El colapso de una tiranía

“En Colombia los jóvenes y las mujeres de menores ingresos no encuentran empleo, sufren, tienen hambre, son discriminados, viven en medio de la violencia y en pobreza eterna. La clase media y los ricos pobres también van para pobres. No hay renta básica ni una estrategia inteligente de reestructuración económica y generación de empleo”

Hace 28 días, el 28 de abril, se inició el Paro Nacional con el cual se tumbó la reforma tributaria, luego vino la victoria de la universidad gratuita para los jóvenes de los estratos 1, 2 y 3, y después se retiró la reforma a la salud. Se caerá también la de pensiones y cualquier reforma que signifique inequidad, concentración de la riqueza, beneficios billonarios para el 1% más rico, limosnas para los pobres y vulnerables y sacrificios a una clase media que está siendo empujada a la pobreza.

Represión        

Mirando distintos videos pude analizar la marcha del 12M en la ciudad de Pasto. Me llevaron desde el punto de concentración hasta el lugar de llegada. Veinte mil personas. Un infiltrado de la policía en la primera línea más una docena de encapuchados atacaron la alcaldía y la gobernación. Solo vidrios rotos que dan la apariencia de algo inmenso y pavoroso, que los grandes medios amplifican. En la plaza de Nariño mientras la marcha ingresaba para participar en un concierto, los infiltrados agredieron la gobernación, apareció el Esmad y la fiesta se acabó.

Al final, un puñado de anormales destruyen una manifestación pacífica y alegre. Eso muestra que los veinte mil de la marcha no eran vándalos ni fueron con propósitos violentos, pero es la violencia con la cual actúa la “autoridad de Uribe” contra la protesta justa y pacífica motivada en el mal gobierno de Duque.

Empleo y renta básica

Son las dos caras del mismo problema. La renta básica es un mecanismo de defensa inmediato, porque es una ayuda monetaria con recursos públicos (también deberían aportar el 0.1 más rico), para darle a la gente pobre que no tiene empleo formal o informal, y cuya precariedad monetaria se ha duplicado con la pandemia.

De todas las propuestas la que más me gusta es la que lidera el senador Iván Marulanda, soportada en un trabajo de Garay y Espitia, porque es aterrizada y resuelve en gran parte la angustia social. La renta más alta no llega al salario mínimo (porque es imposible), y la más baja no es tan escasa como la que está dando el gobierno. Esos recursos pueden alcanzar hasta lograr la inmunidad de rebaño y un poco más, mientras la economía se reorienta y despega. Esta es la parte fácil de la solución, porque son transferencias de una cuenta pública a unas particulares.

Ahora bien, el tiempo para la renta básica es corto. Aún en circunstancias óptimas nunca sería suficiente, y en una economía sub óptima, como la de Colombia, volvería a los ciudadanos pobres en desempleados estructurales. Entonces, surge un problema complicado porque un empleo digno y permanente es lo único que puede reemplazar al subsidio.

Una economía óptima está determinada por la calidad, composición, diversificación, disrupción,  complejidad, competitividad y productividad de la estructura productiva. La discusión debió partir de ahí antes de los esperpentos tributarios de Carrasquilla en 2019 y 2021, porque las reformas tributarias son para desarrollar la economía y la sociedad y no para tapar huecos fiscales producto de incentivos al 0.1% más rico.

Un país cuyas políticas están alejadas de la razón del cambio estructural y de la equidad, no son prioritarias en la discusión y en las medidas. Me parece que algunas conversaciones de los expertos se dan mirando al cielo y no a la tierra, por eso la reforma tributaria se hizo como se hizo. En la tierra la pobreza y la inequidad, en el cielo el hueco fiscal y el 0.1% de los milmillonarios.

Los países más desarrollados y los emergentes inteligentes, pueden tomar medidas de renta básica y empleo de emergencia sin dañar la economía, porque disponen de condiciones estructurales para adoptar medidas transitorias que ayuden a la gente a superar los efectos en el empleo. De esta manera, hacen de la crisis una nueva economía. Las industrias, los servicios y las nuevas tecnologías tienen nuevos e inmensos campos de acción como se constata en Asia, Estados Unidos y en algunos países de Europa. El Brasil de Lula o de Dilma también lo hubiera hecho.

En Colombia no hay ninguna idea del gobierno y de los gremios en esta dirección para decirles a la educación y a la investigación qué  necesitan para darle sustento y viabilidad al cambio económico y social. Considerando que se ha perdido año y medio y se va a perder otro más, la crisis se acumulará y será aún más monumental. Así, la protesta no se va a ir, la desesperación aumentará la violencia también, porque el modelo neoliberal colombiano colapsó luego de treinta años de uso y abuso, de inequidad, injusticia social, inestabilidad fiscal y destrucción institucional, sobre todo en los gobiernos de Uribe y ahora en el de Duque. Todos los días aparecen nuevas fallas estructurales en la economía, en los tres poderes y en las instituciones, que necesitan de billones que no se tienen ni se tendrán si no se piensa una nueva economía que genere nuevas fuentes de ingresos para la nación y las personas.

