¿Y ahora qué, cuál es la maricada?

¿Qué es ser “trans”? ¿Cómo demuestro que soy “trans”? ¿Quién es “trans”? ¿Quién te dio el derecho de decir quién es “trans” y quién no? ¿En qué te basas para decir quién es “trans” y quién no? Estas preguntas, a mi parecer de forma atrevida me las hizo un hombre gay hace 5 años y el tiempo me dio la razón para afirmar que aquella persona que se decía “trans” no lo era y solo usurpó la identidad “trans” para alcanzar notoriedad, empleo y un lugar que no fue capaz de mantener, reculando y ocupando el lugar que por derecho le correspondería a “Una Trans”…

Yo siempre he afirmado usar la categoría transgénero o la denominación transgenerista como lo dicen las políticas públicas en los territorios colombianos y la nacional como una herramienta para la incidencia política porque las políticas públicas me obligan a una denominación para hacer uso de todos los recursos y de todas las ventajas de calificarme como tal o cual. Yo siempre he dicho que soy una mujer con chimbo, mondá, verga o pene como se llama en forma moral y políticamente correcta el órgano genital de los machos de la especie humana. Las enunciaciones propias van evolucionando hasta lograr aquella en que nos sentimos cómodas aunque esta no sea ni aceptada o respetada por otras personas, aquí un paréntesis para explicar porque hablo de personas, es simplemente para no hablar de Ellos, Ellas o el tal “Elles” y terminar los sustantivos y los pronombres con la “e” cosa que me parece innecesaria, estando en pleno acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española y no meramente por aspectos gramáticos sino que para mí no garantizan la anhelada inclusión.

Detesto también ese tema de la inclusión porque para mí el concepto inclusión denota el meterme en un sistema que se cree perfecto y creo que eso dista mucho de nuestras realidades. Prefiero el término y concepto integración. De hecho la Real Academia de la Lengua Española define incluir como el poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto, o dentro de sus límites… ¿Estoy dispuesta Yo a ponerme dentro de los límites de lo que es considerado moral o políticamente correcto de la sociedad o reclamar el lugar que me corresponde inclusive con todas mis particularidades? Reclamar mi lugar inclusive con todas mis particularidades, lo que llaman científicamente o socialmente en la modernidad interseccionalidades, parece ser para mí la respuesta correcta pero sin permitir que otras u otros instrumentalicen, manosean, usen para sus propios fines la identidad que uso para la incidencia política.

Hace poco participé en una clase de derecho civil de una universidad santandereana en la que se discutían avances jurisprudenciales y normativos que posibilitan el “cambio” de nombre en el registro civil de nacimiento para posteriormente actualizar o corregir los documentos de identificación y eso me sirvió para estar aún más segura de no “corregir” mi nombre o mi sexo en mi documento de identificación…que quien quiera hacerlo lo haga pero Yo no para satisfacer y permitir que el estado colombiano siga con ese facilismo para garantizar el ejercicio de mis derechos como la mujer con chimbo que soy…La vida de una “trans” no es fácil entonces no sé por qué Yo tengo que renunciar a mi autonomía para que el estado colombiano pueda garantizar el ejercicio de mis derechos…¿por qué una mujer no puede llamarse Pedro, Juan, Manuel, William o por qué una mujer no puede tener sexo macho o masculino según la norma colombiana?

Para reconocer y hacer reflexionar en medio de la construcción y formulación de la política pública distrital de Bogotá, Yo me auto enunciaba como hombre porque a partir de mi genitalidad definida como masculina en mi cédula de ciudadanía, los instrumentos de recolección de información al tener chimbo, mondá, verga, toche y todos los sinónimos colombianos que por resignificación hacemos del pene, en la categoría de sexo colocan hombre, mujer y ahora intersexual. Me auto denominaba como homosexual porque me gusta el relacionamiento afectivo o erótico, o los dos al tiempo, con personas que tienen la misma genitalidad que Yo y, travesti, término acuñado por Magnus Hirschfeld para referirse a quienes usamos “trapos” opuestos a nuestro sexo, Yo usaba a manera subversiva la enunciación de hombre, homosexual, travesti porque para mí, como me vendían el transgenerismo que era la categoría que debía utilizar no me convencía porque siempre viví en mi propia interpretación de lo femenino en ocasiones utilizando, con algunas adaptaciones, los modelos de lo femenino que tenía a mi alcance. Ya después me he quedado en Negra, Marica y Puta por las razones que ya anteriormente he explicado y que para mí simplifica lo complicado de mí ser en mis particularidades más evidentes o que he hecho más evidentes…

Soy partidaria que cada cual se auto enuncie como le dé la gana pero me opongo a que algunas y algunos avivados instrumentalicen o manoseen eso a lo que se obliga a quienes “transitamos” por los géneros, porque no es solo uno, como enunciación, el llamarnos o que nos llamen “trans”…uso solo el prefijo aunque sigo pensando que por sí solo no significa nada pero así somos los seres humanos, economistas y facilistas en el uso del lenguaje.

Yo creo que cuarenta y ocho años de vida y treinta y cuatro de vivir públicamente la identidad femenina que construí y he expresado de diferente forma en diferentes etapas de mi vida, me da la posibilidad de saber al instante quien es realmente “trans” y quien no lo es…recuerden el refrán que dice “ojo de loca no se equivoca”, obra también para identificar a las nuestras aunque anden disfrazadas con identidades sociales para agenciarse cierta seguridad  y evitar violencias que algunas otras estamos dispuestas a enfrentar para beneficio de todas.

Y por eso me doy el lujo de preguntarme ¿y ahora qué, cuál es la maricada? Desafiando a aquellas que porque usan un nombre, que porque en alguna ocasión se pintoretean o porque en alguna ocasión se disfrazan de mujer, ya se enuncian como “trans” usurpando los lugares que nos corresponden por “anos” y años de lucha de ver correr sangre, sudor y lágrimas nuestras y de nuestras pares, utilizando nuestros cuerpos para no solo ganar el sustento diario sino como esa herramienta que subvierte ese considerado orden social porque como decía Elizabeth Castillo por allá en 2007, no hay nada más político que las tetas de una “trans”…

@Dianatrans