Columnista invitado, Opinión

Nadie pregunta por el que no tiene rostro

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Opinión de Javier Morales Cifuentes, columnista invitado


Javier-Morales
Javier Morales

Sí, Estados Unidos no se cansa de demostrar su poder, pero a veces fallamos en descifrar de dónde viene, y es porque no alcanzará la vida de generaciones de personas para preguntarse todo lo que los sucesivos gobiernos de ese país han ocultado.

En Colombia hemos vivido sus efectos de manera aparentemente tangencial a lo largo de la historia, pero lo cierto es que han sido determinantes en todos los momentos claves de nuestra historia, basta mencionar el Bogotazo, Marquetalia y el Caguán para hacerse una idea. Colombia en ese sentido siempre ha asumido el rol de perrito faldero, un primo pobre que sueña con que le caiga algo del poder del gobierno del norte. Por eso producen risa las palabras recientes del señor Duque tratando de defender la soberanía nacional frente a los supuestos ataques del gobierno gringo. El primer chiste es llamarlos ataques y por ahí derecho las carcajadas ya ruedan en picada.

El embajador Whitaker hace apenas un par de semanas estuvo en boca de todos por querer influir en la decisión que varios representantes a la Cámara y la Corte Constitucional pudieran tomar con respecto a las objeciones de Duque a la ley estatutaria de la JEP. Que la gente se sorprenda es gracioso, escuchar cómo defienden estas acciones del embajador también mata de risa, porque se dice como si se tratara de algo nuevo, como si estuviéramos ante una cosa que nadie ha visto; por supuesto que Estados Unidos tiene intereses y los defiende, pero que no vengan a decir que es normal que un embajador ande buscando espacios privados para tratar de poner una situación política y jurídica de nuestro país a su favor, y que nada pase. Alivia saber que hay hoy políticos en el Congreso que fueron capaces de no prestarse a ese juego; aterra imaginarse cuántas cosas de este estilo han ido pasando bajo la mesa en todos estos años de “estrecha relación” con los estadounidenses. Aterra.

Y, como en todo, en esto tampoco podemos sentirnos especiales, el mundo entero ha padecido los efectos de las perpetuas injerencias políticas de los gringos en decisiones de múltiples países, muchos con guerras de por medio. Buena parte de esas injerencias y de esas movidas secretas por el poder que tanto trasnochan al Pentágono y a la Casa Blanca, se han dado a conocer gracias a un hombre cuyo futuro hoy es incierto: Julian Assange. Lo que WikiLeaks le permite a este mundo secuestrado por el monopolio del poder, a través del monopolio de la información, es una posibilidad de equilibrar la balanza, que de por sí hace mucho está rota.

A raíz de esta captura de Assange en Londres, luego de una irresponsable decisión de Lenin Moreno, WikiLeaks liberó una base de datos con múltiples documentos de comunicaciones diplomáticas estadounidenses con otros países; allí apareció un cable con el título “Fajardo Dispels Idea of a United Front Among Independents and Spells Out Campaign Platform” (“Fajardo disipa la idea de un frente unido entre independientes y explica la plataforma de su campaña”). Se trata nada menos que de una conversación clasificada de funcionarios del gobierno gringo con el entonces alcalde de Medellín, Sergio Fajardo. La comunicación, fechada el 6 de junio de 2009, está dividida en 4 partes con un total de 7 puntos, y firmada con el apellido “Brownfield”, lo que claramente indica que el cable fue transmitido por el exembajador de EE.UU., activo durante casi todo el segundo periodo presidencial de Uribe, el señor William Brownfield. Aunque para muchos la información del cable es una revelación del verdadero pensar y sentir de Sergio Fajardo frente a una figura como la de Uribe por decir que no pensaba hacer una alianza en contra del entonces presidente, lo cierto es que, en rigor, no se dice nada que no se supiera hasta el día de hoy: Fajardo no es ni será nunca un fehaciente contradictor político del uribismo, apenas alcanzará a ser un contradictor de ideas.

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Lo que sí debería llamar la atención de todos es el hecho de que funcionarios gringos estén interesados en indagar sobre los alcances y las posturas de la campaña política de Fajardo en temas como las alianzas, la lucha contra las drogas y las Farc. ¿Por qué el gobierno estadounidense se siente con la necesidad de conocer estos detalles por parte de un aspirante a candidato a la presidencia? Porque aunque se trata de intereses típicos de la entraña de ese gobierno, es curioso el informante que escogen, más allá de que pudieran querer descartar una alzada de un movimiento “comunista” en el país.

Por eso en esta ecuación hay una parte que falta, y es que tanto en el cable de Fajardo como en la reunión de Whitaker hay otros intereses en común que quedan al margen, en la sombra. ¿Por qué la primera inquietud de los gringos con respecto a Fajardo es su posición frente a Uribe? ¿Por qué en el Consejo de Seguridad del pasado viernes 12 de abril, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Jonathan Cohen, expresó su respaldo a la Jurisdicción Especial para la Paz y pidió que se promulgue pronto la ley estatutaria, cuando el embajador ante Colombia expresa todo lo contrario y busca espacios privados para favorecer una importante bandera política del uribismo?

Solo queda pensar que en esas preguntas se esconde un tercer interesado, alguien que por lo visto tiene relaciones muy cercanas con alguna esfera del gobierno gringo, alguien que cada vez que puede ha movido los hilos para obtener alguna información o situación que lo favorece. El asunto es que, en estos casos, nadie pregunta por el que no tiene rostro.

Twitter: @Alternoso

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