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¿Por qué China es tan importante hoy día?

Por: Pío García* - Columnista invitado
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Pío García

Las instituciones son extensiones de la vida; son la continuación de la interacción social a otro nivel. Ellas representan no solo los impulsos de la contienda humana sino su reverso, la cooperación, sin la cual los homínidos no hubieran podido traspasar la forma de vida de las bestias.

En el escenario internacional, las organizaciones multilaterales han llegado a ser los mecanismos idóneos para transar las opiniones diversas y los intereses de las sociedades en favor de una globalización viable, que garantice la continuidad de la vida en el planeta Tierra con la preservación de la especie humana sobre ella.

Estas relaciones mundializadas por efecto de la globalización constituyen el sistema internacional, que tiene las mismas características de los seres complejos. En ellos, la información de entrada– input – es procesada y da un resultado – outpu t– que se revierte para intervenir de nuevo en el proceso. Es el operativo retroalimentador –feedback–. Mientras mayores son los inputs de sus componentes, más se enriquece el sistema y más precisos son sus resultados. A menores relaciones de los diversos elementos más magros son los resultados tanto para estos como para el sistema. Y cuanto más se margina el componente, más rápido entra en la fase de decadencia o entropía.

La forma como las actuales administraciones de China y Estados Unidos interpretan y actúan en el sistema internacional son aclaratorias al respecto. Tomemos como muestra de ello los discursos de ambos mandatarios en la reciente Asamblea General de la ONU. El estadounidense se empeñó en hacer denuncias ante el mundo de los problemas que le está causando a su gente el rumbo de la globalización. Sus cuatro primeras quejas involucraron a los migrantes y a los refugiados, para anunciar que no se acercaran a Estados Unidos, porque serían devueltos a sus países. Luego denunció las reglas del comercio internacional y abogó por una obsoleta autarquía: “El futuro no es de los globalistas. Es de los patriotas. El futuro es de las naciones soberanas e independientes”. Desde ahí conectó su alocución con dos de sus obsesiones: China e Irán, países a los que pretende hacer marchar al son de sus tuits.

La otra perspectiva la ofreció Xi Jinping, el presidente chino. Su principal mensaje tuvo que ver con la necesidad de la cooperación internacional de “ganancia compartida y (para) crear una comunidad de destino común”. Esa premisa la vinculó con la importancia de ampliar y robustecer la ONU y todas las instancias multilaterales que representan “los valores comunes de la humanidad”. Planteó, luego, la importancia de soportar la institucionalidad multilateral en las estructuras regionales, mediante programas de integración y asociación regional. Remarcó, asimismo, el reto que tiene la humanidad de instaurar la ecocivilización, de la cual depende su futuro.

El contraste de la comprensión del sistema internacional y las medidas para actuar en él, son manifiestos. De un lado, se halla esa posición arrogante que camufla en una trama de victimización las arbitrariedades de una potencia que ha impuesto su poder hegemónico en cuanto lugar le ha sido posible. No le fue suficiente su derrota en Cuba o Vietnam; por el contrario, incentivó al país a desplegar sus fuerzas armadas por el orbe, a más

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de someter a regiones completas como América Latina y el Caribe a sus intereses particulares. Si bien Estados Unidos fue un pilar en la construcción de la ONU, la Unesco y la OMC, entre otras entidades multilaterales, hoy por hoy, es uno de sus claros adversarios.

La interpretación china del sistema internacional ahora es distinta de la que sostuvo en otros tiempos. En los años sesenta del siglo pasado, en el furor maoísta, ese país mantuvo muchos recelos frente a un posible orden internacional. No obstante, con el paso de los años, China llevó a cabo profundas reformas internas, se abrió al exterior y se reconcilió con el sistema internacional, del cual es ahora un baluarte. Gracias a ese impulso, el sistema se dinamiza, gana energía –neguentropía– y contrarresta las fuerzas disolutivas o entrópicas.

Por el hecho de que China no asumía el paquete completo de liberalismo económico y político ‘euro-estadounidense’, George Bush Jr. dijo alguna vez que ese país “iba en contra de la historia”. Apreciado el proceder de ambos países desde el horizonte del sistema internacional contemporáneo, es evidente que, en la medida en que China se integra al mundo y procura robustecer el orden multilateral, más vigor ganan tanto el país como el sistema global. Al contrario, el aislamiento de Estados Unidos incide en el sistema internacional, pero, más que eso, acelera la entropía de la propia potencia estadounidense.

Cabe dar un par de ejemplos que ilustran la situación. En 2015, después de varios años de negociaciones, se logró el acuerdo para detener los ensayos nucleares de Irán. Fue un resultado multilateral por parte del Consejo de Seguridad y Alemania. Tres años después, de manera caprichosa, el señor Trump retiró a Estados Unidos del tratado. Ello creó conmoción, pero ninguno de los seis países restantes lo acompañó, porque respetan los compromisos multilaterales. Algo similar sucede con su decisión de trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén. Lo hizo, pero la inmensa mayoría de los Estados se abstienen de romper el acuerdo multilateral que le confiere un estatus internacional a esa ciudad y no la reconoce como la capital del Estado israelí.

Los anteriores ejemplos ponen de relieve la capacidad de retroalimentación del sistema internacional que le permite su continuidad. Un orden internacional basado en el multilateralismo ofrece ventajas a todo el mundo, porque da la posibilidad de representar la complejidad y satisfacer los intereses de todos. Lo contrario es, o bien la anarquía que sería la ley de la selva, en donde todos luchan contra todos, o ese rebaño universal, donde los países tendrían que someterse a la voluntad despótica de un solo pastor. Es claro que quienes suscriben estas últimas opciones no solo marchan en contravía de la historia, sino que aceleran su propia entropía; por el contrario, quienes se aferran a los compromisos colectivos y fortalecen el multilateralismo, son quienes en verdad avanzan con la historia.

pio.garcia@uexternado.edu.co


*Docente-Investigador. Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. Universidad Externado de Colombia.

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