Pablo Hasél, el rap de violencia y la última mentira de Petro

Marcial Muñoz

Hace mucho tiempo, incluso antes de mi primer trabajo como periodista, en 1999, aprendí a cuestionar a los medios de comunicación. Independientemente de la honestidad del periodista, muchas veces se trabaja desde la inmediatez del hecho, con escasas fuentes y con mucho sesgo. Reitero aquí es donde la honestidad y el criterio del periodista es clave para informar y no intoxicar a la opinión pública. Lo de algunos políticos oportunistas, como en este caso el senador Gustavo Petro, no tiene nombre, o sí, irresponsabilidad y manipulación.

En los últimos días llegó a Colombia desde España una sorprendente noticia por su trasfondo social, por lo político, y por cómo fue tratada por muchos colegas en los medios. Me refiero al encarcelamiento de un rapero llamado Pablo Hasél, al que incluso Petro quiere convertir en ‘mártir de la perversa justicia europea’.

Un poco de luz en este caso con los hechos estrictamente objetivos:

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En primer lugar, aclarar que Pablo Hasél no ha sido encarcelado por criticar al rey, como algún periodista titulaba de una manera amarillista posiblemente sin informarse medianamente. Los nueve meses de cárcel se deben a “delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias contra la Corona y otras INSTITUCIONES DEL ESTADO”, primer sesgo, primera media verdad, primera mentira por consiguiente.

¿Qué hizo exactamente Hasél en los últimos años para acabar en prisión? En su historial judicial se acumulan las condenas. En 2014, la Audiencia Nacional de España le impuso una pena de dos años de cárcel por considerar que hacía apología del terrorismo al mencionar a organizaciones como ETA, Grapo, Terra Lliure y Al Qaeda en sus canciones y en sus redes sociales de manera positiva. No obstante, esta sentencia quedó en suspenso al ser la primera. Es decir, perdonaron al chico, que no quería ofender, pero se le escapó.

Ese mismo año, 2014, un juez le solicitó la retirada de una de sus ‘canciones’ (canción por llamarla de alguna manera), en la que se incitaba a asesinar al alcalde de su ciudad natal, Lleida, en Cataluña, Àngel Ros: “merece que le peguen un tiro”, decía un verso.

Además, ese mismo año fue condenado a seis meses de cárcel por agredir, insultar y rociar con un líquido inflamable a un periodista. ¡¡Vaya con los artistas del Siglo XXI!! Pura lírica.

Condenas reiteradas por ejercer la violencia física

Posteriormente, de nuevo, fue condenado a dos años y medio de prisión por AGREDIR otra vez al testigo de un juicio en 2017. En 2018, otra vez perdió otro juicio por enaltecimiento del terrorismo —con agravante de reincidencia, claro, ya no podía decir que se le había escapado sin querer— . Dos años de prisión y pago de 24.300 euros de multa. Segundo aviso. Chico, no te portes mal que acabarás peor. El estrafalario ‘rapero’ apeló al Tribunal y se le rebajó finalmente el castigo a nueve meses de cárcel, decisión ratificada hace unos meses por el Tribunal Supremo Español. Agotado el tiempo y los recursos, la orden de entrada en prisión se tuvo que ejecutar la semana pasada.

Es decir, 7 años contra la justicia, 7 años contra el estado, amenazando públicamente a medio país. No es un trino, no es una canción, no es un exceso verbal de un día contra el rey… es un historial de delitos consumados y públicos lo que ha llevado entre rejas a este individuo. No importa si eres rapero, abogado, electricista o astronauta de la NASA. A Hasél no le meten en la cárcel por rapero, ni por supuesto artista antisistema, ni por críticas a la corona (solo uno de los delitos) pero fue como se vendió la noticia: el enfoque. Le meten en al cárcel por quebrantar las leyes, como a cualquier abogado, electricista, astronauta de la NASA o artista, por supuesto. ¿Acaso los artistas pueden quebrantar las leyes por ser artistas? ¿Es así senador Petro? ¿Hay ciudadanos de primera o de segunda respecto a las leyes? o más bien depende de quien diga la barbaridad lo excusamos porque nos interesa y es afín a nuestra ideología.

