Opinión, Sociedad Superficial

El mundo, la OCDE y Colombia


Jaime-Acosta-Puertas
@AcostaJaime

Hace pocos días el Centro para el Desarrollo de la OCDE, entregó al gobierno nacional el informe de recomendaciones para la Política de Desarrollo Productivo (PDP en adelante). La entrega del estudio coincide con la entrega al Congreso de la República del  Plan Nacional de Desarrollo (PND en adelante) 2018 – 2022, para su revisión y aprobación.

La OCDE hace recomendaciones valiosas, algunas de las cuales aún no se constatan en el texto del Plan, y por eso parece importante recabar en ellas, porque si no el pacto por el emprendimiento y la productividad y su relación con otros pactos sectoriales o transversales (como se conocen en el texto), y con los pactos regionales, tendrá problemas de consistencia, viabilidad, aplicación, coordinación e impacto. 

Las recomendaciones de la OCDE se enmarcan en el estado del arte de la buena teoría del desarrollo y de las políticas implementadas por países desarrollados y por economías emergentes inteligentes. Con énfasis singulares, porque no hay dos naciones iguales, todas han hecho fundamentalmente lo mismo: visión de largo plazo, estado emprendedor, focos estratégicos en las políticas productivas y de ciencia y tecnología para soportar el cambio estructural sostenido de la especialización, y medidas macroeconómicas flexibles para financiar el desarrollo. 

Curiosamente, a pesar de la teoría y de la evidencia de las buenas políticas de los países más adelantados en materia de productividad, conocimiento, innovación y emprendimiento, Colombia sufre de una especie de atrofia mental para entender y aprender de las buenas prácticas, porque son temas reiterados como recomendaciones de todos los estudios y evaluaciones  de extranjeros sobre la economía colombiana, y de la insistencia que hemos hecho algunos analistas nacionales.  Es una curiosa actitud contra el sentido común para superar las seis C de su persistente rezago: corrupción, crecimiento mediocre, cocaína, criminalidad, competitividad y mirada de corto plazo.

Desarrollo y paz. En los últimos 75 años, muchos países avanzados y emergentes vienen de guerras devastadoras o de conflictos internos inmisericordes. Esas naciones asumieron el desarrollo como la mejor estrategia para superar los impactos de la barbarie. A Colombia le falta esto. La resistencia a la paz de una parte de la población para cumplir con los acuerdos, hace que Colombia no pueda sacar la cabeza de esa interminable saga de violencia, atraso y debilidad institucional. Una nueva confrontación entre el SI a la paz y el NO a la reconciliación está en marcha, por la resistencia a darle vía libre a la JEP (justica especial de paz), con el fin de solapar el genocidio de los falsos positivos que fue el aporte de la guerra de Colombia a la historia de la maldad de la humanidad, porque las demás formas de una terrible barbarie, ya las había vivido el país en la violencia de la mitad del siglo XX y el mundo desde hace siglos. Con una situación permanente de guerra latente, será imposible que Colombia adquiera la serenidad y la tranquilidad de pensar y construir creativamente su desarrollo de largo plazo.

Proyecto de nación y políticas de largo alcance. Esta es una de las más importantes alusiones de las recomendaciones de la OCDE.Los países desarrollados y los emergentes inteligentes, tienen proyectos nacionales de desarrollo de largo plazo. En consonancia, disponen de políticas, de estrategias y de programas, con visión y acciones de mediano y largo tiro. En ese contexto, los estímulos económicos del estado no son el objetivo principal de la política económica y de los empresarios, por eso las reformas tributarias son estructurales y no efímeras como en Colombia.

