Costo de vida por las nubes

Últimamente hay una queja generalizada de los colombianos acerca del costo de vida tan elevado por el cual se está atravesando y no es para menos, tienen toda la razón y de ello sí que da muestra el último informe del DANE que arroja una inflación del 8,53% con corte al mes de marzo, es decir, más de 5,6 veces que la registrada en el mismo período del año anterior, algo que no se presentaba en el país desde el año 2016 cuando se alcanzó la cifra del 8,97% como lo informó el Banco de la República en su momento.

Hoy todo está costoso, productos básicos de la canasta familiar como la carne, los huevos, el aceite, el pan, tubérculos como la papa, etc, están por las nubes y cada vez es más difícil para los hogares adquirir estos productos que, ahora se han convertido en un lujo para las familias.

A esto hay que sumarle las onerosas tarifas de los servicios públicos, principalmente de energía, gas y agua que también están asfixiando a los colombianos, muchos usuarios denuncian que en la mayoría de casos sus recibos llegan por el doble del valor de antes o incluso más elevados, sin que nadie regule, sancione o haga algo ante los abusos tarifarios de las empresas que cada vez se enriquecen más a costillas del pueblo.

Y es que está inflación tan alta que no se había visto en Colombia desde hace más de cinco años y que sigue al alza, lo que está produciendo es el empobrecimiento de los ciudadanos, ya el costo de vida causa estragos en la mayoría de la población que es la que sobre vive con un salario mínimo. Por ejemplo, el popular corrientazo también fue otro de los damnificados, ya un almuerzo sencillo no baja de los diez mil pesos, lo que hace que para muchos sea imposible acceder a ese menú, otrora, el más apetecido por las clases menos favorecidas.

Sino se hace nada al respecto y si el gobierno no regula este fenómeno social tan grave lo que habrá en pocos días será una hambruna en las familias colombianas de menos recursos y por supuesto, los índices de inseguridad seguirán al alza.

Por eso, el gobierno tiene que formular un plan de choque, estimular la oferta de productos, las entidades tienen que entrar a regular a las empresas que siguen abusando de las onerosas tarifas y ponerlas en cintura. También debe reducir el valor de los aranceles de los productos importados, sobre todo para el sector agroindustrial y de alimentos, los grandes damnificados con la carestía actual, también debe impulsar líneas de créditos con tasas de interés bajas y períodos de gracia.

Ahora bien, si vemos en contexto lo que sucede con los pequeños y medianos productores agropecuarios, su situación también es precaria, los insumos y fertilizantes están por las nubes lo que hace muy difícil poder comprarlos, nos dicen que ese escenario obedece a la actual guerra entre Rusia y Ucrania, países productores a gran escala de insumos agropecuarios y que la escasez de los mismos ha impactado en el precio final al consumidor, cosa que en parte es cierto, pero que también nos hemos quedado cortos al depender de otros países cuando en Colombia se puede generar una producción orgánica de estos productos tan básicos para la producción en nuestros campos.

Lo peor del caso es que el propio Ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, ya aseguró que “las presiones internacionales seguirán pesando en abril para la inflación, pero hacia mayo se espera que los datos empiecen a descender”, cosa que de nada servirá porque muy seguramente esos precios se mantendrán en los valores actuales, sin importar que haya un descenso en los niveles de inflación, que para los expertos puede cerrar el año en 6,4%.

Ojalá haya una desaceleración de la inflación en el corto plazo que permita un respiro para millones de colombianos que hoy están ahogados por la carestía del costo de vida, no es justo que tras una pandemia que aún no superamos del todo, tengan ese golpe de gracia con una inflación desbordada y sin control.

@GGarciaRealpe

Guillermo García

Senador de la República Abogado y economista egresado de la Pontifica Universidad Javeriana, con maestría en Desarrollo Económico por la Universidad de Andalucía, España. Suma cuatro períodos consecutivos como senador de la república del Partido Liberal.

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