Nuestro propio Capitolio

Biden se posesionó y deja una imagen irreal hace un año, una mezcla de tapabocas, el miedo ante un intento de insurrección, un enorme despliegue de seguridad y banderas que representan la presencia de ciudadanos.

Parecen casi lejanos los hechos del 6 de enero, día en el que manifestantes pro-Trump invadieron el Capitolio y dejaron 5 personas muertas, entre ellas, un policía. Se siguen conociendo testimonios de policías que estuvieron de servicio en ese caótico día.

No puedo evitar pensar qué pasaría si –nuevamente, recordar las elecciones de 1970- en Colombia un grupo de manifestantes, de izquierda o derecha, se tomaran las calles para protestas sobre los resultados electorales.

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Existen diferentes entre los hechos ocurridos acá y los del Capitolio, no fueron personas manifestándose contra proyectos políticos sino en contra de los resultados políticos como tal. Hasta donde se sabe la mayoría de manifestantes no iban armados, pero eso no deja de hacer peligrosa su intención de interferir en el sistema electoral.

El año pasado en Estados Unidos se presentaron las mayores protestas vistas en años recientes, el movimiento BlackLIvesMatter fue tema importante de las noticias mundiales, después de la muerte de George Floyd se conocieron otros casos de brutalidad policiaca y exceso de fuerza en ese país.

En esta parte del globo se siguen adelantando investigaciones de los hechos del 9 de septiembre, en lo que a veces parece más propaganda de parte de los medios y el gobierno que avances reales sobre las investigaciones, todo inició con la indignación por el asesinato de Javier Ordóñez a manos de uniformados, eso generó una ola de manifestaciones en los que resultaron en la muerte de 10 manifestantes. También el recuerdo de otras muertes y heridos que ocurrieron durante marchas anteriores ha hecho pensar que nada ha cambiado.

El exceso de fuerza se ha dado en los diferentes periodos presidenciales, pero estos casos han aumentado en el actual –y eterno- gobierno. A causa de esos excesos se ha tenido que empezar a dar marcha a protocolos de atención.

Qué tanto debe pasar para entender que las marchas pacíficas son una expresión de descontento social, cada vez desde sectores políticos se quiere hacer pensar que las marchas es una muestra de ignorancia, querer atacar con las instituciones, un ataque a la democracia y actos de vándalos y guerrilleros.

Esta semana, se le han imputado cargos a varios policías que estarían relacionado con la muerte de manifestantes en las protestas del 9S, sorprendentemente La Fiscalía lleva el caso, hasta el momento los casos no han pasado a la Justicia Penal Militar, de cierta forma, esto es una buena noticia, las sanciones en ese organismo son más blandas y comprensivas, pero todavía esa justicia puede tomar el caso.

Por otra parte, qué tan confiable es que casos como estos sean investigados por una institución bajo el mando de Francisco Barbosa, amigo y excompañero de universidad de Duque, eso en esta ocasión también hace a la Fiscalía muy amiga del gobierno. Hablar en contra de las fuerzas públicas parece un pecado digno del destierro y de abandonar el derecho a la seguridad y cualquier otro.