Yo si tengo memoria

Rafael Fonseca Zárate

La memoria selectiva no es memoria. Es polarización, militancia de uno de los dos extremos y una expresión clara de la radicalización. La memoria selectiva y parcializada, es peor que no tener memoria porque su objetivo es intentar confundir a los jóvenes debido a que no vivieron la historia. Un insulto a su inteligencia y una bofetada al debido respeto con las nuevas generaciones solo porque aún les parecen imberbes y manipulables.

Los activistas uribistas han publicado una y otra vez que ellos si tienen memoria, para indicar que no se les olvida que la guerrilla fue asesina despiadada con masacres, fuera de los secuestros, las torturas, el reclutamiento de menores, el sometimiento de mujeres, los abortos forzados y el dominio de los territorios por el miedo de la población. Y no les falta razón. Así es. Las guerrillas, entre ellas principalmente las FARC, fueron un agente de muerte muy activo en los últimos 60 años. Pero no las que más muertes dejaron.

El conflicto armado en Colombia ha dejado en la tristeza profunda a las familias de esas 262,000 víctimas y las venas rotas de todo el país (información tomada de la infografía de statista con datos del Centro de memoria histórica desde 1958 a 2018, incluyendo combatientes que representaron tan solo el 18% de las muertes violentas: el resto, ¡82% fueron de población civil!).

Los paracos (paramilitares), con el mayor número: 95,000 asesinatos.

Los guerrillos (guerrilleros) 37,000.

Otros grupos armados de hampones que aterrorizan los campos: 28,000.

Tampoco se nos puede olvidar que agentes del Estado han sido también protagonistas de asesinatos: 9,800.

Y grupos “pos-desmovilización”: 5,000 (la limpieza ideológica que están llevando a cabo ante la mirada impávida de la mayoría de los colombianos, algunos por complacencia y la mayoría por impotencia).

Ya que todos los victimarios han sido asesinos y sanguinarios terribles, no se puede afirmar que se tiene memoria cuando solo se hace referencia a una parte de la historia. Entre otras cosas, ni siquiera de la mayor parte.

Hace tiempo perdimos la capacidad de asombro y se nos gastó la de horrorizamos. En cualquier país en paz se tendría muy claro: cualquier muerte violenta es terrible. Ni se diga las masacres permanentes que tenemos.

La publicación reiterada del “yo si tengo memoria” tiene por objeto asociar una parte de los asesinatos con toda la izquierda, lo que equivaldría a asociar todos los asesinatos de los paramilitares con el uribismo. Si no se quiere lo segundo es torpe hacer lo primero. Quien siembra odios cosecha violencias, por eso estamos reventados de lo uno y de lo otro en los extremos.

Ahora los petristas están dedicados a desprestigiar a Fajardo con su historia, esperanzados en que sacarlo del rin les dejará el paso libre con el centro, lo cual no tienen de modo alguno asegurado. Es paradójico, porque aún sin entrar a evaluar las verdades de sus ataques, nuevamente, el que tiene rabo de paja no se debe acercar a la candela. En un duelo de historias terribles seguro que saldrían perdiendo. Hay que recordarles que el centro está lejos de ser tibio: es la mayor parte del espectro político, que no encuentra entre los discursos de los caudillos de turno una verdadera identificación con lo que debería solucionarse en el país ni con su garantía de honestidad, y ante esa desgracia al final le ha tocado votar por el menos malo. Esto es una amenaza real para los extremos, porque deben saber que esa masa insatisfecha, que elige, se irá por una mejor apuesta que emerja en su propio campo, no de sus partidarios polarizados.

Yo si tengo memoria, clara y exhaustiva, y recuerdo permanentemente que no es fácil que alguien que luche por estar o mantenerse en el poder en Colombia tenga una historia limpia y meritoria. Pero mi memoria alcanza para no dejar por fuera lo importante además de la violencia y sus cruentas consecuencias: las tristes condiciones de vida de la mayoría de los colombianos y las pocas soluciones a la vista, que se reflejan en la desigualdad, la pobreza, la corrupción enorme y generalizada, nuestra falta de competitividad frente al mundo, todo lo que nos mantiene en estado de desesperanza. Solo quien realmente quiere a su patria tiene memoria integral, y a partir de ella busca poner su grano de arena para las complejas soluciones necesarias, sin polarizaciones, idealizaciones de salvadores supremos, ni ningún tipo de dogmatismos.

@refonsecaz – Consultor en competitividad