Antiempresa, un tiro en el pie

Los empresarios, emprendedores y en general las empresas, están viviendo un duro momento en el país.  Pareciera que todas las circunstancias se suman para hacerles la vida más difícil de lo que ya es.  Primero cayó el Covid que aún no terminamos de controlar.  Luego llegaron las protestas que se confundieron, lamentablemente, con violencia y bloqueos.  Y por último está tomando fuerza un creciente discurso “anti-empresa” que genera gran preocupación porque no tiene muchos asideros reales, pero desestima todos los esfuerzos que se hacen por construir desde el sector privado.

Este último punto es muy peligroso ya que está demostrado que una sociedad que pierde su interés por sus empresas y por mantener un valioso desarrollo del sector privado, aleja los capitales y genera una fuga constante de sus mejores cerebros, que migrarán a buscar mercados en los que puedan desarrollarse. Se pierde así la inversión, la competitividad y por ende el empleo.

El ataque a las empresas pareciera una constante y muchos están cayendo en generalizar que todas las compañías y todos los empresarios son unos señores o señoras riquísimas, a los que no les interesa el país y que controlan todo a su antojo para ganar cada vez más y más dinero, alejando al pueblo de cualquier posibilidad de desarrollo. Aunque si es cierto que en Colombia, como en todos los países del mundo, existen grandes fortunas, es bueno tener presente que de acuerdo con el DANE, en el país el 90% del tejido empresarial está conformado por MiPymes, esto quiere decir micro, pequeñas y medianas empresas. Son esos negocios los que mueven nuestra economía, pero no solamente la nuestra sino la del mundo entero.

De acuerdo con el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), las MiPymes representan el 99% del sector empresarial formal y llegan a consolidar un 60% del empleo en la región. Por lo tanto, quienes se encuentran en un ataque frontal contra los empresarios, tienen que evaluar bien qué están atacando realmente. Porque resulta curioso que se quiera frenar una parte fundamental que genera grandes transformaciones en las sociedades, esto es, el trabajo conjunto de Estado y empresas. El estado pone las condiciones, delimita el campo de accionar y abre las oportunidades para que sean las empresas las que desarrollan su crecimiento, dan empleo y pagan impuestos que el Estado podrá invertir en mejorar las condiciones de la población.

Es importante prestarle más atención a la situación social de nuestro país y a los reclamos de tantos sectores, porque son quejas históricas de puntos abandonados, escondidos debajo del tapete esperando que otro se ocupe de ellos y requieren atención, diálogos y concertación inmediata. Pero también es igualmente importante que escuchemos a nuestros empresarios, esos que todos los días se levantan a buscar nuevos clientes, a ver cómo pagan sus nóminas, a abrir sus negocios para darle de comer a sus familias, mejorar las condiciones en su barrio y emplear a los amigos para que puedan estabilizar un ingreso.

Igualmente es fundamental exigirles más a estos empresarios, porque muchos de ellos están cometiendo el error de quedarse callados, no sumarse a las conversaciones y no salir a defender sus creencias, que no son otras que un mejor futuro para todos. Están paralizados por el temor a ser “matoneados”. Muchos se esconden bajo las piedras y no comunican sus logros, no comparten las evoluciones que han hecho o las grandes inversiones que acometen para modificar sus productos o sus técnicas de ventas para responder a una sociedad cada vez más exigente. Están callando y están dejando que otros tomen la palabra, con un discurso que en el fondo es altamente autodestructivo.

El discurso antiempresa es muy peligroso y no debe confundirse con una constante conversación para que nuestras empresas y nuestros empresarios mejoren sus estándares, fomenten mejores prácticas laborales, comerciales, sociales y tengan negocios más sostenibles en el tiempo.

Destruir las empresas es acabar, en el caso de Colombia, con el 90% de quienes todos los días quieren un mejor futuro.

Alfonso Castro Cid
Managing Partner
KREAB Colombia

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