El lento adiós a las noticias en papel

La columna de Alfonso Castro Cid

Alfonso Castro Cid

Lo más parecido a un perro en mi infancia, fue el periódico. Llegaba temprano en la madrugada y era divertido bajar las escaleras para abrir la puerta y dejarlo entrar. Era incondicional y siempre listo, una buena compañía. Todos esperábamos su llegada con ansiedad, queríamos leerlo, enredarnos en sus páginas y secciones, hechas para el gusto de cada quien. Era delicioso ensuciarse con su tinta y pasar horas a su lado, normalmente un tiempo de calidad que se iba en leer páginas enteras o mirar fotos y caricaturas que ilustraban noticias de todo tipo. Podía subirse a la cama, estar en el comedor, dormir en el cuarto y luego, ser útil compañero para muchas labores en el hogar.

El periódico no solamente informaba, en ciertas ocasiones fungía la tarea de vigilante, era como ese perro guardián que tenía claros sus verdaderos afectos. En mi adolescencia uno sabía que iba tarde a casa si se encontraba en el camino a los “paseadores” de la prensa, señores que recorrían kilómetros en bicicleta para entregar los periódicos a domicilio, una versión primitiva de Rappi, exclusiva para impresos y altamente eficiente. Se sabía si uno había llegado pasada la madrugada, porque él estaba ya en la entrada, inmóvil, esperando a ser invitado y listo para alertar a los mayores.

Con esta estrecha relación, es imposible ser indolentes ante la profunda crisis que están viviendo este tipo de medios y sus empresas. Sus diversos formatos impresos e idiomas están en riesgo. En todas las regiones del mundo las conversaciones son las mismas, es como un “calentamiento mediático”, que ha puesto en evidencia la lucha de una especie del mundo periodístico por sobrevivir a los constantes cambios de su ambiente. La mayor transformación que enfrentan es que las personas hemos modificado nuestros hábitos de lectura. Las tablets, los celulares y el consumo de información a la mano, rompieron la costumbre de tomarse el tiempo necesario para leer de principio a fin las páginas completas que habían salido, hacía pocas horas, de una rotativa. Esa lectura de noticias que se hacía a fondo y que requería un espacio físico abundante, para la mayoría, hoy es historia.

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En medio de esta realidad, llega otra triste noticia para el sector en Colombia, se anuncia que El Espectador puede convertirse en semanario. Un periódico que, con sus 133 años de historia, no es la primera vez que vive una crisis, pero esta parece que es la más fuerte y la que podría marcar una ruptura emblemática para el sector. La compleja situación económica que impone la crisis por el COVID, sumado a que los anunciantes continúan buscando a sus consumidores, que cada vez se mueven en un mundo mayoritariamente digital, aceleran estas decisiones que tienen como base la viabilidad del negocio.

La noticia rueda rápidamente y de inmediato la indignación se enciende en las redes sociales. Se buscan culpables y salen los adalides de la justicia mediática, pidiendo que no se acabe con un medio histórico para el país y que tengamos conciencia. Todas buenas intenciones, sin duda, ya que nadie quiere que la prensa escrita se acabe. Las circunstancias actuales no solamente magnifican el problema de los periódicos en el mundo entero, sino que hicieron lo propio con muchos sectores del periodismo y de toda una serie de empresas asociadas con el mundo de las noticias.

Como sociedad estamos continuamente escogiendo y en esa selección, la forma del consumo de medios impresos está en el ojo de una difícil tormenta. Antes era frecuente salir a correr en la madrugada y encontrar en todas las puertas de apartamentos y casas, el periódico esperando a su nuevo amo. Hoy es una novedad ver una puerta custodiada por un periódico.

Si fuéramos a buscar culpables, tenemos que vernos primero hacía adentro, es decir, estamos sentados cómodamente leyendo en digital columnas y noticias como esta, que hoy son la alternativa que estamos escogiendo como sociedad para consumir las noticias. No sé si sea mejor o peor, pero si tiendo a pensar que, con la lenta extinción de este formato, perdemos el hábito para abrir un espacio importante a la lectura de noticias en profundidad, y en general a leer. Algo tan sencillo y habitual que nos marcó a muchas generaciones. Estamos diciéndole adiós a un viejo amigo, esperemos que el camino nos traiga una buena nueva versión de él.

@alfonsocastrcid