Cosmorama, Opinión

El miedo a ser nosotros mismos


Gustavo-Salazar-Pineda
Gustavo Salazar

Los miedos que amenazan a mujeres y hombres son múltiples y muchos de ellos paralizan a quienes los padecen ya que pocos son los que pueden controlar y someter tales diablos espirituales, son enemigos de una vida sana, plena y feliz.  Pero hay uno que es en esta sociedad del tercer milenio un obstáculo supremo para la felicidad de millones de personas: el miedo a ser nosotros mismos.

Una sociedad altamente egoísta, competitiva y materialista como la actual conlleva a que vapuleada e idiotizada por los medios masivos de comunicación y las potentes e influyentes redes sociales, tienda a imitar a otros, preferiblemente los famosos y notables patrones sociales que nos parecen los apropiados a seguir.

La tensión emocional y espiritual, la ansiedad patológica y la insatisfacción personal de millones de varones y féminas andan perdidos en sus vidas, ante su necesidad imperante de seguir paradigmas y modelos de exitosos famosos y aparentemente triunfadores sociables.

Nuestras vidas giran alrededor del miedo, de muchos miedos para ser exactos, potenciados por los entramados cibernéticos de las plataformas sociales. El miedo a no ser uno mismo, esa hermosa enseñanza de los griegos, el conocerte a ti mismo ha ido perdiendo espacio en la sociedad supuestamente progresista y civilizada pero realmente idiotizada, robótica y desbordada en la auténtica individualidad que ha de tener toda criatura racional.

Simulamos a ser nosotros, pero copiamos vidas de otros, no vivimos nuestras vidas por andar tratando de conocer y vivir la de los demás; no nos aceptamos tal cual somos que es la más bella forma de vivir; queremos gustar a muchos, vivimos con angustia de no ser aceptados tal cual somos, con virtudes y defectos, somos serviles y esclavos de las tendencias, modas, gustos y formas de vestir arbitrariamente impuestos por quienes nos manipulan y dictan normas y leyes de cómo debería actuar, ser y vivir. No hay peor pesadilla existencial que vivir por y para otros y no hacer de nuestras existencias lo que seamos y queremos ser.  Agradar, complacer,

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gustar a otros es la máxima aspiración de millones de jóvenes de esta alocada y paranoica sociedad bimilenaria.

Aceptarnos como somos es la base y el soporte de una vida auténtica, alegre y feliz; el crecimiento personal empieza con situarnos ante nosotros mismos y enfrentarnos tal cual somos, frágiles, vulnerables, con defectos, y que tal aceptación implique reconocernos y definirnos como personas normales.  La imagen que tengamos de nosotros mismos, la autoaceptación es imprescindible para el correcto vivir; querernos y amarnos sin excesos es fuente inagotable de satisfacción y alegría vivencial.  Juzgarnos y auto infligirnos castigos y censuras personales no conduce al buen vivir, vivir relajadamente y jugar con las cartas que tenemos así no sean las mejores, es una forma inteligente de vivir una buena existencia.

Vivir secuestrados emocional, intelectual, socialmente del que dirán, del concepto del vecino, de las tendencias, modas, conceptos y gustos que dictan arbitrariamente los manipuladores de las redes sociales, nos conduce a la insatisfacción, la ansiedad a la depresión y de allí al suicidio no hay más que un paso.

Locura, desadaptación social, neurosis y profundas patologías psiquiátricas están produciendo dos fenómenos que se entrelazan: la falta de autoestima y valía personales y la excesiva y dañinisima influencia de las plataformas cibernéticas que ayudan a menguar, si no estrangular y aniquilar, nuestra valía personal.

¡Vivamos con lo que somos y no como nos indican esos siniestros gurúes de las plataformas llamadas redes sociales si queremos ser felices¡

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