El éxito a través de lo extraordinario: Rafael Nadal

         Marcial Muñoz

En mi etapa de periodista deportivo tuve la ocasión de coincidir un par de veces en Madrid con Rafael Nadal, reciente y eterno ganador sobre la tierra de París. Fue hace unos 13-14 años; y al igual que esta semana, Rafa ya era un campeón, aunque nadie podía imaginar lo que acabaría logrando en Roland Garros. Una gesta inalcanzable diría casi que para cualquier disciplina deportiva: ganar 13 veces uno de los torneos más prestigiosos del mundo.

Por aquel entonces aún lucía melena, rondaba los 20 años y era tímido. Todo lo contrario que con la raqueta en la mano. También era un joven disciplinado, humilde y respetuoso. Serio, muy serio, al menos fuera de su entorno más privado, y con los periodistas mostraba una madurez impropia de su edad. Apuntaba ya a leyenda.

Rafa es, sin duda, un campeón irrepetible, uno de los mejores competidores de la historia del deporte y uno de los más admirados. Detrás de esa figura de atleta musculado, se encuentra una persona sencilla, humilde y trabajadora dentro y fuera de la pista. Nadie duda que al clave de su éxito es el trabajo y una mentalidad ganadora que arrolla a cualquiera.

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Gestas deportivas al margen, me quedo con el personaje. Además de todos los valores que representa sobre la pista, Nadal es un ejemplo como persona, evidenciando siempre su liderazgo y sensibilidad social ante situaciones difíciles. No dudó en aparcar la raqueta por unos días y coger una escoba para barrer toneladas de lodo junto a sus vecinos en Mallorca, durante las terribles inundaciones en 2018 que dejaron varios muertos. Además, colabora con infinidad de causas benéficas, casi siempre vinculadas a la infancia.

 

Y en este punto es donde me quiero detener. ¿Qué hace especial a las personas? Claramente el talento a unas; el esfuerzo y la capacidad de trabajo a otras; o la suma de las dos, como es el caso de Nadal.

¿Qué valores transmite Rafa?

Disciplina: Tener el talento y las condiciones adecuadas para destacar no son suficientes, sin esfuerzo no se consigue llegar a la meta. La capacidad de sufrir o de sobreponerse a los problemas.

Ambición y mentalidad ganadora: resistir y crecer ante las adversidades. Querer más, ser mejor

Perseverancia: Vital no rendirse y no caer ante las adversidades, en su caso las lesiones de rodilla especialmente, y de muñeca.

Humildad: Relativizar los éxitos ayuda a no perder la perspectiva y nos permite seguir adelante con nuevos objetivos.

Trabajo en equipo: Su núcleo duro de trabajo es prácticamente el mismo desde hace 20 años. Una familia.

Deportividad: ha sido galardonado en tres ocasiones con el Premio Stefan Edberg al tenista más deportivo.

Todo esto explica que tras 15 años de rivalidad y amistad con Roger Federer haya sido capaz de alcanzarle en victorias en torneos grandes, 20 para cada uno. Federer juega distinto, fácil. Es un dios del deporte, alguien que tiene el talento innato de hacer que las cosas más difíciles parezcan sencillas, al alcance de todos (caso parecido a Michael Jordan en baloncesto; o Zidane o Messi en fútbol). Nada más lejos de la realidad, no solo no es fácil jugar como Federer, es que es imposible hacerlo con esa naturalidad.

La clave de Rafa no es ese talento innato o el dominio del juego. Su clave es la manera en cómo los partidos, como la vida misma, como si cada punto fuera el último segundo de su vida. El único camino real que es el del esfuerzo, el trabajo, el sufrimiento por alcanzar una meta. No rendirse jamás. Un ejemplo para los jóvenes de su generación, en general acomodados perfectamente en el facilismo. A la ley del mínimo esfuerzo. Eso en Rafa es un imposible porque no formaría parte de la gesta, de la épica con la que le gusta morder trofeo tras trofeo.

Si el mundo tuvieras más nadales todo fluiría mejor. Las empresas serían más eficientes, los empleados más productivos y felices, y por supuesto, los políticos más honestos. Soñemos y luchemos.