De esta manera, los planes de crear empleo para los jóvenes y las mujeres, tienen como cuello de botella un sistema productivo fallido: atrasado, maquilador, franquiciador, especulador, rentista, importador, que entregó autonomía en los acuerdos internacionales lo cual le ha impedido construir complementariedades nacionales e internacionales en actividades de alto crecimiento y avanzadas tecnologías creadoras de empleo de alto nivel que arrastra hacia arriba a la gente en la pirámide laboral propiciando una dinámica virtuosa y sostenida de transformación productiva nuevos empleos y nuevas empresas innovadoras.

Entonces, el plan de empleo para los jóvenes debe impedir que sustituya el trabajo de los mayores, y debe salvar microempresas (incluidos emprendimientos innovadores en etapa temprana). A las micro no les ha llegado nada en los primeros paquetes de ayudas. Al desaparecer estas unidades de producción se interrumpe la cadena micro – pymes – grandes. Miles de microempresas están cerrando y seguirán cerrando porque para ellas no hay nada.

Se ha fortalecido la economía campesina porque se ha quedado con el mercado nacional, pero, vuelve y juega, el atraso, el lento o nulo cambio tecnológico, la poca diversificación y magros encadenamientos con actividades industriales, interrumpen el milagro campesino porque las ciudades no tienen industrias para la transformación. Además, los sistemas de comunicaciones y los servicios vitales de educación y salud en la ruralidad, son precarios.

Siete son los sectores en los cuales se debe centrar el plan de empleo de emergencia en los siguientes cuatro años.

  • Agricultura – agroindustria.
  • Industrias de salud y del cuidado.
  • Industrias 4.0 incluida la electrónica.
  • Educación desde la básica, con calidad y acceso para todos.
  • Ciencia y tecnología en los sectores productivos estratégicos, sustituir importaciones y fortalecer las cadenas de producción más competitivas.
  • Infraestructura en ciudades y el campo.
  • Energías alternativas.

Serían los grandes dinamizadores de una estrategia con dos agendas: una focalizada en los sectores mencionados, y otra de carácter transversal para todas las actividades, lo cual implica tener dos paquetes de instrumentos que deben ser parte de la nueva reforma tributaria una vez se eliminen los estímulos existentes. Sería un quiebre de partida en el enfoque de las políticas económicas dirigidas al desarrollo productivo y la innovación, y un quiebre en el pensamiento económico que permita transitar de un crecimiento medio a uno de alto desempeño y desarrollo. Si la estrategia de empleo no tiene dirección estratégica, se gastarán ingentes recursos escasos y dejarán al siguiente gobierno un problema monumental y a la sociedad en un colapso total. Este descalabro es el legado de Uribe con la complicidad de Duque y Carrasquilla en dos décadas de tiranía  política y de desmanes económicos sin retornos.

Tan prisionera está la economía de los errores cometidos que no tiene una estrategia para montar una fábrica de vacunas ni convertir los resultados de investigación de las convocatorias del Minciencias en nuevas empresas innovadoras de una industria de salud que es intensiva en recurso humano de alto nivel.

Oportunidad para cambiar

Es el momento para sacudirse de malas políticas internas y externas. Treinta años sin políticas contundentes y sostenidas para la transformación de la producción, han apabullado y encapsulado la inteligencia  de empresarios, tecnócratas y académicos.

La nueva generación de economistas debe pensar el futuro de nuestro desarrollo desde aproximaciones más heterodoxas, innovadoras, creativas, retadoras e interdisciplinarias. Deben dar luces a los estudiantes, al estado, a los trabajadores y a los empresarios para repensar y construir una nueva sociedad.

La reciente columna de Cecilia López relacionada con estas reflexiones, es valiente, sensata e inteligente, escrita desde el umbral de la experiencia y de la conciencia que trae los años en este momento de transformación. Mucha ciencia básica, mucha nueva economía y mucha ciencia social se necesita en este momento, pero no pueden ser funcionales a un neoliberalismo depredador.

Se ultiman detalles de la nueva reforma tributaria donde se insiste en elementos regresivos que alimentaron el paro, como el impuesto de renta a los salarios y pensiones de más de seis millones de pesos, que, por una amañada medición es considerada clase alta o rica. Ese impuesto debe ponerse a salarios y pensiones de más de diez millones, con tasas diferenciadas y no una tasa única como propone Anif, agencia de las malas ideas de Sarmiento. No puede haber trampa a la protesta, porque dinamizaría la movilización, crecería la desconfianza, la violencia y la represión.

Muchas reformas necesita Colombia porque cada vez que se aborda un tema, no se ve salida distinta a la necesidad de cambios constitucionales. Como dijo Alejandro Gaviria en reciente entrevista en Caracol Televisión: “Colombia necesita un nuevo pacto social”.

@acostajaime

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