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Las lecciones que deja la caída del ministro Botero

La opinión de Oscar Sevillano

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Oscar Sevillano

Es innegable que con la caída del ministro de Defensa Guillermo Botero, el Gobierno Duque ha recibido un golpe de enormes proporciones, que políticamente lo deja bastante débil. Sin embargo, si en realidad desea levantarse, lo lógico sería que aprendiera de las lecciones que este caso le deja.

La primera de estas lecciones, es que no se puede nombrar en un cargo tan delicado a una persona que puede ser muy buena en su área profesional, pero que no maneja los temas de seguridad nacional y defensa, y que además no tiene la más mínima idea de que como se hace y lo que es peor, sin que sepa cómo es el funcionamiento del aparato militar y de policía en Colombia.

No dudo de las capacidades de Guillermo Botero como economista y administrador de empresas, no en vano dirigió el gremio de comerciantes más importante del país durante 15 años, pero de ahí a manejar los temas de orden público en un país tan complejo como el nuestro, hay un abismo muy grande. Aquí es importante que el presidente Duque analice bien a las personas que le recomienda el expresidente Álvaro Uribe, antes de darle gusto. Bien lo dije al  inicio del Gobierno actual, “quien pone la cara ante el país no es el exmandatario, sino el primer mandatario, es decir Iván Duque”.

La segunda lección que deja este caso es que no se puede aplicar  una política de guerra, con bombardeos como protagonistas, en un país que está implementando un acuerdo de paz. Es equivocada la idea de pretender administrar una nación, con una política de orden público, propia de las circunstancias del año 2002.

Es cierto que hay que hacerle frente a las disidencias que dirige Iván Márquez, lo mismo que al ELN y al Clan del Golfo, pero, es necesario replantear las estrategias de guerra, además de que es necesario elevar los porcentajes de certeza en la inteligencia militar, antes de realizar una operación bélica que incluya asalto aéreo.

No puede ser que la excusa a la hora de dar la cara por la muerte de siete u ocho menores de edad en un bombardeo, es que no se tenía conocimiento de la presencia de estos en el lugar, ¿qué quiere decir esto?; ¿qué la inteligencia militar en Colombia no sirve?; ¿dónde está entonces el director de Inteligencia Militar de las Fuerzas Militares que no ha dado la cara?

Tampoco es aceptable el argumento que plantea la editorial del diario El Tiempo del pasado domingo 10 de noviembre cuando dice que  “Frente a esta horrible conducta, hay que ser muy claros en que la responsabilidad recae por completo en los reclutadores”, ¿qué quieren decir con esto?, qué si vuelven a caer menores de edad en los

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próximos bombardeos, ¿de malas?

El Estado ya estaba advertido de los reclutamientos de menores de edad en la zona donde se dio el ataque militar. Aquí no pueden venirse a lavar las manos ni el presidente de la república, ni la policía, ni la Fiscalía, ni los altos mandos militares, ni el ICBF, porque  la alerta temprana ya se había dado. Lo que sucede es que como siempre, se menosprecian las advertencias, y esto hace que estas situaciones agarren por sorpresa al Gobierno Nacional. No creo que la frase del primer mandatario, “de que me hablas viejo”, haya sido casual.

La tercera lección que esto le  deja al presidente Duque, es que se debe confiar, pero no ser confiado. No puede ser que luego de la vergüenza que pasó en la Asamblea General de las Naciones Unidas al presentar un informe sobre la presencia de grupos ilegales en Colombia, que hacen presencia en Venezuela con el pleno consentimiento de Nicolás Maduro, ilustrado con fotos falsas, no le hayan servido al primer mandatario para entender que se debe revisar cada documento que le presentan sus ministros, porque  casos como estos, en los que se demuestra que o se están ocultando verdades o se le está mintiendo al país, se siguen presentando y por cuenta de esto, el jefe de Estado está quedando con la imagen de ser un dirigente débil, que no gobierno ni a su propio equipo de trabajo.

Esto no es asunto de comunicaciones como lo aseguran algunos, es un tema de rigor en la labor que se ejecuta, de revisar los documentos e informes y verificarlos hasta que no quepa la menor duda de que su contenido es veraz.

La caída de la Ley de Financiamiento, lo mismo que de las objeciones a la Justicia Especial para la Paz y la más reciente, es decir, la del ministro de Defensa, prueban que algo anda mal en el Gobierno Duque y que este necesita replantear su esquema de trabajo, lo mismo que el liderazgo del presidente en su equipo que le acompaña, porque como van las cosas, va a terminar con la imagen de haber sido un mandatario que fue buen funcionario en el BID,  un excelente asesor de Horacio Serpa en el Partido Liberal y de Juan Manuel Santos en la Fundación Buen Gobierno y buen senador de la oposición,  pero con una débil autoridad como jefe de Estado.

@sevillanoscar

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