El mercado

Colombia es conocido como uno de los países más fervorosos al credo de las teorías neoliberales radicales.  En la constitución de 1991 se define como una economía de mercado, y todos los derechos relacionados con la igualdad y otros, vienen por el carril paralelo y sólo se encuentran con el mercado en las supertiendas para comprar lo que este produce. De resto, los dueños del mercado jamás se encuentran con los millones de ciudadanos, porque los grandes medios hacen la tarea de contención, información o desinformación.

La economía de mercado de Colombia quedó sujeta a otorgar las mejores condiciones a la inversión extranjera gracias a la desindustrialización que determinó y estimuló el mismo mercado. Por eso, la Constitución dejó a un lado las condiciones estructurales más importantes para convertir a Colombia en una economía social de mercado avanzada y sostenible.

La ignorancia estructural de éste país, de arriba abajo y del centro a la derecha, hizo que esa constitución de tibio carácter liberal, no se hubiera estructurado para hacer de Colombia un país desarrollado en el transcurso de los siguientes cien años porque necesita construir capacidades y condiciones humanas (educación, salud y justicia), productivas, científico tecnológicas, culturales, territoriales y del sistema de movilidad, en el marco de unos nuevos arreglos institucionales que hagan posible el milagro de convertirla en una nación sostenible, hermosa, inteligente, biodiversa, pacífica y equitativa, con un fuerte estado regulador y a la vez emprendedor, pero ante todo emprendedor para que sea un óptimo regulador en las relaciones con las empresas para construir una economía  más productiva e innovadora.

El mercado, en treinta largos años lo que hizo fue tejer una red de telarañas de múltiples negocios ventajosos donde la ambición y la avaricia permitía crear innecesarios eslabonesen las cadenas de servicios, industriales y primarios. Al final, más ineficiencia y productos más caros, amparados en vacíos normativos, exenciones inimaginables (como las 224 del sector de hidrocarburos tramitados por la Agencia Nacional de Hidrocarburos desde cuando Uribe la creó en 2003), y muchas trampas para asaltar al estado. El andamiaje de condiciones escondidas y perversas, cuando se trata de ajustarlas o de cambiarlas, vía reformas estructurales sectoriales, resultan en incertidumbres para los agentes del mercado, locales e internacionales, entonces se vuelcan con todos los arsenales mediáticos, de las bolsas de valores, dólar, e inversión, contra los intentos de impulsar cambios y ordenar el país.

Los desequilibrios macroeconómicos: fiscales, de deuda, devaluación, comerciales, en su esencia más cierta, no es tanto culpa de factores externos, es ante todo por culpa de malas decisiones estructurales internas, porque el estado gasta más de lo que recibe e importa muchísimo más de lo que exporta.

Los déficits económicos se traducen en déficits del modelo de sociedad consignada en la Constitución y del modelo económico. Los 80 billones de déficit fiscal que dejó Duque son culpa de su gobierno y del modelo, donde nada tiene que ver Petro, su equipo de gobierno, y el Pacto Histórico.

Los mayores intereses que paga el país por la deuda contraída internacionalmente, es por culpa de un modelo económico producto de un equivocado manejo macroeconómico que no responde de manera eficiente y productiva, sino que recurre a la correa de la regla fiscal, cuyo comportamiento miran los mercados para ver si le prestan plata y en qué condiciones y cantidades. Es decir, Colombia tratada como un ente sin inteligencia ni autonomía en definir su posicionamiento estratégico.

Las incertidumbres con Hidroituango, Ecopetrol – Agencia Nacional de Hidrocarburos,  transición energética, energía cara fuera de control porque parcelaron en mil pedazos las cadenas de producción, distribución, mantenimiento, comercialización, que la ministra ya acepta que es un modelo perforado por lo cual debe diseñarse uno nuevo que paulatinamente se debe implementar en la medida que los contratos se van cumpliendo. Sume devaluación, inflación, informalidad, baja tributación, bajas exportaciones, baja productividad, baja innovación, mala educación, escasa investigación, configuran  problemas estructurales descomunales ocasionados por una atroz saga de malos gobiernos y de malas y/o equivocadas políticas en los últimos treinta años.

El Banco de la República (iglesia de la moneda), donde su independencia solo sirve para subir o bajar tasas de interés para controlar la inflación, pero toda la economía pendiente de si un día las sube y otro las baja. De esa decisión depende el comportamiento del mercado. Es una extrema simplificación teórica para algo tan grande y complejo como el funcionamiento de un sistema económico porque detrás de un punto más o de un punto menos, la especulación financiera entra en acción para mover billones de dólares en un abrir y cerrar de ojos, donde los más trimillonarios aprovechan para comprar acciones y aumentar el índice de concentración de la riqueza mientras las demás bienes y servicios, y las economías menores y la sociedad poco pueden hacer: esclavos del mercado y de los especuladores. No es Petro el que propicia la incertidumbre, es el mismo mercado el que la estimula para que no cambie ninguna de las condiciones previamente determinadas en las últimas tres décadas.

