Beneficios y alertas del POT

El plan de ordenamiento territorial es la hoja de ruta que guía el desarrollo de las ciudades durante un periodo de tiempo determinado. Para su construcción se hace necesario considerar elementos de integración regional, factores sociales, económicos, ambientales y de organización del espacio dentro de la ciudad. Para Bogotá es fundamental porque permite prever, por ejemplo, las necesidades de servicios públicos, incluyendo el transporte, la educación y la salud, al igual que las necesidades de servicio sociales que van dirigidos a las personas más vulnerables. Proyectos como el metro, la ampliación de Transmilenio, la avenida longitudinal de occidente y el Regiotram, deben estar incluidos en dicha carta de navegación, al igual que el tratamiento del sector rural de la ciudad que siempre ha sido subrepresentado.

Para la población el POT tiene efectos importantes sobre sus decisiones más fundamentales: dónde vivir, dónde trabajar, que transporte tomar, como y dónde recrearse entre otras.   Y también influye en la localización de las firmas, determina qué clase de industrias pueden operar en la ciudad, por ejemplo, estableciendo regulaciones ambientales que son prohibitivas para algunos sectores o vetando directamente su localización.

Bogotá, la ciudad mas importante del país que concentra el 26% de la producción nacional y mas del 14% de la población, dejó vencer esta hoja de ruta, establecida en 2000 y revisada en el 2004, pero que debió ser renovada hace ya casi 10 años y no lo fue y desde entonces la ciudad ha seguido evolucionando de una manera desordenada.

Las principales  consecuencias de crecer sin una hoja de ruta son: 1. El uso desordenado del suelo, 2. La falta de planes que determinen la mejor integración con la región, 3. Que no haya suficiente oferta habitacional, ni opciones de transporte 4. Que no haya una regulación ambiental adecuada, 5. Que no haya un manejo efectivo del espacio público para movilidad, entretenimiento y cultura.

La realidad de la ciudad es muy distinta a la que se sugería en el 2004 y cualquier intento que se hiciera para cambiar el plan debe tener en cuenta dicha realidad. El plan presentado por la actual administración, parte de un rezago en la planeación de la ciudad, pero trata temas fundamentales que, por un lado, ordenan algunos aspectos que se han ido desarrollando de manera desordenada, como los usos mixtos del suelo (Articulo 247) y por otro lado proyectan factores que tienen gran peso dentro del ordenamiento de la ciudad como la integración con la región metropolitana y el tratamiento explícito sobre la respuesta a los desafíos que implica el cambio climático.

La integración de Bogotá con la región se ha venido dando paulatinamente en los últimos 25 años. La ciudad aumentó en 35% su población desde el censo de 1993 hasta el de 2018, mientras que algunos municipios aledaños como Chía, han aumentado su población en mas de 189% en el mismo periodo. Muchas de esas personas trabajan en Bogotá y se transportan todos los días. Esto implica desafíos desde el punto de vista de integración regional que van a ser parcialmente solucionados con nuevos modos de transporte y el POT los aborda utilizando el transporte de trenes como eje integrador del territorio y dejando claras las necesidades de coordinación entre municipios de otras acciones, necesarias para la integración funcional de la región.

También se mantiene la reserva Tomas Van Der Hammen y se aumenta la estructura ecológica principal de 95 mil a 124 mil hectáreas protegiendo ríos, humedales y consolidando áreas de protección. También se detuvo el proyecto de la ALO norte por afectar dicha estructura.

El POT define que en áreas de uso de grandes servicios metropolitanos no es posible construir vivienda. Lo cual considero que es un acierto. Estas áreas son definidas para consolidar operaciones de tipo industrial y logístico y al restringir la construcción de viviendas en esa zona ordena partes importantes de la ciudad, para que se consoliden como centros de desarrollo industrial y logístico. Estas áreas están ubicadas en actuales aglomeraciones de empleo industrial y el POT solo está dejando de manifiesto una tendencia que se viene dando.

Pero hay algo que el POT no debería hacer y es influir directamente en la función de producción del sector privado, como está haciendo en este momento con el sector de la construcción. Preocupan dos cosas, fijar una cota mínima para el tamaño de las viviendas, tanto en metros como en número de habitaciones, que es como si el gobierno le dijera a un productor de arroz que el mínimo paquete que puede vender en el mercado es de un kilo. ¿Si el mercado quiere paquetes de media libra y de libra, porque el gobierno los prohíbe? Algo similar está pasando con estas limitaciones a la construcción, lo que puede generar ineficiencias en la asignación de recursos e incluso un colapso en la oferta de algunas edificaciones. Por querer hacer más, se puede estar haciendo menos.

Otro factor que ha generado controversia es el de las cargas que los constructores deben pagar a la ciudad. En términos sencillos cuando un constructor va a desarrollar un proyecto, debe compensar a la ciudad con espacio público u otra clase de obras. El nuevo POT aumenta la compensación del 20% al 60% (en algunos casos incluso más) haciendo aún más exigente para los constructores el proveer edificaciones, lo que va a terminar incrementando los precios a los que se ofrecen los productos finales.  Estas cargas reconocen la dificultad para proveer los servicios públicos necesarios a los nuevos proyectos, al igual que hace compensar a los constructores por el uso extensivo del suelo (la carga es mayor cuanto mas grande sea el proyecto).

Además, la ciudad se la juega por la renovación urbana como mecanismo de desarrollo de suelo residencial en los próximos años, esta es una apuesta que no corresponde con la historia, aunque también se está implicando la consolidación de la ciudad región integrada como estrategia de crecimiento, ya que las viviendas que se proyecta construir son inferiores a las que el DANE ha proyectado que se van a requerir en los próximos años para la ciudad. Si ese es el caso, la coordinación con los municipios vecinos en todo sentido, incluso presupuestal y dotacional, se vuelve de vital importancia.

El POT deja claras algunas de las tendencias que se han dado en la ciudad en los últimos años y las ordena, para que el funcionamiento sea más fluido. También, integra el medio ambiente y la estructura ecológica principal como ordenador del desarrollo de la ciudad. No es correcto que se mete demasiado en la función de producción de los constructores en varios sentidos: el tamaño y la altura de las edificaciones y la localización de emprendimientos comerciales que son necesarios para los nuevos desarrollos de la ciudad.

En suma, el POT mejora muchos aspectos que no habían sido tenidos en cuenta por sus antecesores. Ordena procesos vitales, integra la ciudad con la región y mantiene y refuerza la estructura ecológica principal.