El imputado mayor y la jueza

“El juicio a un expresidente”
Álvaro Uribe Vélez

Cantidades de libros, millones de páginas en expedientes de investigaciones que no avanzan, horas interminables de grabaciones que suman días, artículos y columnas que dan para una enciclopedia universal de delitos cometidos por políticos, narcotraficantes, paramilitares, miembros del ejército y de la policía, empresarios asaltantes de tierras, jueces y fiscales intimidados y/o corruptos, decenas de testigos asesinados, cortes amenazadas, congreso infiltrado y casa presidencial tomada. Es el universo en tinieblas que rodea la vida y obra de un temible y aún poderoso innombrable.

Todo comenzó hace cuarenta años cuando se inició su vida pública. No sabemos cuánto más durará. Pero si sabemos que su camino es cada vez más estrecho. Ya no son corredores de amenazantes seguidores de ultra derecha. Ahora un bloque de guardaespaldas y de abogados lo protegen, mientras jueces y magistrados lo cercan. Los partidos políticos afines, poco a poco lo abandonan aprovechando las elecciones que se avecinan. Solo le queda su fanático Partido Antidemocrático.

ÉL sólo se metió en el túnel sin salida, que es el juicio por falsos testigos y fraude procesal contra un impoluto y brillante Senador. ÉL, el enjuiciado, escribió en los últimos diez años el libreto de una película de terror, y las páginas de una novela de la infamia. El final solo lo sabe ÉL y su abogado, el arquitecto del sistema acusatorio, pero no será ÉL quien lo escriba. Serán los jueces de Colombia y/o los magistrados de la Corte Penal Internacional.

El juicio por falsos testigos y fraude procesal

Primero buscó 22 falsos testigos. Ninguno apoyó su trama para inculpar al Senador. Por eso la Corte Suprema de Justicia le dio casa por cárcel. Dados los vacíos y contradicciones normativas en el sistema penal, su expediente terminó en la Fiscalía, aunque serios juristas dicen que la Corte no debió perder su competencia porque la decisión tomada y consignada en más de 1.500 páginas daban para que el alto tribunal cerrara el caso, condenándolo.

El abogado mayor de ÉL, creador del enredado y obscuro sistema acusatorio, logró el traslado del expediente, y una jueza de garantías, como si no hubiera leído lo actuado por la Corte, levantó la medida de aseguramiento, pero ÉL no perdió la condición de imputado. Por aquello de los interminables recursos que pueden interponer víctimas y victimarios, un juez de conocimiento conservó la libertad del imputado, aunque dijo que lo actuado por la Corte era la columna central del proceso.

Ya en la Fiscalía, un fiscal de bolsillo que ha oficiado como defensor del victimario y no de las víctimas, como en derecho está obligado, pidió la preclusión. Ahora otra jueza tiene el caso, y después de ocho días de una agotadora exposición del fiscal pidiendo la preclusión, las víctimas, a través de cuatro juristas, han comenzado a exponer la defensa de sus clientes y su defensa propia en el caso de un ex fiscal general de la nación y de un ex vice fiscal. Al momento de escribir esta columna, solo había intervenido el defensor del Senador.

ÉL determinador      

Seis días se ha tomado el defensor del Senador para desmontar la farsa creada por el fiscal defensor del imputado, que había rescatado seis falsos testigos para actuar en contra del Senador. Esos seis personajes, paramilitares y narcotraficantes, los había desechado la Corte Suprema porque sus declaraciones nada aportaban, nada decían. De esta manera, a los 22 falsos testigos se suman otros 6, entonces son 28 los de la saga criminal que armó ÉL expresidente y exsenador contra el Senador. Pero todos se le cayeron. Los primeros 22 porque no aceptaron actuar a favor de ÉL, y los 6 resucitados por el fiscal, también se cayeron porque no fue cierto lo que dijeron en contra del Senador. Mentiras, calumnias y falsedades, tal cual bandidos y criminales amigos de ÉL, incluso, uno es pariente.

Entonces, el juicio ha derivado en algo inesperado e histórico para Colombia, algo que ya se sabía, pero un país que no lee, con escasa cultura política, mal informado y neutralizado por los grandes medios, no entiende no sabe no le interesa. El determinador de esta trama estúpida, malvada y criminal, es ÉL. Lo dice la medida de aseguramiento de 1.500 páginas.

ÉL estuvo detrás de todos y de cada uno de los pasos mediante los cuales armó su ataque al Senador y a otra víctima, un ex paramilitar preso en la cárcel de la Picota en Bogotá, que tampoco se ha retractado a pesar de presiones ejercidas por los abogados de ÉL y por otros malandros. Esa persona, cuya exesposa también es una víctima, exiliada, y defendida por otro gran abogado, tiene la información de los nexos de ÉL con el paramilitarismo en una región de Antioquia, en el seno y entorno de la hacienda Guacharacas, que fue de su propiedad.

ÉL presidió reuniones. ÉL era informado por el “aboganster” que cumplía sus órdenes. ÉL daba instrucciones. ÉL tenía o tiene línea directa con tanto alias que llenan los despachos judiciales y ocupan muchas celdas en las cárceles de Colombia. ÉL se inventó la estrategia de los 22 falsos testigos, y de los otros 6 rescatados por el fiscal gregario de sus defensores.

La jueza           

Una vez termine la defensa de las víctimas de presentar sus argumentos, la jueza debe decidir si precluye o lo manda a juicio. Es imposible la preclusión a pesar de todas las posibles presiones que estará recibiendo. Ella tiene carácter, solidez jurídica, y manda en las audiencias. Tiene dos caminos: uno, precluir, ganarse un ascenso al final del actual gobiernol, abrir una cuenta en un paraíso fiscal, y acabar de hundir a la justicia; o dos, manda a juicio al “gran señor” como lo llama uno de los seis paramilitares que mintieron a su favor, con una decisión contundente que marcará la recta final del proceso judicial más importante de la historia de Colombia en los últimos ochenta años. En un tiempo ganará Colombia una gran magistrada que habrá recuperado la embolatada grandeza de la justicia. En sus capacidades y honestidad está el futuro político y de la paz de Colombia. Ella puede poner fin a la infamia o ahondar la decadencia institucional y política del país.

El caso volverá a la Fiscalía para que este ente acuse y otro juez lo condene. Pero, el camino a la CPI no queda cerrado, porque ya se sabe también que ÉL ha sido el determinador de muchos crímenes de lesa humanidad, con los falsos positivos a la cabeza. No creo que los ex generales y el exministro que firmó la directiva de los falsos positivos, vayan a decir que fueron ellos los determinadores, y que ÉL nada sabía. ÉL está cada vez más solo. En su desgracia hablarán muchos que hasta ahora no se han atrevido. ÉL se defenderá, ya lo empezó a hacer con la carta que le envió a la CPI diciendo que es un perseguido político del Senador. Por ahí será la última defensa en esta parte de su juicio. No tiene otra, no tiene más.

P.D.: Sobre el Congreso de la República. Están aprobando leyes que blindará al procurador, al fiscal y al contralor, de cualquier desmán que comentan en su gestión. Asimismo, cualquier profesional podrá ser Fiscal General, y seguramente aprobarán el articulito que cambia la ley de garantías, para comprar las elecciones del 2022. ÉL será condenado pero los políticos seguirán destruyendo a la nación.