La Democracia que no se vende

La democracia de Estados Unidos ha dado esta semana pasada una lección de su fortaleza a todas las naciones del mundo, pero no precisamente por sus dirigentes sinó por la fuerza de sus medios de comunicación y de sus congresistas, que prefirieron defender primero la libertad que ir a pregonar en favor de sus falsos ídolos o falsos dioses o falsos mesías.

Y es que ha hecho carrera en donde quiera que se elija con votos a los presidentes, gobernadores y alcaldes, que a estos, a los presidentes, gobernadores y alcaldes hay que correrles para ponerles atención a todos sus caprichos, así sean ilegales.

En Colombia, a los funcionarios públicos que trabajan en la presidencia, en las gobernaciones y en las alcaldías, se les escucha decir que ellos trabajan con el presidente, con el gobernador y con el alcalde. Eso no es cierto, eso es falso.
Esos funcionarios están bien desubicados y deberían recibir una instrucción de lo que es la función o la administración pública.

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Una persona trabaja con el presidente o con el gobernador o con el alcalde cuando es su cocinero personal, su chofer personal, su sastre personal, su peluquero personal, su médico personal, su instructor personal, su masajista personal, es decir que ese señor que hoy es presidente o gobernador o alcalde le paga del bolsillo personal sus salarios por su correspondiente trabajo.

Pero cuando usted presta sus servicios profesionales públicos en la presidencia, en la gobernación y en la alcaldía, usted trabaja para el país, para la gobernación y para el municipio. Quítense pues la bobada de creer y decir que son empleados del presidente, del gobernador o del alcalde. No sean tan pendejos.

Sin embargo, vea usted, no me parece anormal escuchar o ver o leer a los medios de comunicación de nuestro país, en pleno, trabajando exclusivamente para el presidente, los gobernadores y los alcaldes, porque cuando presentan las noticias hablan es de la figura del presidente, de la figura del gobernador y de la figura del alcalde, cuando realmente de lo que tienen que hablar es de las obras realizadas, mostrándonos los periodistas que lo que importa no es la obra sinó el administrador.

Eso sucede aquí y ha recibido el muy dulce nombre de “mermelada”. Aquí se vende la democracia.

El editorial del periódico estadounidense “Washington Post” del primero de octubre de 2020, es una lección gratis que se le ofrece a los medios de comunicación y periodistas de Colombia, donde por encima de cualquier consideración, se defiende la democracia, la libertad y sin aconsejar por quien deben votar en esas elecciones próximas, le cuenta a los lectores y electores la cantidad de noticias mentirosas expresadas por el presidente Trump, a quien además le dicen que no le acompañarán en esas falsedades que tanto daño le hacen a la democracia y a la libertad de ese país.

Explica ese periódico maravillosamente los daños que un jefe de Estado en ejercicio de sus poderes puede hacerle a un país internamente pero también internacionalmente. Estados Unidos es un país grande porque sus instituciones son defendidas a rajatabla. No sucede lo mismo en Colombia.

En Colombia no se defienden las instituciones; al contrario, los gobernantes las quieren debilitar y cuando estos gobernantes son judicializados por sus malas actuaciones, entonces salen a decir que “los jueces están acabando con la democracia que ellos defienden”. Patrañas.

Y para hablar con franqueza, eso es lo que le ha faltado a este país; que sean los medios de comunicación los que salgan a defender la democracia, pero ellos no lo harán mientras sus intereses sean los propios intereses económicos y no sean los de defensa a la patria, a la libertad y a la democracia, como debe ser.

El presidente Trump en forma descarada e irracional, abusando de su puesto salió a decirle a los habitantes de ese país que había que defenderle “su democracia, sus votos, su elección” y eso enervó a unos cuantos seguidores de esos mentirosos mesías que abundan en todas partes, incluida Colombia.

En Estados Unidos, Trump manda a los asaltantes suyos a que ataquen el Congreso para impedir que se cumpla una formalidad, que además era necesaria para confirmar la legalidad de la elección presidencial. Y los medios de comunicación serios de allá, presentaron y mostraron el ataque a esa unidad de la democracia, pero atacaron la orden presidencial y defendieron la democracia. Esa labor hay que aplaudirla a los periodistas.

En Colombia los políticos mandan a sus seguidores y periodistas alquilados que ataquen e impidan las decisiones de la Corte Suprema de Justicia y de los jueces, y muchos periodistas muestran a esos políticos mentirosos como unas personas muy hábiles, recursivas y berracas, con una inteligencia superior.

La gran ventaja de los ciudadanos de Estados Unidos y de los medios de comunicación de ese país, es que no han querido vender la democracia ni han querido vender a las entidades que las representan, porque lo que les importa es la defensa de las instituciones y no de las personas que las dirigen.

En Colombia a esos gobernantes que se burlan de la democracia, los defienden a cambio de que les paguen esa defensa con plata, la que les dan a esos “defensores” por cualquier vía, y la reciben ya sea con publicidad en sus revistas y periódicos, ya sea con salarios bien mínimos para sus empleados, ya sea con impuestos bancarizados, etc, etc.

Aquí los presidentes, gobernadores y alcaldes mienten mucho y los periodistas se sienten obligados a presentarles esas noticias falsas como lo máximo hecho por un dirigente. Eso se llama vender la democracia.

A los colombianos les han negado o les han hecho olvidar que la democracia le pertenece a la comunidad, así como también les pertenecen todas las entidades del Estado, las que han sido asaltadas por presidentes, expresidentes, gobernadores y alcaldes quienes siguen creyendo que fueron elegidos para que se apoderen de lo que no les pertenece, con el aplauso muy cómplice de muchos medios de comunicación.

Finalmente y de esa manera en Estados Unidos siempre gozarán de la defensa de su libertad y de sus instituciones porque los medios de comunicación no venden su democracia; mientras que en Colombia los gobernantes venden la democracia y por eso es que ni ellos se atreven a defender la libertad, las instituciones y la democracia.

Lo que tenemos que defender y apoyar son las instituciones y no las personas, como valientemente lo hicieron los medios de comunicación de Estados Unidos en esa prueba de fuego que contra el Congreso les puso el arrogante y mentiroso Trump, donde finalmente la verdad de los medios de comunicación se impuso para defender la libertad y la democracia.

Buena lección para los colombianos, donde aplauden y siguen a tanto mentiroso, así tengan vendida la democracia.