Un senado ciego, sordo y testarudo

Una vez más el Congreso de la República demostró que pocas ganas tiene auto reformarse a través de iniciativas como por ejemplo, duros castigos para el ausentismo parlamentarios, reducción del sueldo o el recorte del período vacacional de cuatro meses al año.

Seguramente hay miles de justificaciones para tratar de explicar lo sucedido en días anteriores, cuando por falta de quorum se hundió el proyecto de ley que buscaba reducir las vacaciones como por ejemplo, que estaban en el baño; que salieron a contestar el celular; que se les cayó la señal a quienes se conectaron desde la virtualidad y hasta que se pararon un momento a tomarse un tinto.

Lo cierto es que ninguna de esas explicaciones ayudará a corregir el autogol que el mismo Congreso se hizo al hundir una iniciativa que bien les podía ayudar en su intención de reelegirse en el cargo en 2022, porque aportaría a resarcir la mala imagen que tienen los parlamentarios en Colombia.

Al parecer, los actuales congresistas no han entendido que hoy existe un malestar y una indignación ciudadana que se ha reflejado en las calles en medio de las diferentes manifestaciones que se ha venido dando en todas las ciudades y municipios del país y que por primera vez obligó al Estado a escuchar el sonido de la cacerola.

Esta indignación es la que se va a hacer sentir en las urnas tanto en marzo como mayo y junio, y poco les va a importar las razones que tuvieron para permitir que se hundiera un proyecto que bien les pudo servir dentro de sus logros, pero está visto que pudo más el deseo de no querer perder privilegios.

Hoy día muy pocos creen en la vieja excusa de, “en los días que no están en las plenarias y comisiones están en las regiones dialogando con las comunidades y conociendo sus necesidades y problemas”. Bastaría con preguntar en Migración Colombia cuantos congresistas salieron del país entre diciembre y marzo, y nos podemos encontrar con que más del 90% lo hicieron, y no fue precisamente para charlar con los colombianos que viven en el exterior.

Lo sucedido en días anteriores es algo que difícilmente se les olvidará a los colombianos habilitados para votar en las próximas elecciones, detalle que por lo visto ninguno de los senadores tuvieron en cuenta antes de actuar de esa manera tan ciega, sorda y testaruda.

Insisto, seguramente habrá uno que otro senador que las circunstancias del momento le obligaron a ausentarse y alguno habrá tenido que pasar por alguna desafortunada coincidencia como por ejemplo, que se le cayó la señal, el tema es que dice el viejo y conocido refrán que ‘el que inocentemente, inocentemente se condena’, y ya veo a más de uno condenado en las próximas elecciones a Cámara y Senado.