Entre la cuarentena y el secuestro

Por: Alfonso Santos Montero*


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Al escribir esta nota no pretendo, ni hacer una comparación, ni menos tratar de calificar cuál es peor, porque mejor en ningún caso se puede considerar, lo hago desde la situación personal que me tocó vivir, pues fui víctima del secuestro por parte de las Farc por espacio de casi dos años y ahora me tocó estar sometido a la cuarentena, en ambos casos lo primero que concluyó es que tanto en el uno como en el otro está de por medio “la vida”.

Se dice que en Colombia no existe la pena de muerte y así lo aseguran los más eminentes juristas y se rasgan las vestiduras tratando de sostener y demostrar esa figura jurídica, pero resulta que la realidad de nuestro país nos lleva a tener que aceptar que así no esté en los códigos la pena de muerte está instaurada en Colombia hace más de cincuenta años, nadie puede negar esa terrible y omniminiosa lo realidad, “el secuestro es una condena de muerte”, unos individuos dotados de un armamento similar al usado por nuestras fuerzas militares y a veces mejor, le llegan de sorpresa, lo someten sin explicación alguna y menos sin ningún juicio y lo obligan a seguir con ellos sin saber porqué, ni para donde va y menos por cuanto tiempo será.

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Desde ese momento ya está sentenciado porque ya la muerte lo acecha, bien por una enfermedad que requiera atención médica inmediata, por todos los riesgos que en lo profundo de la selva tiene así sea por la mordedura de una culebra que abundan por todo lado y de todas las variedades o por otras tantas especies de animales e insectos que lo rodean dentro de ellos el pito, muy frecuente que genera la leishmaniasis, difícil de curar porque requiere un tratamiento especial y nada fácil de conseguir, menos en lo profundo de la selva. Pero el mayor riesgo que tiene su vida es estar en medio de un conflicto armado que sin ser actor del mismo está en el fuego cruzado y la confrontación con las fuerzas armadas en cualquier momento se puede presentar porque tanto el ejército como la guerrilla están permanentemente en esa guerra y uno de secuestrado, sin dotación y menos sin ninguna pericia ni preparación para esas confrontaciones se constituye en la primera víctima. Son muchos más los análisis que puedo hacer que demuestran que efectivamente el secuestro es una pena de muerte, pero por ahora dejémoslo ahí para otro artículo y más bien ahora comentaré algunos aspectos que en esas condiciones en algo le alivian su supervivencia, en primer lugar el tema ambiental, no hay contaminación del aire, que delicia, no hay contaminación visual solo lo rodea la naturaleza , la biodiversidad por demás exuberante y llena de atracciones y sorprendente, no hay contaminación auditiva, solo se escucha a la naturaleza en todas sus manifestaciones tan especiales y cautivantes que a uno no solo lo sorprenden sino también lo cautivan, no hay contaminación del agua, solo encuentra manantiales llenos de toda una variedad increíble de peces de múltiples colores y formas en medio de esas aguas cristalinas, en fin eso sin duda le mitiga a uno la incertidumbre y la nostalgia y eso me lleva a explicarme porqué los guerrilleros han podido sostener un conflicto de esta magnitud por tantos años, allí en medio de esa naturaleza cualquiera se conserva y lo vemos en los casos como el de Tirofijo o el de Jacobo Arenas máximos jefes de esa guerrilla que murieron de viejos y no en una confrontación armada.

En otro artículo me gustaría comentar mis vivencias en el tema de la comida que es un tema por demás interesante y que muy poca gente o nadie conoce ni tiene idea de todo lo que allí se tiene. Ahora me corresponde entrar en el tema de la cuarentena y el aislamiento total, sin fusiles ni intimidación pero si con amenazas y sanciones con el argumento de proteger la salud y la vida no solo personal sino también de toda la comunidad, lo maximo que puedo hacer es mirar por la ventana siempre el mismo panorama un tanto desolado y entristecido e intimidado porque la muerte nos acecha y ese enemigo de lo único que sabemos es dónde vino, pero aún no se tiene certeza si fue creado o desarrollado por aquellos científicos, pero lo más grave, no se sabe si se permitió su propagación intencionalmente y por descuido en sus laboratorios, de cualquier modo igualmente grave, nos obligó a autosecuestrarnos y entrar en el pánico e incertidumbre, nos llegó de sorpresa como los secuestradores y ahora no tenemos ninguna certeza si esto se controlará, en qué tiempo, ni de qué manera recuperaremos nuestra actividad normal, solo tenemos a cada momento y por todos los medios las escenas llenas de dolor y porque no decir de horror por los muertos que no tienen siquiera la oportunidad de ser tratados como seres humanos y por el contrario son llevados o inclusive abandonados sus cadáveres en las calles y enterrados en fosas comunes porque de no ser así constituyen un grave riesgo de contagio, estas escenas solo reviven las grandes tragedias de la humanidad, bien ocasionadas por las guerras o las diferentes pandemias que ha vivido la humanidad.

Frente a este panorama uno no sabe que es preferible en medio de la tragedia que ambos casos generan sí estar en medio de la naturaleza en todo su esplendor o estar frente a las escenas conmovedoras de horror y de dolor.

San-Juan-Rioseco
Municipio de San Juan de Rioseco, donde ocurrió el secuestro el 28 de diciembre de 1996.

 

*Columnista invitado