Cómo combatir el odio y el tribalismo, y cómo podemos ayudar a salvar lo que nos queda de democracia

Ahora ya no solo tenemos protesta, estallido social y represión. Ahora tenemos odio entre colombianos. Triste y más preocupante aún. La siguiente historia real es muy significativa y explica en parte lo que nos está pasando debido a la enorme polarización política que se alimenta de discriminaciones, clasismo y aporofobia, racismo y hasta intolerancia religiosa, que siempre han estado ahí entre nosotros, y que crecen como espuma con el auge de las redes sociales.

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En los últimos años las posibilidades de diálogo en la familia se habían reducido mucho. Tuvieron que declarar que no se hablaba de política porque cualquier intento de discusión terminaba en disgustos antes de 10 minutos. Es una familia convencional, de ingresos medios, con el papá atravesando su séptima década, proveniente de un pueblo de la zona noroccidental de Cundinamarca, en donde creció conviviendo con presencia guerrillera, dos hijos ya profesionales con su vida organizada y una hacendosa mamá. El papá había elevado a Uribe como salvador de la patria porque en su gobierno había podido regresar a su pueblo de visita.

En la historia de la familia pesaba también la terrible experiencia de dos tías que cayeron en un reten de la guerrilla en las que salieron heridas por balas perdidas del tiroteo que se formó inesperadamente; casi mueren allí. Carlos (nombre ficticio) ahora trabaja en tecnología en una entidad estatal (por lo que prefiere pasar inadvertido), es por supuesto un asiduo usuario de las redes sociales. En el 2002 votó por Uribe pero ahora ya no votaría por él, ni por el que diga él. Tampoco es petrista, ni se volvió comunista, ni es mamerto, ni de lejos subversivo, ni nada de lo que podrían tildarlo los uribistas por no ser uribista.

Se trata de un colombiano mas, preocupado por la falta de esperanza generalizada entre sus amigos, que hace su tarea y trata de vivir lo más dignamente posible. Aunque sabe bien del efecto de polarización que exacerba las redes sociales se sorprendió al ver el documental El dilema de las redes sociales (The social dilemma, Netflix) que lo hizo caer en cuenta del real y enorme poder de la manipulación que se logra allí. Conmovido por la consciencia que le generó, comentó con su papá y lo invitó a mirarlo, quien accedió después de varios intentos. Poco a poco fueron recuperando la capacidad de hablar sobre política, tema de gran preocupación para ambos, desde visiones totalmente diferentes, alcanzando 40 minutos sin desagrados.

Un día Carlos tuvo una idea singular al notar que pese a haber recuperado el diálogo en buena medida, era imposible discutir (discutir es la habilidad que tenemos los humanos de intercambiar información, argumentar opiniones e ideas, y al final tener la posibilidad de cambiar en parte los pensamientos que se tenían antes de la discusión). Estando en medio de uno de esos diálogos, en los que quedó muy claro que cada uno vivía realidades diferentes formadas a partir de la “información” que leían en sus redes sociales a diario, Carlos propuso a su padre intercambiar los celulares. ¡Genial!

El papá empezó a reconocer que no sabía que las manifestaciones pacíficas habían sido multitudinarias, ni que habían matado a un muchacho baleado en Pereira, ni que los desaparecidos por el paro eran por cientos. Carlos pudo comprender cómo funcionaba en vivo lo que decía el documental: un refuerzo permanente por Facebook, por los grupos de Whatsapp de las mismas noticias, los mismos temas ampliados y explicados con gran lógica (pero totalmente manipulada) en los trinos en Twitter, que hacía que el mundo de su padre fuera otro completamente diferente al que él estaba viendo. Carlos, desde hacía varios años, había adoptado la práctica de tener fuentes de varias tendencias y era buscador de fuentes sin tendencia específica, tal vez por su juventud, tal vez por la necesidad de comparar lo que veía y oía cotidianamente en su trabajo y de sus amigos en contraste con lo que oía de su padre permanentemente.

El ejercicio de intercambio los sorprendió a los dos. Ahora los diálogos pueden conllevar discusiones que no necesariamente terminan en consensos pero que les ha permitido a ambos reconocer mejor la realidad del país, y sobre todo entender que su vínculo no puede ni debe deteriorarse a partir de posiciones totalmente diferentes basadas en percepciones desfiguradas de la realidad.

Hasta aquí la historia de Carlos. El tribalismo, enfermedad social que sufría el papá de Carlos, no es un asunto menor. ¡No! Por el contrario, es una amenaza directa contra la democracia, que bien desvencijada tenemos ya, y por tanto tenemos que combatirlo como un deber supremo.

Aunque la historia de Carlos narra el tribalismo en la extrema derecha, al igual se presenta en la extrema izquierda con todas sus características con fuerza. El escritor y filósofo español Ayllón clasifica los pensamientos en tres grupos: dudas, opiniones y certezas, que se explican bien por sí solos. Los polarizados están llenos de certezas a partir de noticias parciales y noticias falsas. Las noticias parciales que les circulan en sus redes son parte de los hechos, pero solo aquellos hechos o aquella parte de los hechos que favorecen la posición ideológica. Las noticias falsas, que aunque puedan desmentirse después, ya no merecen si quiera una disculpa; las hemos visto de los dos extremos y en ambos también hemos visto que no sienten la necesidad de retractarse, porque tienen la seguridad de que sus seguidores reciben la falsedad como certeza y se quedan con ella como tal.  Saben y siguen al pie de la letra la conclusión de Mark Twain al respecto: “es más fácil engañar a la gente que convencerlos de que han sido engañados”.

Algunas recomendaciones nos trae Guadalupe Nogués, autora del libro Pensar con otros, en su imperdible conversación en TED Cómo hablar con otros que piensan distinto. Ella coincide fundamentalmente con los planteamientos del psicólogo social Jonathan Haidt estudioso del fenómeno que sintetiza el tribalismo como “la tecnología y el cambio en los patrones residenciales nos han permitido a cada uno de nosotros aislarnos dentro de burbujas de individuos con ideas afines” y advierte que es imprescindible tener contacto permanente con personas que pertenezcan a grupos ideológicos distintos, para poder bajar las muchas certezas que tienen las personas tribalizadas y que al menos sean opiniones que puedan ser susceptibles a ser modificadas con base en argumentación sin sesgo.

Una buena forma de empezar es invitar a las personas cercanas que aún tenemos para que vean el documental de Netflix, la conversación en TED, y hacer el ejercicio de Carlos. Con buena suerte, paciencia y persistencia, lograremos que, al igual que el papá caigan en cuenta y empiecen a dudar sistemáticamente de la información que les llegue y empiecen a verificarla. Su pensamiento crítico habrá empezado a ser rescatado y así también contribuiremos a rescatar al país poco a poco.

Para leer más sobre esta preocupación: Dogmatismo político, Atrapados entre extremistas de izquierda y de derecha no encontraremos solución alguna, Izquierda, derecha, polarización: ignorancia política y manipulación, Yo si tengo memoria, El fascismo amenaza de la mano del populismo, el fanatismo y las mentiras, El sesgo de confirmación: tan conocido, tan actual, tan funesto.

@refonsecaz –  Ingeniero, Consultor en competitividad.

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