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Colombia, lecciones no aprendidas

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Jaime-Polanco
Jaime Polanco

Llevamos dos semanas de vértigo político y social en Colombia, y muy pocos deciden aventurarse a explicar qué está ocurriendo

Adoctrinamiento institucional, reprobación a un ministro, niños muertos en un bombardeo, leyes que se caen, embajador parlanchín hablando de más, y por si fuera poco, una movilización de diversos sectores de la sociedad para protestar por la ‘apatía’ gerencial del gobierno personalizada en su Presidente.

Pero ¿qué ha ocurrido para pasar de unas razonables buenas noticias económicas, que auguraban unos semestres de abundancia, a un caos de semejante magnitud?

Colombia no es ajena a los movimientos sociales que azotan la región. Las protestas estudiantiles en Chile, la de los indígenas en Ecuador, las de todos en contra del atraco electoral en Bolivia, hacen que los países que de nuestro entorno, hagan de campana de resonancia, del clamor sobre la desigualdad y la injusticia social.

Las movilizaciones que el gobierno se empeñó en estigmatizar descalificándolas mediáticamente, se volvieron cual efecto boomerang en contra. Más gente, más sectores, más colectivos y sobre todo más efecto mediático, han hecho que las movilizaciones hayan sido con sus disturbios incluidos, portada de todos los medios de comunicación del mundo. Primera lección, si querían silenciar y desacreditar las marchas, no solo no lo han conseguido, sino que esta puede ser la avería más grande en 20 años de la imagen de Colombia.

Segunda lección, no subestime la capacidad de manifestación de la gente. Para el gobierno la cifra de medio millón de manifestantes era aceptable y sería incluso bien recibida para el varapalo que se esperaban. Los primeros informes de asistencia cifrando en algo más de doscientos mil los que asistieron en todo el país, produjeron el relajo en el entorno del Presidente. Rápidamente (tercera lección) salió a minusvalorar la misma y sus efectos en la sociedad. Error, las marchas siguieron y además incorporaron una práctica muy de otros países como es el cacerolazo, ruidoso y molesto. Desgraciadamente, la marcha dejó varios muertos por diferentes razones y cientos de heridos de diversa gravedad.

Cuarta lección, no se guíe por el deseo, hágalo por la realidad. La manía que tienen los actuales dirigentes políticos de manejar los asuntos de estado vía la presión de las redes sociales, ha demostrado lo equivocados que estaban. Los han engañado, toreado y además inducidos a tomar decisiones de orden público, basadas en noticias falsas y orquestadas muy profesionalmente desde diversos sectores de la oposición.

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Quinta lección, si en un partido de fútbol le ganan por 7 a 0, acéptelo con humildad y reconozca que algo estaría mal hecho en el planteamiento táctico del mismo. Por el contrario el gobierno sin reconocer ningún daño colateral, se empeña en minimizar los efectos, llamando erróneamente a la mesa a los empresarios y comerciantes, alcaldes y gobernadores dejando para el último lugar, a los responsables de las movilizaciones. Ante este desplante, las marchas seguirán según los más pesimistas, hasta mediados de diciembre para dar un merecido descanso navideño a unos y otros.

Sexta lección, el que tiene las armas tiene el poder. Si tras los disturbios del jueves, el gobierno decide sacar al ejército a la calle, duplicar los efectivos policiales y emprender toda una batalla campal para desarticular a varios cientos de oportunistas tratando de incendiar y saquear algunos comercios, se expone al que efecto empático multiplique por mil la gente que se suma a esos actos de vandalismo. Si además aplica un toque de queda, la ensalada ya tiene todos sus ingredientes. El espectáculo está servido desde el punto de vista mediático, que es lo que al final buscan los que infiltran este tipo de desarrapados en las manifestaciones pacíficas.

Séptima lección, ante semejante avalancha de noticias interpretables y muchas de ellas falsas, tenga un plan. No salga como el ejército de Pancho Villa cada uno a disparar por su lado. La policía, los alcaldes, la ministra del interior etc. Al gobierno le falta oficio en temas de comunicación, le falta un vocero que tenga prestigio y evite la exposición innecesaria del Presidente, quien además no goza de buena popularidad. Aprendan, todos los comunicadores de los diferentes órganos del gobierno en una estrategia conjunta y meditada previamente orquestada, hace más que los discursos inapropiados y descontextualizados de la oficina del Presidente.

Octava lección, no busque culpables donde no los hay. Echar a la oposición la culpa de todos sus males a estas alturas del partido, no es de recibo. El gobierno lleva dando papaya desde que comenzó su mandato. Nada de mermelada, nada de hacer amigos, nada de entendimiento con otras fuerzas políticas, nada de hacerse eco de las muertes violentas de líderes comunales o candidatos a las elecciones. Así solo se consigue que todos, excepto los que están pegados con pegamento, estén dispuestos a reprochar pública o privadamente todo lo que concierne a la vida política del país.

Novena y décima lección, conversen. No lo dejen para el final. La conversación ha demostrado puntos de encuentro inimaginables. Pero conversen abiertamente, sin miedos, sin barreras, sin prevenciones. Colombia necesita una gran conversación donde quepan todos, incluyente y sosegada. Sólo así, podremos avanzar en crear una sociedad más justa y más social.

@JaimePolancoS

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