El mercado de estos días: desacompasado, con una división internacional del trabajo que está saltando en pedazos porque los desequilibrios generados y perpetuados han entrado en una especie de nave sin control, donde el crecimiento infinito es imposible de sostener en un planeta finito, es el mercado que con mentiras defienden los gremios pagados por los megacapitalistas. El decrecimiento no es penuria, es cambiar las dinámicas del consumo, pensar en otras formas de vida, producción y consumo en torno al espacio urbano – rural sostenible y no en torno a los centros comerciales, las catedrales del mercado que deberían convertirse en discretas y encantadoras capillas.

Los ataques al presidente y a la ministra de minas y energía, por los defensores del petróleo y de la inmovilidad energética, son irresponsables y de mala índole. Veamos porque:

Primero, dónde están los planes nacionales de largo plazo de suministro de energía. Cómo es su cadena de producción de insumos y de tecnología para una autonomía del sistema. Cuál su modelo de fijación de tarifas porque el modelo actual saltó en pedazos luego del atraco en curso. Hay que tener cuidado con Hidroituango por las dudas que la misma EPM está generando en cuanto a la confiabilidad de la puesta en marcha de las dos primeras turbinas, de las cinco que conforman el complejo.

Segundo, cuál es el plan de desarrollo de largo plazo de Ecopetrol para determinar en una era de cambio energético cuál es el futuro de sus negocios tradicionales y cuál su plan de reconversión para orientar la transición. Qué tecnologías va a desarrollar con base en un plan de ciencia y tecnología de largo alcance. Qué dicen sus modelos de prospección de exploración teniendo en cuenta que es un país con reservas limitadas que en su mejor momento alcanzó el millón de barriles de petróleo día.

Ecopetrol es dependiente de tecnología extranjera, como PDVSA, por eso se cayó su producción luego del sabotaje a las refinerías y cuando ese capital humano, mejor del que disponía Colombia, se vinieron a trabajar y ayudaron a llegar al millón de barriles y algo más, pero nada más, porque nunca fueron desarrolladores de tecnología como Petrobras y otras grandes petroleras.

El presidente Petro y la ministra Vélez, han dicho que no suspenderán ningún contrato en marcha. Intuitivamente uno esperaría que la decisión de suscribir nuevos contratos de exploración depende de los resultados de los proyectos en curso antes de que termine el tiempo de sus exploraciones, para que eventualmente no ocurra una interrupción en el suministro de combustibles.

Tercero, cuál es el plan nacional de desarrollo de energías alternativas para la transición y el cambio energético sostenido. Cuáles las industrias y servicios que se crearán o estimularán. Cuál  el tiempo donde unas energías sustituyan a otras. Cuál el plan nacional de producción y de investigación de insumos, tecnología y productos para el sistema de movilidad.

Es decir, si hay un mega sector tan importante como los de alimentos, movilidad y salud, es el de energía, y los cuatro dependen de insumos y de tecnología importada. La economía y nuestras vidas dependen de terceros y no de nosotros mismos. Es la fatalidad del modelo de mercado importado que defienden gremios, grandes medios, tecnócratas comprados, empresarios, y políticos corruptos.

La política de reestructuración productiva debe ser la más estratégica de los siguientes treinta años.

Entonces ¿qué barbaridad hicieron los gobiernos de las últimas décadas? ¿Qué  hicieron los ministros de Minas, Transporte, Industria, Hacienda, Educación, Colciencias y ahora de Ciencia y Tecnología? ¿Qué hicieron los gremios que ahora chillan por un supuesto fin de los contratos, es decir, de sus negocios?

Para enderezar el camino se necesita un cambio en las cúpulas gremiales, remezón en las cabezas de todo el sistema de energías y de combustibles, impulsar y crear empresas innovadoras, y avanzar hacia un complejo y sofisticado modelo de planeación y prospectiva energética , usando organismos y agencias  existentes, y la capacidadde las mejores universidades. Tomará tiempo, debe  haber gradualidad, implica traer recursos humanos de la diáspora, y seguramente la energía como industria y servicios, igual la movilidad, la salud, un paquete de industrias avanzadas, y la agricultura, serán algunas de las misiones de la política nacional de reindustrialización que sugerirá Mariana Mazzucato, porque ya dijo que se necesita un plan estratégico para la transición energética, el expresidente de Unilever y otras cabezas lúcidas, también lo dicen.

En la devaluación, en los desmadres de los recursos energéticos, en la inflación, poco o nada tiene que ver Petro. Es el mercado en su soberbia y errores el que nos ha dejado en el medio de una inflada incertidumbre.

Para los mega desafíos del cambio se necesitan los 23 billones de la reforma tributaria. Ni un peso menos. Y en el año 2050 Colombia debe tener una matriz de energía cien por ciento limpia. Es el gran desafío de la transición energética para vivir sabroso.

 

 

 

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