Los mimos del ídolo

Acostumbrado a que lo mimen desde siempre (en la Costa le dicen “pechiche”), y a escuchar cosas amables y bonitas siempre y a sentirse privilegiado desde siempre y a que hasta la diosa fortuna le sonría hace bastantes años y con muchas cosas que un mortal sereno y calmado tomaría hoy con juicio y menos prepotencia, construye equivocadamente por estos tiempos su repudio, uno de los hombres más queridos por los colombianos.

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James Rodríguez es un futbolista, con muchos títulos deportivos colgados en sus paredes, ninguno de ellos académico superior conocidos (para su caso no necesita los académicos) y ha resuelto James pelear con algunos de aquellos que siempre lo quisieron por humilde, por respetuoso y por obediente de las reglas y ahora quiere irse contra los códigos que maneja su disciplina y deporte, para irrespetar a quienes siempre le apoyaron, admiraron y aplaudieron.

Su crecimiento futbolístico ha sido muy grande, superlativo, pues es dotado de una técnica poco común lo que le lleva a ser muy admirado por la élite de los empresarios mundiales del fútbol y empresas dedicadas a promover artículos deportivos, ansiosos por encontrar figuras tan escasas, siendo este una gozosa excepción. Su calidad parece que no tiene límites, pues cada vez es superior. No se le conoce desentonar en sus habilidades, y al contrario, cada vez se hace más importante su fútbol en sus equipos.

Sin embargo, el “pero” que generalmente le pondrían los envidiosos de su gloria, de su facilidad para jugar y envidiosos de sus recursos obtenidos profesionalmente, ese “pero”, repito, se lo está poniendo el mismo.

En lo accidentada que ha sido la convocatoria de las selecciones para escoger los clasificados al próximo mundial de fútbol, se han presentado muchos inconvenientes para jugadores y naciones. James Rodríguez ha venido padeciendo una lesión que cada vez que se recupera le permite jugar, pero los jugadores rivales ya saben donde le duele y lo tocan o golpean allí y lo estremecen allí donde más le duele su organismo y eso ha hecho que cada vez más, le cueste más dificultad recuperarse; dicho de otra manera, necesita más tiempo para aliviarse. Eso lo sabe bien su técnico de fútbol en el equipo inglés para el que juega, donde lo miman bastante. Y como necesita más tiempo para recuperarse y más tiempo para que posteriormente pueda soportar más golpes en un deporte de mucho roce y donde a los inteligentes como él o de gran capacidad como él, siempre los buscan golpear para minimizarle las fuerzas a él y a su equipo. Así ha sido toda la vida. Y con esas ganas de cuidarlo, para que se exponga menos y se recupere más rápido y consiga mayor descanso y protección, nació el problema que estamos comentando.

Si bien es cierto que en alguna ocasión dijo que “yo en la selección Colombia juego hasta lesionado o con una sola pierna”, palabras que en Colombia todos le agradecimos por su amor a la bandera, al país y a la selección, nadie puede darse el lujo de acabarle la carrera porque eso sería irresponsable.

Llamado para jugar por la selección Colombia en los partidos de las eliminatorias en este 2021, el técnico Rueda con una prudencia y seriedad tan escasa en este país, decidió apartarlo después de haber investigado más sobre el tema de su lesión. Y al separarlo, le pareció a James que lo estaban burlando o ignorando.
Ni lo uno ni lo otro; simplemente le están protegiendo su forma de ganarse la vida, para que no esté tan lesionado e inactivo. Así se acaban rápido los futbolistas.
Le dio pena que lo hubieran separado y nunca creyó que a él, la gran figura nacional le pasara eso. No fue por su culpa; fue para ayudarlo a recuperarse y él no estaba acostumbrado a que lo separaran; a él aunque no estuviera en forma física siempre lo iban a llamar, y eso lo dolió en su ego. Y a partir de ahí decidió enfrentarse sin motivo y sin razón a sus técnicos, los que precisamente toda la vida le han querido, respaldado y ayudado.

Pero como dice Darío Gómez, “nadie es eterno en el mundo”.

Colombia jugó dos partidos en los que alcanzó cuatro puntos de seis posibles, uno de ellos conseguido en forma imposible frente a Argentina. Imagino cuánto se sacudió la vanidad de James con esos resultados pues él y muchos seguramente esperaban una catástrofe deportiva para la selección porque James no los jugó y no fue así. En los partidos frente a Perú y frente a Argentina hubo de todo. Contra Perú los seleccionados mostraron dignidad, vocación, entrega y orden. Contra Argentina los jugadores colombianos nos contaron que el fútbol se juega con el balón y con las bolas, también con amor propio y nadie ha preguntado por James ya que todos sabemos que estaba lesionado y al no jugar, quedábamos en las manos (o los pies) de otros jugadores que no lloraron ni se asustaron porque no estaba James. Y logramos pasar esos dos sustos y es probable que eso a James también le haya molestado pues James y muchos de sus seguidores han podido creer que el equipo juega bien, si él juega.

Es hora de ir aterrizando a unos ídolos que solo duran un tiempo y en el fútbol no duran más de una siete días o de un próximo partido. Cada semana un futbolista es capaz de hacer olvidar otros. Cuando otro futbolista haga más goles que Duván Zapata, lo cambiarán o simplemente no lo pondrán o lo olvidarán. Cuando Ospina se lesione, habrá que poner otro en el arco. Cuando haya mejores que Yerry Mina o que Davinson Sánchez (ojalá rápido), los cambiarán y dejarán de ser idolatrados. Pero mientras tanto, todos, incluidos los lesionados, tendrán que acatar las órdenes de quienes son sus técnicos, pues se está volviendo costumbre que si no los ponen a jugar, entonces hay que utilizar las redes sociales para imponerle al técnico los jugadores. Hasta donde han llegado esas babosadas. Si no les gusta que no los pongan a jugar, pues que se retiren o busquen otros equipos.

A James siempre le hemos admirado y querido. Ese gol del mundial de escasa ocurrencia y otros del gusto de todos los que seguimos este deporte, mostró unas cualidades técnicas muy depuradas y finas, y en muchos otros momentos nos ha deleitado con su genial juego y eso ha hecho que para nosotros sea un ídolo. Pero debe saber que es un humano, cuyas virtudes lo han hecho importante y que también puede llegar al piso por sus pendejadas de niño mimado, al que como no le dieron el balón, pone las quejas públicamente por semejante atropello, que nunca hubo.

Hay muchas otras formas de llamar la atención, por ejemplo siendo franco con sus problemas físicos, respetuoso de sus técnicos y recordar que él siendo un grande y excelente jugador, no es el único.

Ojalá se recupere pero bien de sus dolencias y de su mente. Ojalá vuelva a jugar más tranquilo. Ojalá entienda que le están haciendo un favor y madure. Ojalá se serene y recuerde que todos esperamos lo mejor de él. Por lo menos yo quiero ver a ese gran jugador que es, en la plenitud de sus condiciones, vestido de los colores de la selección, para que todos cantemos en coro, nuevamente, “gol de Colombia, gol de James, qué golazo h.p.”.

Twitter: @JotaDominguezG

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