La institucionalidad en riesgo

Luego de más de 10 días de manifestaciones y paros llegamos a un primer acuerdo: la violencia no es el camino. ¿No debería ser este punto algo en lo que ya tuviéramos un consenso? La violencia nunca será el camino.  A esta primera conclusión de los diálogos que ha iniciado el gobierno nacional deberían sumarse otras, más profundas y estratégicas que permitan frenar las movilizaciones y detener los bloqueos, pero que especialmente sienten las bases para afrontar los grandes temas que históricamente se han dejado entre el tintero.

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Estamos en una de las mayores encrucijadas de los años recientes, en donde a las víctimas de todos los lados, se suman las cuantiosas pérdidas que solamente en el caso del comercio y de acuerdo con Fenalco, ya superaban los 880.000 millones de pesos a finales de la semana que terminó. Desde todas las esquinas se hace un llamado para frenar la destrucción y evitar mayores enfrentamientos que no le aportan nada al país.

Esas declaraciones empiezan a marcar una nueva tendencia, en donde se debe reconocer que abrir los diálogos es el primer paso para escuchar las exigencias de múltiples sectores sociales. El gran reto ahora es poder mantener esas conversaciones abiertas, fijando expectativas y acciones realistas a poco más de un año de que el Gobierno entregue las llaves de la Casa de Nariño, en agosto de 2022.  Decirlo desde estas líneas parece fácil, pero es la tarea más compleja que se puede pensar si se tiene en cuenta que hasta hace unos pocos días, se podía ver a un Presidente abandonado por muchos sectores que hasta ahora están empezando a reaccionar y que no habían salido a defender la institucionalidad de nuestro país.  ¿Dónde estaban los expresidentes de la República saliendo en primera línea a defender la figura presidencial que hoy, y no de cualquier manera, representan?

Es que si al Presidente Duque le va mal nos va mal a todos.  Muchos pueden continuar vociferando que como Presidente, Iván Duque ha demostrado que era un gran Senador, pero es que ya no estamos para eso.  Nadie podía prever que caería el Covid y que ello arrastraría un fuerte golpe económico que dejó una caída del 6,8% del PIB en el 2020 y empujó a 3,6 millones de personas a situación de pobreza monetaria.  En ningún plan estaba que una cuarentena de 15 días se extendería a una intermitencia de la presencialidad de más de 12 meses y que aún no se tiene claridad hasta cuándo la viviremos.

Pueden salir ahora a rasgarse las vestiduras, tirar las corbatas, quemar las faldas y tumbar cuantas estatuas y bustos quieran, pero es que estos problemas que le estallaron en la cara a este Gobierno son una responsabilidad heredada, en donde los temas críticos nunca se abordan y en donde nuestra sociedad ha sido cómplice por omisión.  Todos hemos barrido para afuera, esperando que otro se ocupe de nuestros problemas.

Vale la pena hacer memoria y recordar lo que hace 30 años Álvaro Gómez Hurtado proponía y era establecer un acuerdo sobre lo fundamental.  Una mirada estratégica que fijara un derrotero, una visión de nación para que sobre esos puntos se establecieran metas que no dependieran de una agenda política o de un interés particular.  Hoy estamos empezando a conversar de lo mismo, su importancia para el país y su necesidad en momentos tan complejos… tres décadas después.

El año pasado más de tres millones de personas cayeron de nuevo en la pobreza, totalizando 21 millones.  Esto debería ser una prioridad libre de agendas electorales y de egos políticos. ¿Qué relevancia puede tener para una persona un partido político, cuando lo único que sabe es que no tiene con qué comer en la mañana? ¿Para qué nos sirven las alocuciones de quienes creen que están haciendo mucho por el país, cuando lo único que refuerzan es el sentimiento de odio y división?

Cualquier líder necesita apoyo, sea político, empresarial, social o familiar y este no es el momento para dejar solo al Presidente, porque lo que está en juego no es una imagen favorable en una encuesta o un golpe al ego porque la mejor idea no fue propia. Lo que está en jaque es la defensa de las instituciones, el valor de nuestra democracia y el encuentro de los ciudadanos trabajando para que juntos saquemos al país adelante.

Todos, terminamos escuchando.  Para algunos es más fácil entender las señales y para otros es más lento el proceso, pero se necesitan los aportes, las sanas críticas y los diálogos. Genial que una de las primeras conclusiones de tanta barbaridad sea el rechazo total a la violencia, pero así de mal estamos que parece que hasta en eso no teníamos acuerdo, igual hay que aplaudirlo, pero hasta ahí.  Ahora hay que entender que lo que viene es aún más difícil y con voluntad y compromisos reales, el país podrá trabajar sobre los puntos ya sobre diagnosticados y en los que hace años que hemos debido trabajar.


En mi columna pasada empleé la palabra “reaccionarios” en la frase: “Seamos reaccionarios y sigamos creando oportunidades, fomentando educación y construyendo diálogos.”  No quiero ser reaccionario en este espacio y siento la necesidad de agradecer a uno de los lectores de 2 Puntos por señalarme el error, pero más aún, por hacerlo de forma tan elegante y propositiva.  Invitación amistosa a consultar más seguido a la RAE.   

 

Alfonso Castro Cid

Managing Partner

KREAB Colombia

 

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