Sobre los cupos de endeudamiento

El gobierno de Claudia López ha gestionado los mayores recursos por cupo de endeudamiento en la historia de Bogotá. La ciudad venia disminuyendo su endeudamiento hasta 2018 cuando cambió la tendencia.

En 2020 la administración solicitó 10,8 billones de pesos por este mecanismo, en medio de la peor crisis económica y social que la ciudad haya tenido en su historia reciente. La crisis trajo consigo mayor desempleo, un rompimiento del tejido empresarial y necesidades sociales extraordinarias como mayor pobreza y desigualdad. Esto implicó menor recaudo tributario y mucho más gasto público.

Este monto máximo representa el 63% de los ingresos totales de la ciudad en un año[1]. Si este cupo se ejecuta en su totalidad equivale a menos del al 5,3% del PIB de Bogotá, y sus vencimientos están dispersos entre los 2 y los 20 años. Esto no violaría los topes de endeudamiento establecidos por la ley y tampoco representaría un riesgo para la sostenibilidad de la deuda. Sin embargo, el endeudamiento actual aún no pasa del 3,2% del PIB ya que ese máximo autorizado no se ha ejecutado en su totalidad.

Esos recursos, que se pidieron principalmente para enfrentar la emergencia social y para la iniciar la reactivación económica, tuvieron como principales ganadores a sectores como la movilidad, por su gran potencial de generación de empleo, la educación y el sector salud, por la urgencia de ponerlo a punto para enfrentar nuevas olas de la pandemia. Aunque también se destinaron recursos para la lucha contra la pobreza y para reactivación del tejido empresarial.

Muchas de las inversiones que se plantearon con dicho cupo de endeudamiento son, por su naturaleza y complejidad, plurianuales tal como la construcción de colegios y las obras de infraestructura, que representan más de la mitad de los recursos aprobados, por lo que su ejecución no se puede realizar de un año para otro, la mayoría de estas obras tienen tiempos de ejecución superiores a 3 años. Es decir que se van a inaugurar en el próximo gobierno, e incluso megaobras como el metro de Bogotá se van a ejecutar hasta 2028.

El porcentaje de ejecución hasta abril de 2022 de dicho cupo de endeudamiento es de solo un 43% y los resultados de los planes sociales y de reactivación económica hablan por sí solos. La pobreza monetaria cayó entre 2020 y 2021 en 4,3pp lo que implica que más de 322.000 personas salieron de la pobreza en ese periodo de tiempo. A su vez, la pobreza multidimensional disminuyó por debajo de los niveles prepandemia cayendo 1,8pp. Por su parte el desempleo también cedió 2.2pp durante el año.

Por supuesto estos excelentes resultados para la ciudad no son únicamente debidos a la actuación de la alcaldía. La resiliencia del tejido empresarial y las políticas del gobierno nacional complementaron los esfuerzos locales. Sin embargo, es innegable que la administración ha procedido con cautela en la ejecución de dicho cupo de endeudamiento y tenerlo en las condiciones de incertidumbre que se vivieron, no solo era necesario sino responsable.

Ahora la administración plantea un nuevo cupo de endeudamiento por 5,8 billones de pesos para la construcción de nuevos colegios y para los estudios y compras de predios necesarios para la segunda línea del metro de Bogotá.

A primera vista podría pensarse que, si solo se ha ejecutado un 43% del cupo de endeudamiento vigente, ¿para qué pedir más recursos? Parte de la explicación es que los recursos no se han ejecutado en su totalidad porque no se puede, se deben esperar varios años para su ejecución, eso no quiere decir que no están comprometidos.

Pero también es importante tener en cuenta la situación macroeconómica internacional. Bogotá es un buen pagador, sus colocaciones de bonos en el mercado han sido bastante exitosas y aún estamos en un escenario financiero favorable. Sin embargo, la incertidumbre está aumentando, los bancos centrales están profundizando en su normalización monetaria y dentro de poco conseguir dinero en el mercado internacional no solo será más caro sino mucho más difícil.  Si hay gastos que permitan activar transversalmente varios sectores de la economía y generar empleo y capital humano y que puedan ser financiados con deuda, este es el momento de hacerlo ya que el próximo año la situación será mucho más complicada.

[1] https://www.shd.gov.co/shd/sites/default/files/files/credito_publico/informacion_relevante/2022/090222-141606.pdf

Guillermo Sinisterra

Economista de la Pontificia Universidad Javeriana. Es Doctor en Filosofía de la Unversity at Buffalo, PHD en Economía. Es profesor de la Pontificia Universidad Javeriana; gerente de CARS NET y profesor asociado del Colegio de Estudios Superiores de Administración.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Perdiste tu contraseña?

Lost Password