En economías superiores, el objetivo principal son las políticas de desarrollo y los acuerdos con las empresas en torno al cambio en la especialización, el conocimiento, la innovación, el emprendimiento, la propiedad intelectual, las empresas nacionales, y las autonomías regionales, es decir, los arreglos institucionales que permitan corregir fallas del mercado y del estado en pro de la productividad. A partir de ahí aparecen en las mesas de concertación, entre estado y empresas, los incentivos económicos. Ahora bien, los incentivos que hicieron viable el desarrollo de la electrónica, de otras industrias y sectores antes de 1990, ya no se pueden aplicar, y han sido sustituidos por incentivos dirigidos a financiar la formación de recursos humanos, la inversión en I+D+i, las nuevas actividades productivas, el emprendimiento, la propiedad intelectual, y el desarrollo regional. Por esa vía, y no por otra, se logra la legalidad y la equidad.

Política de desarrollo productivo sin focos estratégicos. Entonces, al no tener Colombia un proyecto de nación, y por ende políticas de largo plazo, las actuales políticas no tienen focos o misiones estratégicas para orientar por sendas claras el desarrollo futuro. La experiencia en el mundo y en la OCDE, indica que los países que van adelante disponen de orientaciones productivas estratégicas en las políticas industriales y de CTeI, a la vez sincronizadas en sus enfoques y propósitos que les permite conformar potentes sistemas nacionales y regionales de desarrollo productivo y de innovación.

En el Plan Nacional de Desarrollo se comete el error de asignarle al estado, a través del gobierno nacional, el carácter de mejor regulador posible para generar condiciones iguales para todos los agentes del mercado, porque desde el nivel nacional no se quiere adoptar ninguna decisión de discrecionalidad sectorial, o de misiones productivas estratégicas, y de un estado emprendedor, porque la decisión de escoger sectores o actividades promisorias se las deja a las regiones.

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En este sentido, cuando se mira en el texto del Plan los pactos regionales y sus apuestas productivas, seguramente obedeciendo orientaciones del Ministerio de Comercio Industria y Turismo en el gobierno anterior, y acogidas por el actual gobierno, de ahí no se pueden extraer elementos robustos para concertar decisiones que conduzca a identificar focos o misiones estratégicas para el nivel nacional en la PDP y en la de CTeI. Todas las apuestas regionales dicen agricultura, agroindustria, turismo, textiles, confecciones, cuero, y algunas otra industria, pero no aparecen por ningún lado las industrias aeronáuticas, aeroespaciales, la salud, las energías alternativas, la electrónica, los sistemas de movilidad (salvo la región del Eje cafetero y Antioquia), las industrias 4.0, y otras más. Es decir, las apuestas de las agendas regionales se centran en el 15% del PIB con sectores estancados o de bajo valor agregado (turismo, por ejemplo), y no del 15% en surgimiento y crecimiento, como sería en industrias y servicios avanzados.

Como dice la OCDE en su informe, esto obedece a la metodología de escoger a corto plazo productos con base en la demanda del comercio internacional. Así, la tasa de crecimiento proyectada para incrementar un 6% anual las exportaciones manufactureras, es baja, dejando a la economía colombiana a expensas del fracking. Una especie de segunda Venezuela.  La OCDE recomienda que la meta debería ser de al menos un 10% anual, que es una tasa decente, prudente, cuando se trata de impulsar nuevas industrias, nuevos servicios. En el estudio que hice para ACIEM donde se miró el crecimiento de largo plazo de la industria electrónica en 50 años, esta tuvo largos periodos de crecimiento en las exportaciones de los países que decidieron promoverla (alrededor de 50, donde no está Colombia), superiores al 15% y hasta el 20% anual. Ahora su promedio mundial de crecimiento está arriba del 10%. Todas las industrias altec crecen desde hace 30 años, a tasas del 8, 9, 10 o más de promedio.      

La OCDE también recomienda que la PDP de Colombia debería tener focos estratégicos, con un gran fondo de desarrollo. Por no tener focos o misiones orientadoras, es que existen tres fondos que absorben la mayoría de recursos: agricultura, becas doctorales, y fondo de regalías para ciencia y tecnología, los demás son fondos sin fondos. Esto es por culpa del absolutismo de las políticas transversales, que a su vez genera un universo inmenso de instrumentos dispersos, muchos desconocidos, opacos y duplicados, como también lo indica el estudio del Centro de la OCDE. Ese portafolio inagotable de instrumentos, los han traído los organismos internacionales, o cuanto efímero tecnócrata pasa por el estado. De esa manera la coordinación institucional, que es otra de las condiciones del desarrollo en el mundo y en las buenas prácticas de la OCDE, Colombia no lo ha logrado en el nivel central y solo en pocas regiones.      

