La restauración moral

El próximo 7 de febrero se cumplirán 73 años (1948) de la famosa “oración del silencio” de Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá contra el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, dirigida a defender a los liberales que estaban siendo masacrados y aniquilados por las fuerzas oficiales y la chusma contratada y pagada de esa época, con la complacencia de algunas castas liberales.

Muchos años antes, desde 1810 y 1811, se reunían en un solo grupo los oligarcas liberales y conservadores para, como siempre ha sido desde la Constitución de 1811, pedirle al Rey que dejara en manos en manos de una representación nacional permanente (que eran ellos) el manejo de los asuntos del Estado; es decir que esos “importantes colombianos” que nunca tocaron un arma en defensa de la libertad, eran quienes podían decidir la suerte de los habitantes del país.

Nada cambió con los años. En el gobierno de Mariano Ospina Pérez, los oligarcas liberales para no caer en desgracia con los conservadores se taparon los ojos y dejaron solos a sus copartidarios. En vista de eso, Gaitán arreció su lucha contra esas castas y sus palabras se convirtieron en una fuerza arrolladora popular con mucho peligro para esos godos y cachiporros, los que terminaron uniéndose para proteger los intereses económicos y políticos que se perderían si Gaitán llegaba a la presidencia. El socialismo de ese “indiecito” nos va a quitar todo, hay que eliminarlo.

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Sus palabras molían al que fuera. Lógico.
Gaitán no pedía nada más pero tampoco menos que moral en todas las actividades de los funcionarios del Estado, algo que ha faltado y dolido desde siempre a los máximos dirigentes nacionales. También pedía la verdad.

Las castas políticas y económicas dijeron que a Gaitán había que silenciarlo. Hubo un final feliz para los oligarcas y dueños del país; no hubo restauración moral porque mandaron matar a Gaitán. Lo lograron y se lo quitaron de encima.

Años después, no muy lejanos tampoco, vino otro colombiano pulcro y decente a proponer nuevamente reformas para mejorar la administración del Estado y para darle a los humildes mayores garantías primero en educación, luego salud y trabajo. Le hablaba a los colombianos recordando la necesidad de “la restauración moral” y como a Gaitán, cuando convenció al país de que esas necesidades podrían superarse desde la presidencia, le ocurrió lo mismo. Dicen que fue la mafia de Escobar la que lo mató. Pero no queda ninguna duda que fue muy celebrada por todos los oligarcas del poder.

Luis Carlos Galán tampoco pudo ser presidente.
Quien diga en este país que el Estado necesita personas pulcras, honestas, serias, honradas, trabajadoras, no será presidente porque Colombia está diseñada para que se la roben los dirigentes.

La Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía en los últimos años han servido para seguir satisfaciendo unos intereses netamente particulares.

La Contraloría de hoy, por ejemplo, logró en tiempo récord en el Congreso que le fueran aprobados más cargos burocráticos en esos despachos. Eso le sirve al gobernante de turno y a los intereses de turno, hoy conservadores, aupados por la presidencia. Satisfechos los dirigentes.

La Procuraduría nueva llega a promover los mejores ambientes para el candidato Char a la presidencia, a tratar de borrar como sea, muchos expedientes abiertos en contra del próximo candidato costeño.

La Fiscalía también llega a salvarle la flota a otros posibles candidatos presidenciales, que están repletos de investigaciones y si el poder es para poder, pues aquí hay varias muestras.

De manera que la restauración moral que propuso Gaitán, hoy como ayer y como él, está muerta. La misma restauración moral que propuso Galán quedó muerta y de paso le acabaron sus ímpetus.

Esos imaginarios que nos dan a entender con sus discursos los jefes de los organismos de control, dan pena, risa y lástima.

El país se ha preguntado, ¿cuántos billones de pesos valen las demandas que además hay que pagar, en contra de la Procuraduría de Ordóñez por sus fallos abiertamente contrarios a la ley, con falsas motivaciones y en cumplimiento de los mandados de las castas y en favor de su candidatura presidencial?. Pregunten para que les de pena de esos esperpentos inmorales de ese falso “restaurador moral”.

Debo recordarles que a Ordóñez la Corte Suprema de Justicia le falló en contra su reelección porque hubo engaños, donde además la Corte lo acusó de haber puesto esa entidad para su causa, condenando sin sentido y absolviendo sinvergüenzamente.

Para poder posesionar procurador a Fernando Carrillo, de la procuraduría se desapareció una investigación en su contra por un tema cuando fue embajador en España. Después las castas políticas le cobraron su posesión. Y también, ¿cuántos billones de pesos podrían costar sus equivocados fallos, hoy demandados ante las diferentes instancias judiciales?:

Y, ¿han revisado bien lo que hizo o dejó de hacer en la Fiscalía Néstor Humberto Martínez, en favor de sus favorecedores?. N.Humberto necesitaba ayudar y proteger desde su cargo a las castas políticas que con anterioridad lo habían llevado a ser el presidente del Consejo de ministros de la presidencia.

Una prueba de la colaboración de N.Humberto para esconder las fechorías de sus padrinos se dio cuando le negaron el principio de oportunidad a Gustavo Moreno, el exfiscal anticorrupción que para salvar su pellejo quería hablar. Le fue impedido.
Todos saben que un principio de oportunidad es para que se delate a los superiores y a Moreno solo para arriba le quedaban el vicefiscal y el Fiscal.
Hoy dice Gustavo Moreno que teme por su vida.

N.Humberto con una frase dejó entrever su candidatura presidencial, cuando expresó que “Petro ni Fajardo serán elegidos presidente”. Mejor dicho, el candidato soy yo, quiso decir el exfiscal, o el que me digan mis patrones.

Y entonces ¿“cuándo será que en Colombia se podrá hablar de restauración moral”?.

Pues hoy pedimos y esperamos candidatos que tengan esa condición.
No será fácil, pues a los aspirantes a presidencia, a gobernaciones y a alcaldías les cuesta trabajo dominar ese idioma.

La restauración moral se espera desde tiempos de la independencia.
Es verdad que se fueron los españoles, pero seguimos esclavizados por las castas políticas que desde entonces manejan al país. El país sigue sometido.

Vamos otra vez para el circo, (ojo con el 22), donde nosotros pagamos para seguir aplaudiendo a los payasos, mientras ellos nos hacen reír cuando dicen la frase “restauración moral”, que en boca de esos candidatos suena a una espectacular burla.

@JotaDominguezG