Por nuestros niños, niñas y adolescentes

Las cuentas de Medicina Legal indican que durante el 2020 en Colombia se  reportaron 1.579 menores de edad, de los cuales 811 aparecieron con vida, 10 se les encontró muertos y de 758, aún no se tiene rastro. Según las cifras de la Unidad Para las Víctimas, en el Registro Único de Víctimas (RUV), hay 3.416.283 niños, niñas y adolescentes incluidos como víctimas únicas, lo cual hace referencia a víctimas que sufrieron los hechos siendo menores de edad.

El Ministerio del Interior reporta que desde 2013 hasta julio de 2020, se han registrado 686 casos de trata de personas, de los cuales el 12% corresponde a niños, niñas y adolescentes. Otro riesgo para los menores de edad en nuestro país es el reclutamiento forzoso por parte de los grupos armados ilegales, tema que ha sido alertado en muchas ocasiones por la Defensoría del Pueblo.

Como vemos son muchos los males en nuestro país que se configuran como un riesgo para los niños, niñas y adolescentes y que exigen de parte  de nuestra sociedad en general y de todas las instituciones del Estado, la total atención para recuperarles y arrebatárselos a la ilegalidad y devolverles la esperanza de vivir.

Por nuestros niños vale la pena unirnos y llevar a cabo no solo una, sino  miles de campañas sociales que inviten a protegerlos  y a cuidarlos, porque debemos ser consciente de la importancia que tiene el ayudarles a llevar una vida digna, llena de amor y cariño, porque solo así podemos garantizar que serán ciudadanos de bien.

Es por esto que debemos denunciar a los padres que les someten a maltrato físico y psicológico y sobre todo demandar judicialmente a quienes atentan contra su inocencia violentándoles sexualmente. Lo peor que como sociedad podemos hacer es quedarnos callados ante estos hechos.

Lo otro que nos compete es realizar cuanto acto se nos ocurra como método de presión para que el Estado actúe con celeridad en las investigaciones que permitan dar con el paradero de los menores de edad desaparecidos, ejemplo, Sara Sofía. No es posible que después de más de dos meses de búsqueda, aún no se sepa con exactitud que pudo ocurrirle y lo más insólito, que a la fecha no se les haya podido obligar a la madre de la niña y al padrastro a confesar la verdad.

Vaya uno a saber cuántos casos iguales o similares al de Sara Sofía se repitan en los territorios apartados, donde difícilmente se puede acceder a la ayuda de un medio de comunicación para darlo a conocer y buscar el debido apoyo.

En esto se requiere el respaldo total y decidido de los medios de comunicación, quienes se interesan por la noticia, dependiendo de cuantos ríos de sangre corren y cuántos muertos se puedan contar, pero con el tiempo la van desvaneciendo hasta desaparecerla totalmente de sus agendas. Ejemplo, Sara Sofía, hoy es poco lo que se escucha decir de la niña, cuando lo lógico sería que se unieran en pro de una campaña que demuestre el interés que hay para que se sepa la verdad de lo sucedido.

Cuidar de nuestros niños, niñas y adolescente debe ser una causa nacional en la que todos debemos unirnos con miles de campañas. Aún es tiempo de iniciarlas pero de manera permanente, no ese tipo de causas fugaces que desaparecen a las dos semanas de haberlas creado.

Tengamos claro lo importante que es el cuidar de nuestros niños, niñas y adolescentes.