará calles, carreteras, aeropuertos, rodearán la plaza de Nariño, y usted generará la más espantosa crisis institucional de la historia. Ya vio como salió la gente el 21N y como desde entonces no deja de movilizarse, y mire como el 8D fue una majestuosa y bella expresión de protesta en Bogotá.

No ofenda a la protesta social mandando a escuderos a conversar con sus voceros, mientras usted conversa en el cuarto de al lado con los gremios y con las bancadas políticas del clientelismo y la indolencia. No dilate, anticípese y dé respuestas contundentes y de fondo, porque usted es el presidente.

La protesta es de gente inteligente que se siente engañada,  y si usted deja pasar los días esa inteligencia será cada vez más inteligente, mientras usted será cada vez más equivocado, violento y ausente. Y si usted rechaza a los que protestan porque quieren que esos 27 billones sin retorno sea para las reformas sociales y de la economía, entonces piense en sus hijos, si los niños y los jóvenes de Colombia no le importan.

La revolución de estos días, es bella, es por dignidad, la equidad y la igualdad. Nada parecido a nada conocido. Son los jóvenes que se dieron cuenta luego del robo del sistema financiero del 2008, que la sociedad prometida no existía. Y los jóvenes padres de familia y los profesionales, también entendieron que los sueños de un neoliberalismo “humano y para todos”, no era cierto. Pero esta revolución es multidimensional, también es la revolución de las mujeres expresado en el perfomance: “El violador eres tu”.

@AcostaJaime