Carta abierta al Papa Francisco

Papa-Francisco

Bogotá, enero 17 de 2021

Su Santidad
Papa Francisco
Ciudad del Vaticano

Asunto: Solicitud nueva encíclica social sobre SOLIDARIDAD, SUBSIDIARIDAD Y DEMOCRACIA

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Santo Padre:

El Pensamiento Social de la Iglesia Católica desde  la promulgación de  RERUM NOVARUM, con posteriores encíclicas tales como QUADRAGESIMO ANNO, MATER ET MAGISTRA, POPULORUM PROGRESSIO,  LABOREM EXCERSENS, SOLLICITUDO REI SOCIALIS, CENTESSIMUS ANNUS, promulgadas por los Santos Padres que le han antecedido a usted como Vicario de Cristo, y recientemente, con los trabajos de  LAUDATO SI´ y FRATELLI TUTTI,  frutos de su guía e inspiración, configuran un robusto y sustancioso cuerpo de doctrina de necesaria referencia para la comunidad cristiana en general y para personas de buena voluntad, que desde otras orillas de fe y de creencias filosóficas, buscan hacer aportes al desarrollo de instituciones sociales, económicas, políticas y ambientales.

A lo largo de ese cuerpo de doctrina hay un compromiso perseverante y consistente con la dignificación de la PERSONA, sujeto antropológico capaz de abrazar, al mismo tiempo que trascender, lo que en cada ser humano hay de individuo en lo privado, de ciudadano en lo público y de creatura ligada a diversas cosmogonías científicas y religiosas.

También es común denominador en la tradición del pensamiento social de la Iglesia católica, su aproximación igualmente crítica hacia modelos económicos, sociales y políticos que quieren endosarse unos a visiones individualistas mercadocéntricas y otros a visiones colectivistas estadocéntricas.

El principio de SUBSIDIARIEDAD ha sido otro iluminador concepto recurrente en la doctrina social de la Iglesia. La SUBSIDIARIEDAD ayuda en la búsqueda de fórmulas para garantizar la concurrencia entre la persona, las expresiones de la sociedad civil, las organizaciones empresariales que, en el ejercicio responsable de sus espacios de autonomía, buscan aunar esfuerzos con las agencias del Estado, en todo lo que concierne a la gestión del BIEN COMÚN.

San JUAN XXIII y San PABLO VI hicieron importantes aportes para reflexionar los temas del desarrollo económico, sus dimensiones rurales y urbanas, así como sus implicaciones en el marco de las relaciones entre las naciones.

San JUAN PABLO II en las encíclicas que él gestó, hizo aportes visionarios haciendo de la SOLIDARIDAD un principio inspirador para concebir nuevas instituciones y prácticas sociales, económicas y políticas, un valor sombrilla capaz de integrar los valores de la caridad, la justicia y la verdadera y profunda liberación.

Los tiempos que corren plantean serios retos a la humanidad entera y la Iglesia Católica sigue siendo faro de luz en medio de las incertidumbres que irrumpen en el horizonte.

Cuando la libertad es reducida por muchos al libertinaje, la igualdad al igualitarismo ramplón y la fraternidad al sectarismo, la encíclica FRATELLI TUTTI exhorta a una fraternidad abierta, una fraternidad que salga de los encierros sectarios y se ponga al servicio de los otros, otros que con su legítima diversidad nos interpelan.

Igualmente, ante la amenaza que representa el populismo para las democracias, Su Santidad en FRATELLI TUTTI ha hecho explícita claridad para no permitir confundir la reivindicación de lo genuinamente popular con esas estrategias y narrativas totalitarias que se mimetizan en las propuestas populistas.

Valiosos aportes también hace FRATELLI TUTTI para afrontar los retos de la cultura, particularmente aquellos asociados a los temas digitales en sociedades con sobredosis de información precaria y dificultades para promover prácticas de comunicación limpia capaz de generar propósitos de comunidad y comunión de sentido.

LAUDATO SI´ ha sido una puesta al día de la Iglesia Católica y su magisterio para asumir los retos que la humanidad tiene en materia de sostenibilidad ambiental, cambio climático y cuidado de la casa común.

En los tiempos que corren, Santo Padre, y los que se avecinan inminentemente, los católicos y las personas de buena voluntad necesitamos que la Iglesia Católica en su pensamiento social desarrolle y profundice en una nueva encíclica las necesarias relaciones que hay entre el valor de la SOLIDARIDAD, el principio de SUBSIDIARIEDAD y el cuidado de las DEMOCRACIAS.

Claridades al respecto allanarán y ayudarán a la convivencia al interior de las naciones y entre las naciones.

DEMOCRACIAS que articulen lo local con lo global y la participación con la representación en un mundo cada vez más digitalizado; SOLIDARIDADES que se ejerzan como derecho autónomo que tienen los sujetos sociales y empresariales y SUDSIDIARIDAD que ayude a despejar ecuaciones sociales, políticas  y económicas para lograr la inteligente concurrencia entre el ESTADO, el mercado y el sector comunitario para responder de manera competente a los grandes retos que hay por delante en relación con la gestión del BIEN COMÚN, son necesidades sentidas en el mundo de hoy, ante las cuales, nuestra Iglesia, está en condiciones de hacer valiosas aportaciones, en virtud de la consolidada y robusta doctrina social labrada a lo largo de más de cien años de pensamiento, evangelización y acción.

Santo Padre, reciba con su corazón abierto esta amorosa sugerencia que hago como persona católica y de buena voluntad.

La audacia de una carta abierta dirigida a usted, se explica por el entusiasmo que me produce aportar a nuestra iglesia y a nuestras comunidades, la tesis renovadora, que nos permite entender y vivir la SOLIDARIDAD, no como deber de obligatorio y aburrido complimiento, sino como un derecho que todo sujeto puede ejercer desde su sagrada autonomía; derecho y facultad que debe ejercerse de manera creativa, alegre y SOCIALMENTE COMPETENTE.

La CARIDAD es el primer momento de la SOLIDARIDAD; dar el pescado para atender la situación apremiante y urgente; momento en que ponemos a prueba nuestra inteligencia emocional.

La JUSTICIA es el segundo momento de la SOLIDARIDAD; repartir el pescado con equidad, para dar base estructural a la dignidad del ser humano; momento en el que ponemos a prueba nuestra inteligencia ética.

Y finalmente, la LIBERACIÓN es el momento culmen de la SOLIDARIDAD. Aprender a pescar con el OTRO siempre será fuente de mutua y recíproca dignificación y liberación de las mejores posibilidades de nuestro propio y sagrado ser; momento en el que ponemos a prueba nuestra inteligencia estética.

Dios lo bendiga Santo Padre y en sus oraciones mucho agradezco que interceda por mí, por mi familia y mi país, Colombia, ante el DIOS CREADOR que nos religa con su profundo amor y misericordia, ante JESUS, EL CRISTO, redentor y maestro en solidaridad y ante EL ESPÍRITU SANTO, dispensador de carismas y dones para el anuncio y la esperanza.

 

Alfredo Sarmiento Narváez
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