El poderoso Congreso

Jota Domínguez G.

Desde que la humanidad existe, ha usado la razón en todas las partes del mundo para hablar de la necesidad de separar el poder, es decir, no permitir que el poder esté concentrado en una sola persona, o en un solo poder.

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Aristóteles (384-322 A.C.), contaba en “La política” que en todo gobierno hay tres poderes esenciales, a cada uno de los cuales el legislador inteligente debe darles el lugar que más le convenga. Cuando estos tres poderes están bien ordenados, el gobierno funciona necesariamente bien y sus diferencias proceden de las de aquellos. Por ello el primero de estos tres poderes es el que delibera sobre los asuntos del Estado (Legislativo); el segundo, comprende todos los poderes constituidos, es decir, aquellos de los que el Estado tiene necesidad para actuar, sus atribuciones y la manera de establecerlas (Ejecutivo) y el tercero abarca a los oficios de jurisdicción (Jueces).

También Aristóteles predicaba que el poder debía entregarse o transferirse a los mejores; son los únicos que pueden ordenar a todos y para siempre, como dueño absoluto de la administración.

Lo que estamos leyendo es que antes de Jesús o Jesucristo, ya el ser humano sentía la necesidad de ser dirigido y administrado en sus decisiones y en síntesis, buscando quien o qué poder lo oriente siempre mejor; eso Rosseau lo llama el “contrato social”.

En la separación de poderes ha intervenido todo el mundo, desde que los emperadores y reyes y príncipes eran los dueños del poder y de la vida de los demás, jefes de lo divino y lo humano, de lo terrenal y lo espiritual.

A la vez el hombre a través del tiempo siempre ha querido disminuirle el plenum del poder a esos emperadores, reyes y príncipes y por eso empieza quitándole la decisión de hacer las normas a su antojo y se las transfiere a un cuerpo pensante, representativo y se supone que untado y conocedor de las necesidades y de las cosas que quiere el pueblo.

Ese cuerpo lo llaman hoy parlamento o congreso, representante o representantes ante el alto gobierno y ante sus congéneres de las necesidades populares.

Y esos representantes en Colombia se llaman congresistas, ya sean senadores o representantes a la cámara, el primero (senadores) representante de las necesidades nacionales y el segundo (representantes) de las necesidades regionales o departamentales.

Creo firmemente en el poder decisorio que tienen hoy los congresistas (que no son parlamentarios) elegidos en Colombia y por eso necesitamos que lleguen a ese auditorio personas muy formadas académica e intelectualmente, con kilometraje ojalá administrativo, que recorran los pueblos de sus regiones escuchando las necesidades y también las ideas progresistas que muchos de sus habitantes conversan.

Ya estamos por estos calendarios viendo el calentamiento para las jornadas que se avecinan, marzo de 2022, entre ellas la elección de senadores y representantes a la Cámara.

Los congresistas en Colombia hacen las leyes; con ellas facilitan la actividad del ejecutivo (presidente, gobernadores y alcaldes), y con ellas se castiga la desobediencia civil de las mismas y que a los jueces les corresponde aplicar.
Es decir, los congresistas son los que le entregan las herramientas a los gobiernos nacionales y regionales y a los jueces, para que administren este país y para que castiguen los malos comportamientos.

Por ello requerimos que estos congresistas no sigan legislando en provecho propio y pasen a hacer las normas para el beneficio de todos que es lo que manda la ley.

Y se impone hoy urgente una reforma constitucional que tenga unos mínimos requisitos de presentación ante la comunidad. Hay mucho congresista elegido solamente con la cédula sin educación siquiera informal, y los tiempos piden siquiera un diplomado en administración o gestión pública y esa debería ser la mínima exigencia. Lo hay y no asisten y a los que no asisten les dan el diplomado.

Si es el Congreso de Senadores y Representantes el que señala todo lo que la administración pública debe hacer y es la que dicta el comportamiento ciudadano a través de las normas de conducta que trae la Constitución, lo lógico es que ese Congreso esté conformado por personas pulcras, honestas, bien formadas y ejemplares ciudadanos.
No queremos ver más comerciantes haciendo toda clase de negocios en esos recintos, no queremos más maleducados en esas instalaciones porque son esos comerciantes y esos maleducados los que nos ordenan que hacer y nosotros como un buen rebaño de bobitos creyendo que ellos son las personas de mostrar y de emular ante el resto de ciudadanos.

La oportunidad de las elecciones que viene es para aprovechar, buscando elegir ciudadanos comprometidos con las normas de conducta y con las necesidades de la sociedad, alejados de toda trapisonda política y lejos de los nexos empresariales que son los que finalmente pagan para que se elijan no congresistas sinó empleados para provecho propio.

Todo ese poder, muy grande por cierto, debe quedar en las mejores manos y en buenos ejemplos. Tenemos que ayudarnos para conseguir ese tipo de personajes, porque al fin y al cabo ellos estarán hablando ante el gobierno nacional por nosotros y francamente da pena a veces ver que lo que nos representa no nos debería representar.

Si es tan poderoso digo yo ese poder de ordenar al gobierno y dirigir a la ciudadanía, ese poder entonces debe estar en los mejores hombres de la sociedad. Nos hemos equivocado en las elecciones, pensando que en la presidencia, en las gobernaciones y en las alcaldías deben estar los mejores (está por verse); pues no.

Al Congreso de senadores y representantes, insisto, deben ser elegidos los mejores y no como hoy, que elegimos sin ton ni son, la mayoría de las veces elegimos sin escoger; por eso muchas veces no ha valido la pena elegir, simplemente se vota.

Ustedes se imaginan que si con los senadores y representantes actuales en Colombia, los congresistas se sienten muy poderosos, como sería de extraordinario para el país, un Congreso de senadores y representantes con los mejores hombres de la sociedad.
Pero ya lo dije, eso es para la imaginación.

Punto y aparte: Sobre la reducción de los salarios, reducción del número de congresistas y reducción del tiempo de vacaciones, charlaremos después.

@JotaDomnguez3

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