Desarrollo productivo con una educación, una ciencia y un emprendimiento difusos

Al tener problemas en todo lo anterior, la educación queda navegando en espacio vacío, sin saber en qué y por qué debe impulsar y mejorar los programas, y la ciencia y la tecnología en qué áreas tecnológicas concentrar los mejores esfuerzos, y así también el emprendimiento tampoco tiene respaldo sectorial promisorio para start ups y spin off disruptivos.

En el mundo avanzado y en la OCDE, la articulación entre producción, conocimiento, investigación y emprendimiento, con base en focos estratégicos – que van cambiando o ajustándose cada cuatro, cinco o seis años -, está en la orden del día, y eso les permite construir sólidos sistemas de desarrollo productivo y de innovación.  En Colombia esto no ocurre, por eso el rezago en los indicadores internacionales de educación, ciencia, innovación, emprendimiento, es evidente.

Siendo el emprendimiento uno de los tres pactos estructurales del PND 2018 – 2022, es necesario corregir los aspectos referidos, para que las buenas intenciones y la necesidad de impulsar una cultura empresarial avanzada, y lograr las ambiciosas pero posibles metas, se hagan realidad.

Recomendaciones para el Plan Nacional de Desarrollo

  1. Darle un marco de largo plazo al Plan, para que sea el avance a un proyecto nacional de desarrollo de largo aliento, que deberá ser un objetivo principal del próximo gobierno nacional. Las 1666 páginas del Plan, que parece un número esotérico o el título para un cuento, no tiene un comienzo conceptual robusto que invite a su lectura.
  2. El Plan está cerca de tener focos o de misiones estratégicas. Dice que se impulsarán las industrias naranjas, las industrias 4.0, la agricultura, y alude de manera tímida a las manufacturas avanzadas. No obstante, a partir de ahí se está cerca para hacer un ejercicio inteligente de especialización estratégica del nivel nacional, el cual deberá estar listo en este 2019, junto con las políticas de ciencia y tecnología y de emprendimiento.  
  3. Las apuestas productivas de los pactos regionales sirven poco para el propósito anterior. Si desde la nación ya se perfila una especialización más orientada, entonces, un nuevo ejercicio con las regiones es necesario, adoptando una metodología que apunte al largo plazo, recogiendo y haciéndolo con las Comisiones Regionales de Competitividad Ciencia, Tecnología e Innovación (CRCTI), los cuales, de paso, son un club de conversación, porque no tienen herramientas de ejecución.
  4. Se recomienda reemplazar productividad por competitividad en el nombre de las políticas y de los instrumentos. Creo que la idea per se que sobre valora la competitividad,  se volvió un discurso atrofiador, pobre, sin ambición, en el cual ya nadie cree ni quiere luego de 30 años de uso, abuso y al final poco, porque privilegia el presente y relega el futuro. Colombia cedió en los TLC los sectores del futuro por culpa de la competitividad, mientras los países avanzados tienen en el frente de los conceptos y de los objetivos, la productividad.
  5. Los pactos transversales son lo mejor del Plan, y ahí está parte de la idea de unos focos estratégicos inteligentes para el desarrollo de la producción, del conocimiento, de la innovación, el emprendimiento, y la equidad.
  6. En el Plan se dice que el presidente de la República estará siempre atento y hará presencia en la evolución de la PDP y de CTeI, a través de la Alta Consejería en cabeza de Carlos Enrique Moreno, que fungirá como una instancia superior de coordinación, lo cual es una buena cosa, no solo por su capacidad, sino porque los presidentes deben estar al frente de la agenda por la productividad durante unos años, mientras los otros actores cogen la rienda.

Próxima columna: La maldición del petróleo en Venezuela y Colombia.

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