La bolsa de valores Colombia

La bolsa de valores de Colombia es muy pequeña, no gusta y es un mercado que no tiene profundidad, no atrae un gran número de compradores ni nacionales ni extranjeros y no atrae capital internacional de una manera estable. Además, es relativamente desconocido para las personas que no están en el sector financiero, es decir casi todos los colombianos.

El índice Colcap que sigue el comportamiento de las principales acciones de la bolsa de valores de Colombia, está compuesto por 19 emisores y desde 2012 este índice ha perdido más del 29% de su valor, mostrando el poco dinamismo y el poco desarrollo del mercado local. Es decir, que si una persona hubiera invertido 100 pesos en 2012 en el Colcap, hoy tendría 71 pesos, en casi 10 años perdió valor. No suena como un buen negocio[1].

Como contraste el índice S&P/CLX de chile ha caído solo 5% y el índice Dow Jones de Estados Unidos ha crecido 166,5% en el mismo periodo de tiempo.

En Estados Unidos existen múltiples índices bursátiles como el Dow Jones que incluye las 30 acciones de mayor capitalización y también se encuentran el Standar & Poor 500, el Russell 1000 y el Russell 3000 que siguen respectivamente a las 500, 1000 y 3000 empresas de mayor capitalización de la economía americana.

Nuestro famélico mercado de valores completo, incluso cuando estaba dividido en 3 ubicaciones, nunca ha pasado de 60 emisores, además lo que se vende en el mercado colombiano en un año es similar en dólares a lo que vende una acción de una compañía grande de Estados Unidos en un día.

Las explicaciones a este fenómeno son varias. Primero, nuestro regionalismo llevó a tomar una mala decisión. Intentamos consolidar acciones regionales tres diferentes bolsas. Teníamos bolsa de valores de Bogotá, la de Medellín y la de Occidente, que solo hasta el 2001 se unificaron en la bolsa de valores de Colombia. Esta polarización de los activos y cambios en las reglas de juego generaron que el mercado no avanzara mucho. De hecho, el índice Colcap nació solo hasta 2011!

La segunda razón es la falta de desarrollo de mecanismos efectivos de gobierno corporativo. Las empresas colombianas en general son empresas familiares, con concentración de poder en la toma de decisiones a favor de los socios fundadores y sin mecanismos fuertes de protección para los inversionistas minoritarios. Esto representa muchas banderas rojas para inversionistas extranjeros.

Por otro lado, los inversionistas internacionales buscan firmas que hayan pasado por procesos estandarizados de calificación de riesgo, esta calificación la imponen firmas calificadoras cuyos análisis deben ser pagados por las propias empresas colombianas. Este proceso además de largo, es costoso y obliga a estar dispuesto a hacer cambios profundos en diferentes áreas de las compañías, incluyendo su gobierno. Solo las firmas que se han proyectado para captar dinero en bolsas internacionales están dispuestas a pagarlo.

Es decir que las mismas empresas no están dispuestas a hacer lo que corresponde para estar en el mercado bursátil, porque no lo ven como una opción de financiamiento viable. Prefieren acudir al crédito o a las inversiones directas que a popularizar su capital. Eso solo muestra debilidad y también que no creen en el mercado.

Finalmente, la falta de educación financiera y los altos costos de acceso a las transacciones en Colombia previenen el desarrollo del mercado.

Mientras que en Estados Unidos el 41% de las personas menores de 35 años tienen algún activo del mercado de valores[2], en Colombia ese porcentaje es mucho menor.

En ese país, hay muchos más canales de acceso a las acciones, muchos más emisores, un mejor entendimiento del mercado y una tradición de confianza que permite que cualquiera pueda acceder a él, prácticamente a un costo 0.

Si en Colombia se quiere llegar a tener un mercado de valores profundo debemos comenzar por invertir en él, probablemente debería ser el mismo gobierno quien contribuya ese proceso, aumentando las fuentes de información y ofreciendo incentivos para participar en el mercado financiero, invirtiendo en educación financiera, no solo para las personas sino también para las empresas quienes deben aprender de las ventajas de ser públicas También se deben aumentar el número de canales de acceso y el costo de los mismos y mejorar la regulación para que fluyan las inversiones fácilmente.

@memosinist

[1] El resultado también es negativo si comparamos con antes de la pandemia.

[2]https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/03/25/more-than-half-of-u-s-households-have-some-investment-in-the-stock-market/

 

Guillermo Sinisterra

Economista de la Pontificia Universidad Javeriana. Es Doctor en Filosofía de la Unversity at Buffalo, PHD en Economía. Es profesor de la Pontificia Universidad Javeriana; gerente de CARS NET y profesor asociado del Colegio de Estudios Superiores de Administración.

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