Un año de opiniones y aprendizajes

Hace exactamente un año, el 7 de junio de 2020, se publicó en este espacio mi primera columna: “El poder de no replicar o comentar ante las fake news”, 52 columnas después y con solo un fin de semana sin publicar, más por razones de descanso total y falta de conexión que por otros motivos, debo admitir que jamás pensé que sería capaz de meterme en la rutina de enfrentar la página en blanco cada ocho días. Tampoco creo que lo creyeran en este espacio, porque tan solo como a la quinta columna me dijeron que bien valía ponerle un nombre a mi sección de opinión, algo fácil para mi: 2 Puntos.

Hoy creo que le debo unas líneas a aquellos que siempre me leen, a quienes me hacen saber lo que les gusta y lo que odiaron, a los que se toman el tiempo para enviar un mensaje o compartirlo en sus redes, ustedes hacen que valga la pena el esfuerzo de exponerse a esto de abrir la opinión y compartirla.

Las creencias y opiniones de cada quien son respetables y se puede estar de acuerdo o no con ellas, pero siempre he rechazado de tajo a quienes quieren imponer la suya a cualquier costo. Esto último lo he tocado en muchas de mis columnas de este año, porque si algo ha sido evidente en medio de uno de los momentos más desafiantes para la humanidad, y justo ahora en que intentamos recuperarnos social, económica y personalmente de esta pandemia, es que si no aprendemos a escucharnos y a respetar nuestras diferencias, será muy difícil continuar evolucionando como sociedad.

Precisamente, hace unos días leía un excelente trino de la periodista Adriana Villegas Botero, @Adrivillegas, que decía: “Querido lector: entiendo que no le guste lo que escribo y que no estemos de acuerdo. Sin embargo no comparto eso de: “le faltó mencionar qué… ” o “usted no puede decir que…” o “mejor debería escribir que…”. Yo escribo columnas de opinión que reflejan mi opinión, no la suya.”

En pocas palabras refleja el sentir de muchos, si no el de la mayoría de los que escribimos sobre lo que nos preocupa, nos llama la atención, nos gusta, nos hace felices o nos produce una tremenda tristeza, entre otra multiplicidad de sensaciones que, como humanos, tenemos día a día y también hace ver que escribimos de lo que creemos no de lo que creen otros.

Tal vez lo que no queda claro en esa reflexión, es que, al menos en mi caso, se aceptan todas las críticas y recibo con gran humildad los comentarios que hacen precisiones sobre cifras o datos que pueden haber sido malinterpretados u omitidos, más por desconocimiento que por voluntad, o sobre palabras mal empleadas, que a todos nos puede pasar. Eso es parte del ejercicio y se agradece mucho a quienes se toman el tiempo para enviar esas detectadas imprecisiones, que lo que han conseguido en este último año es enseñarme a revisar muy bien la cifras y exponer las ideas sin dictar cátedra, porque siempre habrá alguien que tiene más experiencia o lleva más años estudiando un tema y lo correcto es recurrir a esas fuentes. Pero es claro que jamás podremos escribir al gusto personalizado de cada lector.

El ejercicio de escribir de manera recurrente también me ha dejado la más grande lección de todas, uno no puede escribir solo. Es decir, en mi caso me encierro porque me cuesta mucho sacar estos párrafos, pensando en ellos y que sean coherentes, pero se requiere la mirada de un tercero, ese editor, para mi la mejor editora que hace todos los comentarios con el mayor respeto, pero la más firme convicción. Mi editora es pieza fundamental porque logra ver cosas que he querido decir pero que no están en el texto, o lee palabras que se interpretan de cierta forma que jamás hubiera visto, da perspectiva a los puntos neurálgicos y entiende que no es su opinión sino la mía, pero logra que enfatice puntos o cambie frases para tener mayor impacto.

Todos tenemos opiniones, pocos las escribimos y aún menos las dejamos por ahí “colgando” para que nos persigan en unos años. Es importante que las opiniones sigan llegando, pero es indispensable que se empleen con responsabilidad, no para engañar, acusar sin sustento o manipular datos que reflejen realidades que no están sucediendo. Mucho de esto se vive hoy y será el diario vivir en nuestro país, con lo que parece ser ya una batalla presidencial adelantada.

Con 52 columnas y sumando, tengo claro que siempre habrá al menos 2 Puntos de vista, de partida, de recorrido o de llegada, pero siempre hay que estar dispuestos para que agreguen valor y se apeguen a la realidad.

Alfonso Castro Cid
Mananging Partner
KREAB Colombia