El Plan Nacional de Desarrollo y la reestructuración de la economía

Las amarguras de los territorios con los gobiernos nacionales

En los últimos días fue noticia el lanzamiento de la estrategia con la cual el gobierno nacional se acercará   a los territorios con el propósito de identificar programas y proyectos estratégicos para el plan nacional de desarrollo 2022 – 2026.

Habló el presidente a la nación y el Departamento Nacional de Planeación y su director general dieron a conocer la metodología que orientará la consulta en cincuenta territorios del país.

Para quienes hemos trajinado largos años por los temas de las políticas nacionales y de desarrollo regional, sabemos al menos dos cosas: una, si las políticas nacionales no son inteligentes, visionarias y despojadas del ego ampuloso y muchas veces equivocado de los tecnócratas del nivel nacional, el desarrollo no llega y los desequilibrios entre territorios de los departamentos y entre departamentos son cada vez más grandes, entonces, el bienestar y el progreso se asomará solo por algunas pocas ventanas cuyos avances no se irrigarán más allá de inspirar un crecimiento reducido y un progreso poco innovador sin equidad y sin visión de largo plazo; y dos, la descentralización era una necesidad y etapa previa de una política de desarrollo regional centrada en las autonomías regionales, de lo contrario sería únicamente un instrumento de distribución o de delegación limitada de competencias a los territorios que terminó en una alianza perversa de clientelismo, corrupción y corto plazo entre políticos con asiento en el Congreso de la República, y la genuflexión de alcaldes y gobernadores ante los gobiernos nacionales. La descentralización otra política de estado que ya no sirve, por el contrario, frena la cohesión, la integración, la convergencia y el desarrollo de los territorios y de la nación.

Al existir un modelo disfuncional de acción del estado, y de relacionamiento perverso entre políticos-nación-territorios, todo ejercicio o esfuerzo de darle voz y voto a las regiones, ha sido un sofisma, salvo cuando los presidentes intervienen con el presupuesto nacional a favorecer sus territorios o los que le convienen a sus pactos políticos y electorales.

Cualquier intento de reivindicación territorial que cuestione al nivel central del estado o le dispute liderazgo o iniciativa, les cae el Esmad del centralismo.  De esa manera, la descentralización del centralismo jamás se aproxima con una visión cierta y medianamente aceptable, aunque nunca se acerca a las periferias regionales, donde la guerra, el atraso, la ilegalidad y la informalidad caracterizan a esos inmensos territorios abandonados.

Muchas veces, cuando los territorios tienen ideas futuristas, aparecen los “genios” del gobierno central a poner un alto en el camino a las ideas que surgen desde la necesidad y los sueños de quienes habitan los territorios. A más complejo sea el proyecto regional, más rápido el centro lo destruye. Perduran algunos de infraestructura que jamás se hacen a tiempo y precio justo. Cuando los terminan ya son obsoletos, y N veces más caros por ineficiencia, incapacidad y corrupción, y porque fueron pensados tantos años atrás, que sus diseños, impacto y soluciones se inauguran como si fueran ideas de un museo sobre el pasado y no obras para el futuro: el caso de la vía a los Llanos Orientales, de Bogotá hasta el Valle del Cauca, o de vías que nunca se construyen como la doble calzada entre Popayán y Pasto, que hoy se parece a imágenes del siglo XIX cuando en el oeste norte americano bandas criminales asaltaban caravanas. Así es la vida y el tránsito por el largo tramo entre Timbío y Remolinos.

Tanta desgracia en las infraestructuras de Colombia no es más que la consecuencia de una ingeniería que no se basa en la investigación de las características de la geología y de la estructura de un país con tres cordilleras, selvas, páramos, desiertos, planicies. La ingeniería de Colombia debería ser ejemplo de innovación y disrupción, porque su geografía es un laboratorio incomparable por sus difíciles y singulares características. En lo que sí es un modelo internacional, es en ineficiencia, intereses mezquinos y corrupción, como el caso del aeropuerto de Manizales que el gobierno debería enterrar o dejar que lo hagan los interesados, así como todos los traumatismos y demoras en la construcción de la autopista del café. El Eje Cafetero, y sus problemas son consecuencia de su condición de patio trasero de Antioquia. Sacudirse de ese hegemón solo es posible con una salida directa al océano Pacífico, por el Chocó, y con una política de autonomía regional que supere la descentralización, porque las RAPE no son más que los Corpes que Gaviria desapareció en su gobierno.

Cuando desde el centro se piensa el desarrollo productivo, este se plasma en escasos proyectos disruptivos, en pésimos servicios y en un enorme rezago en los sistemas de comunicaciones, de investigación, de innovación y de emprendimiento. No hay nada más inútil que los consejos nacionales y regionales de competitividad y de ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento.

