¿Testarudez asintomática?

Juan Luis Castro

No puede ser posible que, ante el inminente desplome de los servicios hospitalarios de las principales ciudades del país y los récords diarios de contagios y decesos, los ciudadanos sigamos siendo víctimas de la testarudez de quienes pueden, y deben, hacer lo posible por contener el desastre.

El panorama del país es desconcertante. Mientras que los profesionales de la salud ruegan por volver a una cuarentena estricta, necesaria por la evidente falta de una estrategia nacional que garantice los mínimos básicos tanto en promoción como en prevención; como respuesta aparecen argumentos en contra del salvamento de la vida de cientos de ciudadanos (259 fallecidos para el día que escribo esta columna).

Fácil resulta esgrimir que los médicos no tienen en consideración las afectaciones económicas que generaría un nuevo cierre total del país, afirmación en la que se filtra una profunda indiferencia y desprecio por la vida. “Los muertos los ponen los pobres…” o dicho de manera más exacta los desprotegidos, los mismos ciudadanos a quienes no se les garantiza la seguridad alimentaria. Solo por mencionar uno de sus derechos vulnerados.

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La pregunta concreta a la que quiero llegar con lo anterior es ¿a los cuántos muertos habremos logrado defender la economía?

Con razón vemos la manifestación independiente de los profesionales de la salud, que no tienen esa deuda (tan propia de la política nacional tradicional) con intereses económicos, políticos y culturales. El juramento que tomamos por vocación, y me incluyo porque soy médico, hoy nos sitúa en el distópico escenario en el que se regodea la injusticia.

Urge dejar de lado la testarudez. Urge alcanzar el consenso político que permita un acto tan simple como valioso: salvar la mayor cantidad de vidas. Urge en igual medida fortalecer canales de retroalimentación de las estrategias, que insisto, deben empezar a funcionar de manera nacional y coordinada teniendo en cuenta la distribución de tapabocas de calidad para toda la población, la implementación de la renta básica, la canasta básica familiar sin IVA, etc.

La pandemia no es una discusión entre Claudia o Iván, ni entre la derecha y la izquierda, les invito a reconocer que la salud pública no responde a colores políticos.

Si no prestamos suficiente atención a estos aspectos, cada colombiana y cada colombiano tendrá que seguir viendo cómo sigue el desperdicio de los recursos públicos, que caen en bolsillos de intermediarios con nombre de persona jurídica y sin rostro de persona natural.

El talento humano en salud aún lidiará con problemas de abastecimiento y suficiencia de elementos de protección porque los dineros no llegarán, y a diario seguiremos conviviendo atónitos con las cifras récord de compatriotas muertos.

He advertido que Colombia no puede darse el lujo de entrar y salir de cuarentenas totales que vayan asfixiando la economía, sin embargo, ante el ineludible fracaso de la gestión que se llevado a cabo hasta el momento parece ser el camino más seguro para recuperar algo de terreno y tiempo contra el virus. Cada día sin una política nacional que satisfaga los mínimos de seguridad cuenta.

P.D. Por otro lado, en medio del difícil panorama algunos colegas congresistas aún debaten sobre la presencialidad o virtualidad de nuestras sesiones. Los pronunciamientos ya son públicos y el reglamento es claro, así que los invito a discutir lo verdaderamente importante y a ejercer el control político que nos corresponde. Espero dialoguemos pronto en las videoconferencias.

@JuanLuisCasCo