La nueva Europa

Tras la caída de la Unión Soviética y la emergencia del Euro, el nuevo milenio inició lleno de esperanza europea. La frustración con el marasmo regulatorio de Bruselas y la aparatosa salida del Reino Unido, llevó al bloque económico más grande del mundo a perder relevancia. No fue el viejo continente el que retó la hegemonía americana, más bien fue un gigante asiático que emergió. China fue reemplazando a EEUU como principal socio comercial de Asia, África y partes de América Latina. Pero con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el proyecto europeo está encontrando un nuevo propósito, más asertivo. Así las cosas, los aires de cambio podrían significar una nueva Europa.

Al comienzo de siglo, de las 100 empresas más valiosas por capitalización de mercado, 41 estaban basadas en Europa. Hoy tan solo quedan 15 y solo una está entre la primeras 20. Ninguno de los gigantes tecnológicos como Apple, Facebook o Google emergió de Europa. Los dos más grandes, Skype y Spotify no son ni la veinteava parte de los grandes. Inclusive, solo Apple es más grande que todo el índice DAX de las 30 empresas más grandes de Alemania.

Aun antes de la invasión rusa, Europa se estaba sacudiendo. Entre el 2018-2021 el continente aumentó del 10% al 18% el capital de riesgo global para empresas tecnológicas. Según datos de Dealroom, Europa tiene ya 65 ciudades “unicornio” donde se ha fundado por lo menos una empresa de tecnología como mínimo de mil millones de dólares. En el mismo sentido, su gran sistema de educación favorece una nueva actitud: de las 350 empresas emergentes en tecnología evaluadas por Index Ventures, hoy 17% son propiedad de emprendedores frente a tan solo 10% hace 5 años.

También sorprendió a muchos esta nueva actitud europea frente a su rol como defensor de la democracia. Europa se alzó con una sola voz, al nivel que Suiza famosa por su neutralidad tomó partido. Esta nueva actitud de liderazgo también está reorganizando el gasto de seguridad de la región. Hoy todos los países juntos gastan menos de la mitad que EEUU. Alemania por lo menos empezó un ejercicio de renovación de $100 mil millones de Euros. La respuesta unida contra Rusia les hizo recordar que es más lo que tienen en común que lo que los separa.

Europa es un gigante dormido que mostraba fatiga de expansión y profundización, este impulso le permitiría estrechar el proyecto europeo para lograr su potencial. Paradójicamente, aunque todavía hay muchas barreras para lograr un mercado común europeo, es probable que un enemigo externo común permita una mayor integración. En esto tampoco empiezan desde cero: Siemens le ganó GE, Adidas compite con Nike, y LVMH es líder absoluto.

Asumir mayor autonomía en la defensa de su continente puede incluso liberar de parte de esa responsabilidad a EEUU. La guerra de Ucrania borró grises, inclusive en Asia hay nuevas actitudes frente a países no democráticos. Rusia nos muestra que la integración económica no siempre evita las guerras cuando está ausente la democracia. La nueva Europa toma especial relevancia si empieza una nueva guerra fría con EEUU-Europa versus China-Rusia. Este resultado sería trágico, pero sin duda algo bueno está pasando en Europa.

Simón Gaviria

Exdirector del Departamento Nacional de Planeación Economista de la Universidad de Pennsylvania, especializado en Matemáticas y Econometría. Trabajó como asesor de banca de inversión en J.P. Morgan. Representante a la Cámara durante dos períodos y director del Departamento Nacional de Planeación en el gobierno de Juan Manuel Santos.

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