Leyendo a Armitage: lo que tenemos es una gran oportunidad de arreglar esta crisis estructural

Perteneciente al 0.015% más rico de la población, empresario grande y también filántropo, exalcalde de Cali (porque le tocó como él mismo sugiere), Maurice Armitage es una voz necesaria porque es un reflexionador desde la orilla de los que tienen que reflexionar, y no desde la opuesta donde cualquier mensaje sería de inmediato desestimado y descalificado por anti-sistema, subversivo y comunista. Es como un filósofo práctico, dentro del capitalismo que ve más allá del capitalismo mismo. Una voz autorizada que hay que escuchar porque siendo parte del poder económico ha ejercido el poder político y por su talante ha podido sentir como pocos la naturaleza de la crisis estructural que tenemos en desarrollo.

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Sus respuestas en la entrevista de la BBC este 19 de mayo son mensajes importantes para quienes están en donde se origina la crisis estructural que hoy se manifiesta como un estallido social, que no es sorprendente ni exclusivo de Cali, o de Colombia, sino característica de Latinoamérica como región mas desigual del mundo, y tampoco ajena a casi todos los países en donde la exacerbación  del capitalismo neoliberal ha producido concentración de la riqueza para una ínfima parte de la población que viene acompañada, por consecuencia directa, con pobreza para una enorme mayoría de la población.

El empresario y exalcalde caleño había sostenido que en su ciudad se iba a generar un estallido por las inequidades socioeconómicas existentes, donde 100,000 personas se dormían con menos de una comida al día (hace 5 años según su frase), donde confluyen todos los problemas sociales, y se desarrollan todas las inequidades pensables. Según él, hoy después de la pandemia, hay 10 veces más motivos para protestar que hace 5 años: 55% de sus habitantes viven del rebusque (sin empleo formal, sin estabilidad) y a quienes la crisis de salud golpeó en forma severa por razones ya muy conocidas.

Para ilustrar el empeoramiento progresivo de la situación, cita el ejemplo de cómo en la industria azucarera, un solo ingenio ha reducido el empleo en proporción de 6000 trabajadores antes a 1500 ahora debido a la automatización, en una zona donde el agro ha sido la vocación económica predominante. En las zonas rurales dice, por fuera de las azucareras la gente no tiene nada que hacer: andan cultivando coca y marihuana porque cualquier otra cosa no les da.

Esta última cita nos obliga a pensar que a la pérdida de empleos hay que ponerle mucha atención porque va a ser uno de los problemas sociales radicales que enfrentaremos masivamente en el futuro cercano. Es necesario caer en cuenta ya, pues esta amenaza está cristalizándose en una nueva realidad, como la han venido advirtiendo pensadores como Harari (21 lecciones para el siglo XXI).

Y se despacha con una serie de frases que implican una reflexión muy fuerte para los de su propia clase (dirigente, empresarial, los verdaderamente ricos) que es necesario citar textualmente:

Estamos acostumbrados a ver el de abajo jodido siempre. Y eso lo aceptamos, no nos conmovemos con la pobreza ni con la angustia de los demás. En Colombia se cree que el rico tiene derechos y el pobre no.”

“Y esto no es implantar comunismo, ni locuras de esas, es implantar humanidad. A los gobernantes de este país les ha faltado humanidad. A los empresarios, a los dirigentes, a las élites en Colombia nos ha faltado calle, entender al otro.”

“Por supuesto… a las clases altas colombianas les hace falta contribuir más hacia el desarrollo del país. Yo siempre les he dicho a los sectores pudientes que hay que poner más comedores comunitarios, más gestores de paz, más colegios. Y ellos siempre responden con que eso es asistencialismo, paternalismo: que lo que ellos tienen que hacer es producir y pagar impuestos. Pero eso solo es válido en un país desarrollado, donde además de que el Estado funciona, los ricos pagan muchos más impuestos que en Colombia.

“Los ricos no han tenido una capacidad de entender los problemas, … se han desentendido de los problemas del país, viven sordos en una burbuja según la cual la pobreza existe porque la gente no trabajó lo suficiente, o por bruta.”

Reconoce que en la protesta y estallido social hay movimientos subversivos metidos en el paro. “Yo creo que sí, porque este paro fue muy bien organizado. Esto no es solo el descontento de unos sindicatos”. Sobre el vandalismo, opina “si el gobierno no le para bolas a las protestas cuando destruyen cosas, imagínate si no destruyeran nada. No es que yo esté a favor del vandalismo, pero lo entiendo”.

Y envía un mensaje fuerte que resulta contra intuitivo: “Es la primera vez que veo los estratos cinco y seis angustiados. Y eso es bueno, porque puede hacer que finalmente cambien su mirada”. “Incluso es positivo lo que está pasando en el país. Por primera vez la estabilidad del país, esa que les beneficiaba a ellos y solamente a ellos (refiriéndose a las élites), está amenazada. Y cuando las cosas tocan fondo, y eso que falta para llegar al fondo, las cosas cambian”.

¿A quienes les habla cuando se refiere a los ricos? A aquellos que tienen las soluciones reales porque ostentan el poder económico. Esto es igual en el mundo. Los ricos en el país, con riqueza de más de un millón de dólares (unos 3,600 millones de pesos) son apenas bordeando los 40,000 adultos, pero los bien ricos podrían ser solamente 5,200 adultos que poseen una riqueza de 5 millones de dólares o más (unos 18,000 millones de pesos o más) y que podrían ejercer poder económico real, según el Reporte de riqueza global del banco Crédit Suisse, citado por ElTiempo, 2019). Una verdadera tiranía de una minoría absoluta (como la habría calificado John Stuart Mill si viviera en esta época) que maneja el país por su influencia sobre el poder político (incluso con ejercicio directo en algunos casos).

Son estas muy pocas personas las que primero deben comprender los problemas del país y entender que mantener su ritmo creciente de prosperidad depende de que los pobres puedan tener prosperidad relativa también, tanto por razones de mercado (capacidad de compra) como por garantía de estabilidad (que es lo que Armitage señala como la razón por la cual “los ve angustiados por primera vez”). Con su comprensión (por pura lógica de negocios) y el mejorado sentido de humanidad que reclama el empresario, es a ellos a quienes corresponde condicionar al poder político para que obre en consecuencia, permitir subir sus tasas reales de impuestos y bajar las enormes exenciones que han logrado con su influencia política, reinvertir sus ingresos apostándole al país con tecnologías emergentes y sostenibles, reducir sus impactos negativos al ambiente, e involucrarse decididamente en la fuerte cruzada de moral que necesita Colombia para bajar la corrupción a toda escala y en toda actividad. Son ellos los que tienen en la práctica el poder de cambiar al país. No es manteniendo el status quo a punta de represión y algunas pocas concesiones marginales que habrá estabilidad en nuestra nación.

@refonsecaz

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