Independientemente de la libertad de expresión que gozan todos los países en Europa, que es amplia, muy amplia, no es menos cierto que hay límites a esa libertad, a ese derecho adquirido por la democracia. Y esos límites los sobrepasó este aprendiz de músico hace mucho tiempo. Uno no puede ir diciendo que una persona merece que le peguen un tiro o incitando al odio, haciendo llamamientos públicos a agredir a policías, políticos u otras fuerzas de seguridad. No Hasél, eso no se puede. Pura convivencia, civismo. Todo tiene un precio, incluso la libertad de expresión, y tú te la has saltado con tus excesos, con tus amenazas de matón de medio pelo y de fantoche tuitero.

Consecuencias: la izquierda extrema quema las calles

La semana pasada, Barcelona, especialmente, y Madrid, sufrieron la ira nocturna incontrolada de unos centenares de jóvenes aprendices de terroristas callejeros. El motivo no era la pérdida de cientos de miles de empleos y una más que oscura gestión del gobierno español en la pandemia; tampoco era el retraso en el plan de vacunación que tiene el país ibérico, ni siquiera la poca transparencia en el número de muertos que España ha sufrido en la pandemia, donde todos los indicadores independientes aportan 30.000 fallecidos más por Covid-19 que lo que reconoce el Gobierno. No, no. Eso no es motivo para protestar. Esos jóvenes salen por las noches a arrasar el centro de Madrid o Barcelona porque Hasél entraba en prisión en cumplimiento escrupuloso de las leyes españolas (y europeas) en referencia a delitos de odio.

España es ese extraño país en el que los que destrozan calles, amenazan a medios de comunicación, agreden a policías y saquean comercios se les consideran las víctimas de un peligroso ‘fascismo’ que sólo ven algunos en sus mentes. A mi juicio es la perfecta metáfora del siglo XXI de D. Quijote y los molinos de viento. Los fantasmas que no existen sino en algunas mentes manipuladas, cargadas de odio. Ellos son realmente los fascistas que quieren imponer sus ideas a la mayoría a través de la violencia. No saben otro método. ¿Acaso no se daban cuenta que destrozando y saqueando comercios, como lo hicieron por cientos, solo contribuían a la pobreza de muchas familias trabajadoras? o será que lo hacen a propósito apelando al ‘cuanto peor, mejor’. No tengo dudas.

El mundo al revés, una vez más

Algo pasa en este mundo cuando la gente sale a protestar por un delincuente y no por la pérdida de derechos y libertades. O la mayoría recuperamos el sentido común y nos lo apropiamos socialmente, o todo se va al carajo, si es que ya no estamos en el carajo y no nos hemos dado cuenta. Y lo primero es señalar, aislar a los violentos, a los que quieren cambiar las normas del juego con un adoquín en la mano. Señalar a los que los incitan, a los que promueven la violencia desde sus redes sociales y se esconden posteriormente como cobardes. El Estado y la sociedad civil no se doblegará ante ellos.

Finalizo. Periodistas apresurados, deshonestos o mentirosos directamente: infórmense y no intoxiquen con titulares llamativos. Senador Petro, no manipule una historia y una realidad que claramente desconoce. En España la justicia es proteccionista, a veces muy proteccionista, desde 1977. Hasél no es el poeta García Lorca y España no está a las puertas de otra Guerra Civil, al menos así lo ve la mayoría de la gente salvo los que tiran piedras a las vitrinas de las tiendas y a la policía. Es posible que esa guerra sí la deseen sus aliados ideológicos en España, el partido Podemos, que ponen a cuatro niños a arder las calles en las noches, pero esos pobres niños manipulados, senador Petro, señor Pablo Iglesias, son cuatro gatos, mejor dicho, cuatro delincuentes desubicados, como lo es Hasél. La ciudadanía española en general está a nivel mucho más elevado. Eso que usted publicó en su Twitter es solo una mentira.

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Marcial Muñoz es periodista y director de www.confidencialcolombia.com