El robot del ICBF: ¿inteligencia artificial o ciencia ficción?

Querido robot Betto: me gustaría dirigirme hacia ti como si pudiéramos sostener una conversación normal. A ti te atribuyen un poder que te hace casi superior al humano. Eres un robot programado con algoritmos por el ICBF, y tu misión es seleccionar operadores idóneos que le lleven la mejor atención integral a nuestra primera infancia en Colombia. Tu deber es impedir que la corrupción se meta por las esquinas del proceso y garantizar que ningún niño o niña en Colombia que lo necesite sea atendido, cuidado y protegido.

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En efecto, cualquiera pudiera decir que eres superior al hombre, pero eso no es bueno, pues te hace inhumano. Y te hace inhumano, querido Betto, porque como máquina aún eres muy limitada para temas de básica justicia. Por ejemplo, tu proceso ha dejado sin empleo a miles de mujeres que llevan años dando todo su corazón, tiempo y esfuerzos por atender a miles y miles de niños en el país. Estas mujeres se llaman Madres Comunitarias, y lo que ellas hacen va más allá de lo que tú puedas comprender, pues palabras como amor, cuidado, esperanza, confianza, cariño, liderazgo comunitario o calidez no son variables matemáticas que se puedan analizar, mucho menos sentir en toda su magnitud por una máquina.

Por eso, aunque puedas responder cuál proponente es mejor que otro en términos de papeleo y certificaciones, tú eres un robot que no tendría respuesta alguna para la madre comunitaria de Usme que, junto con sus 15 compañeras, debió darles un doloroso adiós a 750 niños de esa localidad sin entender por qué. ¿Qué hicieron mal? ¿En qué momento sus cuidados para con los niños fueron insuficientes, hasta tal punto de verse excluidas del proceso y sin empleo? ¿Qué podrías responderles? Nadie lo sabe, ni tú mismo. Y eso es un fallo.

Sin embargo, podemos estar de acuerdo en que cosas como el liderazgo comunitario o la construcción de tejido social no son cosas que se evalúan en un proceso de contratación. Eso es cierto. Lo que se considera son aspectos como las certificaciones, la experiencia previa, los balances financieros y todos esos conceptos técnicos. Pero aquí también fallas.

Porque, querido Betto, eres una máquina susceptible a los fallos. Hasta Lina Arbeláez, la directora del ICBF, debe llevar a decenas de proponentes ante la justicia, denunciados por presunta corrupción, ya que lograron engañarte y aportar papeles falsos, entre otras cosas.

Muchas personas denuncian que pedías como requisito que los operadores llegaran con personal ya contratado al proceso de selección. ¿Quién en sus sanos cabales contrata personal para un servicio que todavía no se ha ganado? Es una gran interrogante.

Tu algoritmo falló decenas de veces en lo técnico, y miles de veces en lo moral.

Y falló al momento de dejar, solo en Bogotá, a 2.000 Madres Comunitarias sin empleo y a miles de niños y niñas sin atención en este inicio de año. ¿Qué clase de inteligencia artificial es la tuya, que no es tan inteligente como para haber pensado que la experiencia de esas 2.000 mujeres es incalculable y vale más que todo el oro del mundo?

En conclusión, fuiste diseñado para elegir a los mejores operadores, pero dejas por fuera a miles de Madres Comunitarias en todo el país; fuiste diseñado para eliminar los riesgos de corrupción, pero se te colaron varios proponentes no tan santos.

Como máquina eres imperfecta, pero solo hay que esperar la voluntad de tus dueños para ajustar los mecanismos que tienes dañados. Quizá entonces brille la luz de la justicia y puedas devolverle a miles de Madres Comunitarias su lugar natural en el mundo: estar al lado de nuestra niñez más vulnerable, como siempre lo han hecho.

Y es que, querido Betto, nos han vendido que eres la última maravilla en inteligencia artificial, pero lo tuyo parece pura ciencia ficción.

@oramirezvahos