También se debe combatir la pandemia de la mala convivencia

Los veo muy preocupados por hacerle frente en el 2021 a la pandemia del Covid 19, por supuesto, con justa razón. Sin embargo, es bueno recordar que el mundo tiene otras pandemias a las que Bogotá no es ajena y me refiero a las diferentes violencias que se vive en cada localidad, derivadas del alto grado de intolerancia.

Hablo de la violencia intrafamiliar (hacia mujeres, con niños, entre hermanos,  de la mujer  hacia al hombre, a personas de la tercera edad,  etc.), riñas entre vecinos, riñas escolares, enfrentamientos de hinchas de los diferentes equipos de fútbol y demás manifestaciones negativas que han deteriorado la convivencia ciudadana.

Valga recordar que este es un mal en todas las ciudades del mundo, al que parece hemos terminado por acostumbrarnos, al punto en que cuando somos testigos de alguno de estos hechos, no se nos hace extraño y dejamos que pase y muchas veces cuando nos decidimos a intervenir, lo hacemos cuando  sucede lo peor.

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Es por esto que se hace necesario que, al menos en Bogotá, se trabajen políticas públicas de ciudad, más no de gobierno, duraderas en el tiempo que arrojen resultados cuantificables en el mediano plazo y largo plazo, porque es bien sabido que este no es un tema fácil de trabajar y en donde no se pueden esperar soluciones con visión cortoplacistas.

Bogotá debe superar los personalismos con los que trabaja los temas relacionados con la convivencia ciudadana, que hacen que lo que hizo el anterior el alcalde, su sucesor los desbarate, no porque sean malos, sino porque los hizo su antecesor. Esas vanidades son las que deben acabarse, porque al interrumpirse determinada política, se acaba con todo un trabajo que en este sentido se venía desarrollando.

En esta tarea el Concejo de Bogotá debe poner su granito de arena dando paso a un proyecto de acuerdo que permita desarrollar políticas públicas en materia de convivencia ciudadana, medibles a mediano y largo plazo, con la idea de combatir la pandemia de las diferentes violencias que se viven en todas las localidades.

La responsabilidad no es únicamente de la administración de turno, el Concejo de Bogotá también debe trabajar en este sentido, al igual que lo deben hacer las diferentes juntas de acción comunal, que son quienes conoce con mayor certeza lo que ocurre en sus territorios.

Es muy cierto que lograr una  sana convivencia es uno de las tareas más difíciles que hay en la vida, pero no es imposible de conseguir, si se trabaja con una visión clara, atendiendo las necesidades que en esta materia tiene la ciudad y no tanto  lo que al alcalde(sa) de turno se le ocurra.