Orinoquía… a soñarla despierta

Por: Camilo Santos Arévalo*


Camilo-Santos-ArevaloLa FAO (Food and Agricultural Organization) agencia de la Organización de las Naciones Unidas, encargada de articular los esfuerzos internacionales para vencer el hambre y mejorar las economías locales ayudando a sus países miembros a modernizar y mejorar las prácticas agrícolas, forestales y pesqueras; mencionó y referenció, hace varios años, a la región de la Orinoquía colombiana como uno de los siete territorios, a nivel mundial, que según esta agencia, cuentan con la capacidad de proyectarse como una potencia agropecuaria y ser la dispensa de alimentos, para la creciente población mundial.

En Colombia se engrana este anuncio con uno de los compromisos de las conversaciones de paz en la Habana, que planteó la necesidad de definir una frontera agrícola, una “cancha de juego” que, a partir de información técnica, asociada a la aptitud de nuestro territorio a los cultivos, permita la consolidación de un apolítica pública que promueva esa llamada potencia agropecuaria.  Fue la UPRA (Unidad de Planificación Rural Agropecuaria) la agencia encargada de esta labor.  La UPRA se define como: “…un referente, a escala nacional para orientar la formulación de política pública y focalizar la gestión e inversiones del sector agropecuario y de desarrollo rural. Además, promover el uso eficiente del suelo rural agropecuario, el ordenamiento productivo y social de la propiedad rural, y el fortalecimiento de la productividad y competitividad de las actividades agropecuarias. Asimismo, contribuir a estabilizar y disminuir la pérdida de ecosistemas de importancia ambiental…”

Hay muchos más elementos, que comentaré en otra oportunidad, que hacen de la Orinoquía un faro de investigación y un polo potencial de desarrollo, pero a la vez un paradigma aún por construir, y es allí donde se observa un creciente interés por propender en orientar la política e inversión público-privada. Muchas voces expertas, otras no tanto, que inciden en los procesos complejos de ordenación de este territorio, desde el orden Nacional hoy resalto intentos como el concebido CONPES para el Desarrollo Integral de la Orinoquía, seguido de una iniciativa como el Plan Maestro de la Orinoquía, ambos ejecutados desde el Departamento Nacional de Planeación (DNP), ejemplos que buscaron en su momento convertirse en cartas de navegación para los pioneros locales y soñadores inversionistas de ilusiones.

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Este volumen de información ha traído, no de mucho tiempo atrás, un elevado y grato interés de diversas ONGs de tipo ambiental (nacionales e internacionales), en conocer y construir más sobre los detalles técnicos, biológicos y ecosistémicos de la Orinoquía, y, de promover la transformación de procesos sociales y productivos, implementando sus propuestas, la mayoría apuntando a las buenas prácticas, y ejecutando estudios con los diferentes actores que ya hacen presencia pionera. El tiempo nos irá mostrando los efectos tangibles en el territorio, a partir de estas intervenciones.

De otro lado, aspectos de responsabilidad social de los diferentes sectores ya establecidos, que lideradas, en algunos casos, por procesos propios de certificación (nacionales e internacionales) o, por gremios y sectores organizados, han empezado a divulgar sus acciones, han entendido que Colombia mutó, y se hace cada vez más necesaria la interacción y comunicación con el entorno, de permitir un escrutinio social, que al percibir los aspectos positivos deberán convertirse en sus mejores aliados, o, los llamados a generar las alertas que promuevan los ajustes necesarios.

Como decían la abuelas, el papel, como elemento, tiene una resistencia y aguanta de todo, el territorio sensible y estratégico de la Orinoquía no, es un momento de liderazgos colectivos, no de ideas sesgadas, ni mucho menos intereses particulares, es la hora de consensos con criterio, con rigor científico, sin exagerar en sobre diagnósticos, que hagan que la población real de esta, que algunos llaman Colombia profunda, sigan en la dimensión de soñar e implementar su territorio, y que el mensaje sea claro para los futuros colonos, que no es el ejercicio de imponer sus ideas de desarrollo lo que se deba hacer. El punto medio es el reto, construido no desde un escritorio, debe ser desde las sabanas, morichales llanuras y paisajes de nuestra querida Orinoquía, esa desconocida por muchos de los lectores de estas líneas, y a quienes invito a apropiarse con la debida prudencia e información verás de su país, de este medio país que como lo dije, esta llamado, por los expertos internacionales la futura potencia agropecuaria del planeta, pero que requiere la prudente e inteligente tolerancia sostenible.

La continuidad y permanencia de las buenas ideas debe ser tarea de toda la región, la de buscar un liderazgo de gran escala que sea capaz de sensibilizar y movilizar el complejo entramado institucional, social, empresarial, que haga de este territorio la mejor y más viable apuesta de innovación, prosperidad y dignidad que a esta media Colombia le adeudan, y, que sea esta generación testiga viva de esas nuevas y ajustadas realidades.

*Ingeniero Agrónomo (Universidad EARTH-Costa Rica), Especialista en Gerencia Ambiental