El desarrollo productivo desde las ideas limitadas y deformadas del crecimiento desde la nación y del mercado, ha sido un fracaso absoluto. No hay nada más patético que los gremios y sus cabezas. Parecen piezas arqueológicas, no por su valor histórico y cultural, sino por la premodernidad de su pensamiento y las limitaciones de sus ideas sobre el buen crecimiento y desarrollo en el siglo XXI.

El plan nacional de desarrollo ¿otra esperanza?

  1. Un plan para un gobierno de transición.

El presidente y su equipo tendrán que multiplicarse y dividir sus discursos entre las ideas del futuro, que son razones para actuar en el presente, e ideas para el presente para construir las bases del futuro, así pondrán liberar al país de las ideas paralizantes que han gobernado para fatalidad de la nación.

Los temas del decrecimiento positivo, de una revolución agraria – agroindustrial, la transición energética, la reindustrialización, otra minería, otra ingeniería para la conectividad física y digital, la protección de los recursos naturales y humanos, el conocimiento y la investigación, la paz el arte la cultura y la producción, la integración y la nueva geopolítica regional y mundial, son temas gruesos para nuevas construcciones desde la educación en todos sus niveles con énfasis en la educación superior que debe reconvertirse. Colombia ha tenido una educación y una ciencia para la dependencia y no para la inter – independencia.

Estas consideraciones podrían ser importantes para no generar incertidumbre, contrarrestar a la descontrolada oposición, y enfrentar con menos interrupciones perversas de los medios y de los más poderosos que ven cómo se aproximan cambios a su atrasado, inequitativo e insostenible modelo de mercado.

  1. Un plan desde la diversidad de cincuenta o más territorios

Bien hizo el gobierno de volcarse a escuchar y a construir el PND con los territorios. Quebrar la camisa de fuerza de los 32 departamentos, división geográfica y político administrativa que no responde a las dinámicas positivas y negativas de lo regional, es un acierto. Es igualmente correcto que se haga sobre los ejes claves del PND, porque le pone foco y orientación a las ideas y propuestas regionales. De lo contrario, los encuentros regionales resultan en lluvias de ideas que derivan en ene mil proyectos que poco se ejecutan, y que pasan a hacer parte de las bibliotecas de planes y acuerdos fallidos.

  1. El plan tiene un desafío enorme: la reestructuración productiva y el papel de la ciencia, la tecnología y la innovación

El presidente ha insistido en la necesidad inaplazable que tiene Colombia de superar la dependencia de las exportaciones minero energéticas a través de una nueva industrialización y el avance de la ciencia y la tecnología. Sus ministros de la economía y de sectores claves lo acompañan, así como el director del DNP. Sin embargo, ese cambio es de una enorme complejidad y requiere de un trabajo dedicado, creativo y consciente que supere el fallido modelo de crecimiento de los últimos treinta años.

La reestructuración y la reindustrialización requiere de voluntad política. Así como desde las sombras emergió César Gaviria con el kínder de neoliberales a cambiar el modelo de crecimiento, el cambio estructural y tecnológico que pretenden Petro, Ocampo, J.I. González, Cecilia, Leyva, A. Gaviria, Umaña, Corcho, Irene, Muhamad, Ramírez, requiere de un potente equipo de expertos neoestructuralistas que aún no está conformado, porque las universidades se convirtieron en líneas de producción de neoliberales, con algunos núcleos de responsables y sensatos profesores e investigadores en pocas universidades, y unas pocas empresas innovadoras.

De esta manera, por ahora son aproximaciones no cohesionadas y no hay aún una propuesta estructurada como documento marco de uno de los ejes clave del PND. Por un lado, la reestructuración y la reindustrialización necesitan que el nuevo desarrollo productivo sea tanto un pilar estratégico como un componente transversal. El primero es el que señala los caminos del cambio, y el segundo, el impacto de la política en la economía, la sociedad y el estado.

Los desafíos de la reestructuración aluden: a la autosuficiencia alimentaria (producción, tecnología de producción y agroindustrias), transición energética (nuevas industrias nuevos servicios), nuevas industrias y servicios de alta complejidad tecnológica (electrónica, digital, materiales, salud, 4.0, sistema de movilidad, bioeconomía, naval, espacio), turismo sostenible (campo, mares y ciudades), y el conocimiento, la investigación y la sostenibilidad como industrias del conocimiento y cabezas conductoras del cambio, a través de grandes misiones de un potente sistema nacional de producción e innovación. Para ello es que se necesita aumentar la inversión en Ciencia y Tecnología al 1% del PIB, y robustecer el Minciencias, porque ya no se habla de una vanguardia basada en confecciones, textiles, cueros, pastelería, comercio, y otras del viejo sistema de producción. Ahora, nuevas especializaciones conformarían la política de reestructuración y de reindustrialización la cual debe ser componente principal de la reforma tributaria.

Si el gobierno resuelve bien los cambios en las políticas económicas y de investigación, logrará la paz total.

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