Que no quepa la menor duda: la culpa es de Duque

El próximo trabajo del presidente Iván Duque en cuanto termine su periodo como primer mandatario en Colombia, debería ser el de interpretar a Poncio Pilatos.

No creo que Iván Duque no supiera que cualquier cosa que sucediera en nuestro país desde el momento en que tomó posesión del cargo como jefe de Estado, era su responsabilidad y el quien debía responder. No puede ser que ahora diga que la culpa del grado de crispación que actualmente se vive en Colombia es culpa de su antecesor y que lo que puede suceder en adelante es culpa del que llegue a remplazarlo, y dónde está entonces el grado de compromiso que el como presidente de la república tiene con la nación.

Uno no se hace elegir para conducir los destinos del país únicamente con el ánimo de ganar buen sueldo, ser invitado a los grandes cocteles y recibir honores militares. Cualquier persona que llegue a la presidencia de la república de un país como el nuestro, debe tener claro que es lo quiere y asumir la responsabilidad que corresponde por cualquier decisión que tome mientras ejerza el cargo.

Parece que ese detallito se le olvidó a Iván Duque antes de lanzarse a la aventura de buscar el primer cargo del país. Bien lo dije mientras se vivió la campaña por la presidencia en el 2018, que cualquier error en las políticas del Gobierno, quien debía poner la cara era el presidente de la república, que esa tarea no lo iba a hacer ni Álvaro Uribe ni ninguno de los congresistas del Centro Democrático, que lástima que el mensaje no se haya entendido, porque hoy vemos al jefe de Estado manejando el país a control remoto y totalmente desconectado de la realidad.

Que a un mandatario se le caiga una que otra iniciativa durante su trámite en el legislativo o en el control constitucional es algo normal en un sistema de pesos y contrapesos como el de Colombia, lo que resulta anormal es que la mayoría de sus proyectos, por no decir que todos, resulten ser un fiasco como ha pasado con Duque.

Sucedió con la intención de reformar los Acuerdos de Paz; sucedió con el proyecto de reforma política; sucedió con la reforma salud y sucedió con la reforma tributaria. Su intento por tumbar a Nicolás Maduro fue un total fracaso y de ñapa, ahora debe ser testigo de la creación de las curules para las víctimas a las que el como congresista se opuso.

En política exterior  nuestro país no vive un mejor escenario. Hoy Colombia debe enfrentar un trato indiferente de parte de los Estados Unidos y el poco diálogo con las regiones, tiene a las poblaciones ‘emberracadas’ por las falencias sociales que se vive en sus territorios, que claramente Duque no conoce.

Todo esto ha sido el pan de cada día durante el período de Iván Duque y nada tienen que ver ni Juan Manuel Santos, ni quienes tienen aspiraciones a reemplazarlo en el cargo, porque, muy al contrario, ellos se han ofrecido a ayudar, pero el oído sordo del presidente no lo ha permitido.

Ya es muy tarde para corregir el rumbo porque el gobierno Duque entra en su etapa final a partir de julio de 2021. Por ahora lo que debe hacer el primer mandatario es abrir escenarios de diálogo directo con quienes manifiestan sus inconformidades en las calles de las diferentes ciudades y municipios, si en verdad no desea entregar un país en caos.

@sevillanojarami