El siete de agosto en Barichara

Barichara fundada el 29 de enero de 1705 por Francisco Pradilla y Ayerbe se encuentra localizada en la Provincia de Guanentá en el Departamento de Santander; no sólo es el municipio más bello de Colombia, es también monumento nacional, y goza del aprecio y cariño de propios y extraños. Barichara como casi todos los municipios colombianos se ha caracterizado por el fervor patrio y la manera como en fechas conmemorativas se enarbolan los símbolos patrios, las bandas de marcha de los estudiantes y las actividades organizadas por las autoridades locales.

Llama poderosamente la atención la forma como los habitantes de Barichara engalanan las bellas calles y frontales de sus casas con la bandera nacional, donde el tricolor del amarillo, el azul y el rojo hermosean las empinadas calles cubiertas de teja española y piedra. A diferencia de Sietes de agosto de años anteriores, el reciente Siete de agosto, fiesta nacional y día de posesión del nuevo gobierno, el pabellón nacional brilló por su ausencia en el pueblo de la vara florida. Pocas banderas de Colombia se vieron ondear en el cielo azul de Barichara. Sobre la Calle Sexta una de las calles más importantes tan sólo unas tres o cuatro banderas tímidamente se asomaron, cuando lo tradicional es verlas ondear a lado y lado de la vía. Lo mismo sucedió en el Parque Principal sede de despachos públicos, así como de la preciosa iglesia de la Inmaculada Concepción de Barichara, donde ni una sola bandera ondeó, más allá de una esquinera en una tienda de recuerdos típicos.

Se extrañó, en el cielo azul de reflejos caniculares en el mar de piedra de las calles, el poderoso amarillo, azul y rojo que a los colombianos hacen vibrar el alma cuando se iza la bandera nacional, es Colombia la que pasa. ¿Cómo interpretar la poca presencia de banderas el Siete de agosto de 2022 en las lindas calles de los “patiamarillos”? lo que pareciera fue una constante en diferentes municipios colombianos.

Podría ser el reflejo para ante la incertidumbre popular que provoca un nuevo Gobierno nacional que llega con la intención de cambiar todo, ojalá que el cambio que se anuncia no sea cambiar todo para que al final nada cambie y todo continúe igual. Son muchas las esperanzas que se han fijado ciertos sectores de la población frente al nuevo Gobierno. Un Gobierno que apela al populismo y al estadocentrismo, como si el Estado tuviese como misión resolver los problemas de todos los ciudadanos, en particular por medio de subsidios y entrega de sumas dinerarios por medio de mecanismos de la mal hadada discriminación positiva, que en el fondo no es más que otra perversa forma de discriminación inventada y avalada desde las progresistas universidades estadounidenses. Se hacen ingentes votos para que al nuevo Gobierno le vaya muy, pero muy bien, porque esa es la única forma para que a Colombia le vaya bien y sea un mejor país, donde sus habitantes y ciudadanos puedan vivir en paz, tranquilidad y prosperidad, que en últimas se traducen en la alegría de los pueblos.

Que la anunciada reforma tributaria no sea un mecanismo más para terminar de ahogar a los colombianos que hacen esfuerzos para resistir el temporal, y los recursos recibidos no se mal gasten en subsidios y medidas populacheras, cuando Colombia lo que necesita es cemento y concreto que unan y no que aíslen.  Mejores vías e infraestructura, vías en línea recta y con amplios carriles para que los 122 kilómetros que separan a Barichara de Bucaramanga se transiten en una hora y no en casi cuatro horas de tortuoso camino entre camiones en su lento trasegar por las breñas del Chicamocha o el adefesio en que se constituye la vía de Los Curos.

Dios quiera que los próximos Sietes de agosto y ojalá permanentemente, el pabellón nacional y su glorioso tricolor, orgullo de la colombianidad, ondee en las preciosas calles de Barichara y en todo municipio de la geografía nacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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